“La
obra evangélica en Misión Nueva Pompeya”
Esta es la
historia de Eliseo y Susana Sayago,
quienes junto a sus tres hijos, están
predicando en el monte chaqueño en comunidades
aborígenes wichís.
Compartimos
algo de su sacrificio, su fe, sus luchas
Sus testimonios y su sueño de ver una
obra floreciente
 |
Pastor
Eliseo Sayago |
El
“impenetrable chaqueño” es la selva
mas inhóspita de Argentina. Se encuentra
al noroeste de la Provincia de Chaco,
y es una extensa región de bosque nativo
de más de 4.000.000 de hectáreas, con
árboles leñosos y abundantes arbustos
espinosos. Quizá sea la zona más atrasada
de Argentina, con una fuerte presencia
de comunidades aborígenes, de aproximadamente
35.000 tobas y wichís. Allí también
está llegando el mensaje del evangelio
a través de diferentes iglesias, entre
ellas las de la familia del Movimiento.
Misión Nueva Pompeya es un pueblo que
no aparece en el mapa, y que se encuentra
a doscientos km por caminos de tierra
al Norte de la ciudad más cercana, Juan
José Castelli. Desde hace más de tres
años están predicando el evangelio en
ese lugar nuestros hermanos Eliseo y
Susana Sayago, junto a sus tres pequeños
hijos. Esta es su historia:
-¿Cómo
está compuesta tu familia y cómo llevan
adelante la obra del Señor?
Estamos
hace tres años y medio en misión Nueva
Pompeya, en el impenetrable chaqueño.
Fuimos a continuar una obra que ya estaba
fundada hace unos veinte años. No ha
sido fácil y hasta el momento es una
escuela bastante difícil, ya el Señor
nos había anticipado que iba a ser una
obra difícil, con malos fundamentos,
muy vapuleada, muy luchada. Allí estamos
trabajando con mi esposa Susana, y con
mis tres hijos, Gabriela Rebeca (7),
Melina Abigail (4), y Jeremías (3) Este
último nació allí, en misión Nueva Pompeya.
-¿De
qué manera Dios te llevó a ese lugar?
Bueno,
nosotros fuimos allí porque el pastor
Samuel Laborde un día llamó a la casa
de mi hermano Enrique, (Pastor en Tintina),
preguntando si había un obrero disponible
para enviar a Nueva Pompeya, porque
ese lugar había quedado sin Pastor.
Nosotros éramos colaboradores de la
iglesia en Tintina, y teníamos un anexo
a 40 km, en un pueblo llamado Amamá.
Allí estábamos haciendo la obra junto
a mi esposa y cuando suena el teléfono,
mi hermano le dice “..Sí,
tenemos un matrimonio que puede ir..”
Y cuando allí se mencionó Nueva Pompeya
mi
corazón comenzó a sentir el llamado.
Eramos dos matrimonios en Tintina que
estábamos dispuestos a salir a Brasil
y el Pastor nos dijo: “..vamos
a orar..”. Esto fue en Diciembre
de 2001, y mi hermano estuvo orando
todo el año. Llego la convención de
Hebrón 2002, y al regresar, el pastor
nos llevó a Nueva Pompeya. Esa fue la
primera vez. A todo esto Dios nos había
confirmado que ese era el lugar, sentimos
la confirmación, la cual se acrecentó
con el tiempo. De pronto vivíamos cosas
lindas y malas también, y sentíamos
que eso ya lo habíamos vivido ¿En dónde?
A través de sueños que Dios usaba para
revelarnos las cosas que pasarían.
-¿Que
es el “impenetrable” chaqueño y en qué
parte están ustedes?
Le
dicen el impenetrable porque tiempo
atrás no había caminos para llegar a
esa región. Ahora hay caminos transitables,
aunque no son rutas asfaltadas, son
caminos de tierra. El problema es cuando
llueve, nadie puede transitarlos porque
la tierra es muy mala. El impenetrable
se encuentra en el bosque chaco formoseño,
estamos a unos 30 km del límite con
Formosa y la ciudad mas cercana está
a 200 Km de caminos de tierra de distancia,
y es Juan José Castelli (la última ciudad
del norte chaqueño). No es fácil el
trabajo en ese lugar, la mayoría son
aborígenes wichí, el 70% mas o menos
de la población está compuesta por aborígenes
y nosotros estamos trabajando con la
parte criolla, a la vez apoyando a los
que trabajan en medio de los wichís.
Todos sabemos que los indios se han
caracterizado por la idolatría, el paganismo,
la hechicería y la brujería. Por ende,
las tierras todavía están contaminadas
por esas maldiciones. Además, son tierras
maldecidas por la conquista del criollo
hace cien años atrás, cuando los generales
de esa época perseguían a los aborígenes,
y por eso se inmolaban los líderes aborígenes,
tanto caciques como brujos, maldiciendo
la tierra.
-¿Cómo
es una semana de trabajo? ¿Qué días
tienen los cultos?
Tenemos
actividades casi todas las noches, el
día Domingo el culto general, escuela
bíblica por la tarde, por la mañana
un devocional y a la noche reunión general.
