Todos
tenemos una familia espiritual
Nadie
debe enorgullecerse de su apellido, pero tampoco debe
avergonzarse del mismo, porque eso significaría avergonzarse
o desestimar a sus padres y a su propia familia. Todos
tenemos un nombre, pero también tenemos un apellido
para nuestra identidad personal. Lo mismo sucede en
cuanto a las iglesias, denominaciones o distintas familias
espirituales. Todos tenemos un nombre común: Cristianos,
pero tenemos diferentes apellidos. Unos son cristianos
bautistas; otros, cristianos pentecostales;
otros cristianos metodistas o presbiterianos, etc. Esto
es para identificación eclesiástica de acuerdo a las
diferentes características doctrinales de esos grupos
y existirá hasta que Dios disponga de otra manera.
No
podemos ignorar o resistir esto porque es una realidad.
No podemos violentar este orden, que en ninguna manera
es el mejor plan de Dios para su iglesia, sino la mezcla
de lo humano entre lo divino en el pueblo del Señor.
Mucho o casi todo es el fruto del sectarismo, que divide
y separa a la hermandad en distintas organizaciones,
pero tampoco podemos hacernos tan enemigos e intolerantes
a esto, ya que Dios, aunque no lo aprueba, lo permite
hasta ahora o hasta que venga LO MEJOR que él
está preparando.
Entre
tanto, y hasta que otra cosa no suceda de parte del
Señor, tenemos que sujetarnos dócilmente a este orden
humano (permitido por el Señor) y ser honestos, fieles
y sinceros en cuanto a nuestra identidad eclesiástica
se refiere. Ya sea por razón de las autoridades que
nos gobiernan, que requieren esta identidad por razones
de buen orden y administración religiosa, o para definirnos
honestamente ante la hermandad y demás familias que
componen la iglesia del Señor.
La
hermandad tiene derecho a requerir de nosotros un clara
identificación en cuánto a nuestra verdadera posición
doctrinal dentro de una determinada familia. No podemos
evadir la respuesta y la responsabilidad a ello, para
que haya una línea clara de entendimiento y confianza
mutua.
Tenemos
que ser leales
Creo que tenemos que ser bien leales y sinceros
para con la familia o agrupación espiritual a la cual
pertenecemos. Si alguno es cristiano bautista, séalo
sinceramente y de todo corazón; lo mismo si es pentecostal
o de cualquier otro grupo por haber nacido en él y porque
Dios lo ha guiado allí. No sea desleal con su propia
familia. No se cambie de redil en redil por cualquier
“problemita”. Sea firme en sus convicciones. Si pertenece
a una familia espiritual, séalo de todo corazón. No
a medias, sino íntegramente. Otra cosa es abominable
y repulsiva, ante los ojos de Dios y de los hombres.
Sea sincero, leal y honesto eclesiásticamente,
sujetándose en todo a su grupo. No se cambie de iglesia
“como de camisa”. No seamos «...niños fluctuantes,
llevados por
doquiera de todo viento
de doctrina...» (1) Si se cambia de iglesia
hágalo por una verdadera convicción de Dios, con mucho
temor y oración y esté bien seguro de ello. De lo contrario
va a desarrollar un carácter de “veleta espiritual”.
Si se mueve de su iglesia esté bien seguro que es el
Señor que lo mueve. No quisiéramos tener en nuestro
medio (pienso que nadie lo desearía así), hermanos u
obreros que salen de sus congregaciones por cualquier
cosa, ya sea por peleas entre hermanos, por rebeldía
a sus pastores o por cualquier otro motivo mezquino
y carnal.
Tenemos
que ser definidos
Creo que en estas cosas tenemos que ser definidos.
No andar enorgulleciéndonos o poner como bandera nuestros
nombres denominacionales,
pero tampoco ocultar por pretendida santidad nuestra
verdadera identidad o avergonzarnos de nuestro apellido
espiritual, ya que pertenecemos a una determinada familia
y debemos sentirnos cómodos, contentos y agradecidos
a Dios por ello. Esto es muy provechoso para nosotros
o para los demás miembros que componen la familia. Si
alguno está de mala voluntad es un gran impedimento
para los demás. El o ella no son felices y ponen el
mismo espíritu en sus hermanos, contagiando a los demás
su descontento y disconformidad.
No queremos hijos ingratos o rebeldes dentro
de nuestra familia. Tampoco queremos que nadie se enorgullezca
de un nombre o haga de ello motivo de sectarismo y separación
con los demás. No queremos ningún “ista”
en nuestro medio, pero tampoco a alguien que niegue
o tenga vergüenza de su apellido o verdadera identidad
espiritual.
Tenemos
que identificarnos
Creo que algunos, por orgullo personal, no quieren
identificarse del todo con ningún grupo. Sencillamente,
porque no quieren sujetarse. Quieren ser de algún grupo
o familia pero no del todo. Siempre dejan alguna puerta
abierta para tener “sus propias libertades o ideas”.
No quieren atarse del todo. Quieren siempre andar “noviando”
con los distintos grupos sin llegar al “casamiento”,
porque, aunque no lo manifiesten, desean formar su “pequeño
reino”, el reino de su propio YO, de su propia sabiduría
o convicciones. No encajan bien en la familia por estar
hinchados, llenos de suficiencia propia, de espíritu
de independencia, de envanecimiento personal. Son como
aquellos ladrillos medio grandotes que no encajan bien
en la pared y no quieren ser canteados para calzar en
su verdadero lugar. Por eso no quieren identificarse
del todo. Sin embargo, algún día tendrán que hacerlo
para su propio bien y el de la obra del Señor. No se
puede tener dos apellidos al mismo tiempo. Ha llegado
el tiempo de las definiciones. Dios exige como nunca
antes: Sinceridad, lealtad e integridad en todo. Amén.
Referencia bíblica: (1)
Efesios 4:14.