Los lunes tenemos oración en la noche,
el Martes reunión general, el miércoles
oración en la iglesia y en diferentes
casas de familia, el Jueves volvemos
a la iglesia central con cultos de doctrina
y predicación de la palabra, el viernes
salimos a las casas de hermanos a orar
y el sábado salimos a los parajes. Hacemos
escuelita en Pozo de los Uri, (paraje
a 15 km de Nueva Pompeya) y en el paraje
La Unión, (también a unos 15 km).
-¿Cómo
llegás a esos lugares?
Vamos
en bicicleta, y a veces un hermano que
está muy comprometido con la obra nos
presta una camioneta que está bastante
vieja. Quizás tragando un poco de tierra
nos metemos en medio del monte pero
lo hacemos por la gran necesidad de
llevar a la gente una palabra de aliento
y esperanza. Esa gente es muy sufrida.
Es gente que por allí tiene riquezas
materiales pero no sabe disfrutarlas.
Tal vez a causa de su cultura, que está
mezclada con la cultura aborigen de
tener y no disfrutar. Entonces el trabajo
nuestro es presentar a Cristo y tratar
de cambiar su mentalidad, que disfruten
de lo que tienen. Esperan que los hombres
de la política les acerquen algo cuando
tiene allí los animales y no los quieren
matar. Nosotros estamos tratando de
cambiar esa mentalidad, algunos de ellos
ya se preocupan por hacer sus casas
de material, porque vivían en ranchos.
-
El mensaje del evangelio está cambiando
su forma de vivir...
Exactamente,
creemos por la Palabra que tiene que
ser así. Ese es nuestro trabajo. No
es fácil, pero Dios nos sostiene. Hay
hermanos que han aprendido a dar sus
diezmos y si no alcanza trabajamos con
nuestras propias manos para sostenernos…
-
¿Cómo es el tema sobre un comedor infantil,
y un merendero a futuro?
Tenemos
un proyecto que apunta a paliar la necesidad
y la indigencia que hay. Hay niños que
solamente comen en el comedor de la
escuela, y cuando no van a clase no
tienen que comer. Entonces, la idea
es levantar un comedor comunitario,
que ya está a la altura del techo. La
cocina la tenemos techada, faltaría
la parte del comedor, que ya está con
ventanas y puertas. Por la gracia de
Dios los domingos en la Escuela Bíblica
se les da la merienda a los chicos.
Mi esposa junto a otra hermana se han
puesto en la ardua tarea de hacer manualidades
para vender y comprar así la leche,
porque todavía no tenemos la ayuda de
nadie. Por eso, este proyecto planea
conseguir alguna clase de ayuda. Si
alguno quiere visitarnos tiene que llegar
por Resistencia, Saénz Peña, Castelli
y
luego llegar a Nueva Pompeya.
-
Contános alguna experiencia de fe o
algún testimonio que has tenido en estos
tres años…
Hemos
tenido gracias al Señor varias experiencias.
Cuando empezamos a ir a los parajes
encontramos un hombre llamado Efraín
que estaba mal de salud, y aunque había
visitado a curanderos y médicos no podía
caminar. Los hermanos de la iglesia
lo encontraron sin poder caminar ni
enderezarse. Era un hombre que había
sufrido mucho, un campesino que necesitaba
cabalgar para atender a sus animales
y no encontraba la solución. Entonces,
le presentaron a Cristo, y comenzó a
verse una recuperación. Cuando comenzamos
a visitarlo en persona vimos que estaba
torcido hacia un lado, y su cuerpo en
forma una “U”, pero Dios lo sanó. Nosotros
siempre le decimos que Jesús lo sanó
y que no se olvide de eso. Que no fue
el curandero ni los médicos, sino el
Todopoderoso. Porque el mal que tenía
era espiritual.
En
otra oportunidad un joven recién convertido
sufrió un accidente, se le cayó una
bolsa de cal viva en la cara, el muchacho
se llama Alberto. El estaba descargando
bolsas de cal viva de un camión y cuando
recibe una bolsa, se rompe y le entra
cal en un ojo. Todos se asustaron en
ese momento, y nadie sabía que hacer,
pero en vez de lavarse, el la dejó pasar.
Más tarde lo llevaron al hospital y
los médicos le lavaron el ojo, pero
ya había perdido la visión. El médico
le dijo “..vamos a esperar unos días a ver
qué pasa..”, lo vendaron y le
dijeron que debía estar a la sombra.
Justamente, la madre de este muchacho
había comenzado a asistir a la iglesia
unos días antes. Llegado el momento
fuimos a su casa, oramos por este jovencito
y le dije: “..por
fe mañana vas a levantarte sano..”
Y el se acostó. A eso de las tres de
la madrugada, lo llama al padre y le
dice. “..Padre venga, sáqueme la venda, me parece
que yo veo..” El padre le sacó
la venda con un poco de temor, y al
hacerlo comprobaron que el
ya estaba sano.
Por
Lidia y Daniel García mcym@sigueme.net