Portada
Reseña histórica
Declaración de Fe
Visión y principios
Sermones
Agenda
Convenciones
Iglesias
Testimonios

 

 

Día del trabajo.  Por el Pastor Carlos Cabrera

Jesús, un ejemplo de dedicación

Este mensaje lo vamos a titular “Día de trabajo” ¡Que problema! ¡Los haraganes no quieren saber nada con este mensaje! Justamente eso es lo que anda buscando mucha gente hoy ¿verdad?, es una preocupación del gobierno, de los sindicalistas, de los políticos. Todos tratan de solucionar los problemas de trabajo. Todo el mundo quiere tener trabajo, y la Biblia también habla de eso, y a eso nos vamos a referir. Leamos en el evangelio de San Lucas: «...En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles; a Simón, a quién también llamó Pedro, a Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Simón llamado Zelote, Judas hermano de Jacobo,  y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor...» (1)

Jesús fue el trabajador por excelencia que ocupó su vida entera en servir a la humanidad. En el pasaje que leímos, encontramos a Jesús toda una noche orando a Dios. Cuando todo el mundo dormía, Jesús «...pasó la noche orando a Dios...» El era un trabajador ocupado las veinticuatro horas del día, aún de noche trabajaba, y su ocupación era orar a Dios. En lugar de estar descansando, él oraba a Dios y cuando llegaba el día, seguía ocupado y su tarea consistía en atender a las personas que encontraba a su paso, ayudándolas en todo lo que necesitaban. Su dedicación a Dios y a los hombres le demandaba las veinticuatro horas del día. Estaba todo el tiempo dedicado a servir a Dios y a los hombres.

Jesús es el ejemplo de un hombre trabajador. No de un trabajador de ocho horas, ni de doce horas, ni de un período de horas extras, sino de un hombre ocupado, totalmente dedicado a la obra de Dios. Este es el modelo que nos enseña a servir a Dios. Este es el modelo de trabajador para los que estamos en el camino del Señor. En esto consiste la obra de Dios. Servir al Señor en primer lugar y luego a los hombres.

Jesús era un hombre que pasaba muchas noches orando y buscando las directivas y la guía de Dios, pero también buscando la fuerza, la capacidad y el poder que necesitaba para que cuando llegaran las primeras horas del día y se enfrentara con la necesidad de la gente, pudiera hacer lo correcto, pudiera cumplir la voluntad de Dios, porque Jesús era un hombre igual a nosotros y necesitaba la guía y la ayuda de Dios el Padre como cualquiera de nosotros la necesitamos.

En Jesús tenemos un ejemplo de dedicación. El dijo: «...Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar...» (2) y la obra mas importante que tenía que hacer era sacrificar su vida en este mundo por el bien de los hombres, era venir a buscar y a salvar lo que se había perdido, era dar su vida en rescate por nosotros para darnos salvación y vida eterna, era entregarse a morir en una cruz, era derramar hasta la última gota de su sangre y morir en expiación para perdonar nuestros pecados, para limpiarnos y para cubrirnos, para conseguirnos la justificación de parte de Dios y librarnos de la sentencia de juicio que había contra nosotros por causa del pecado. Él trabajó por el bien de la humanidad, dio su vida para salvarnos, no podemos dudar, tenemos que aceptar el beneficio de esa sangre preciosa, que fue derramada para liberarnos de todo poder del mal y de la condenación eterna y pasarnos a una vida en armonía con Dios, con nosotros mismos y con nuestro prójimo. ¡Gracias Señor, por la obra de la cruz!

 

El diseño de Dios para el discipulado

Si continuamos leyendo en San Lucas, entramos a considerar la manera o el sistema de Jesús para hacer el trabajo. El versículo trece dice: «...y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles...»

Después que él oró a Dios toda la noche en el monte, entendió lo que tenía que hacer. Entendió el diseño, la visión, y el sistema de parte de Dios. ¡Que importante es tener un sistema de trabajo! ¡Que importante es que la iglesia  tenga un método y una forma de trabajar! Jesús tuvo su sistema, y yo quiero que sea él quien nos enseñe su sistema de trabajo. No queremos como iglesia usar otro tipo de sistema para hacer la obra de Dios, sino que como pueblo de Dios queremos seguir la guía de Cristo, queremos hacer la obra de Dios como él nos enseña en su palabra.

En el monte oró toda una noche y Dios le dio el diseño: Tenía que escoger, seleccionar, y apartar a un grupo de doce hombres, y llamarlos a dejar todo, a renunciar a todo, y a vivir entregados como él estaba entregado. ¿De qué manera estaba entregado Jesús a la obra de Dios? ¿Solo ocho horas?, ¡NO! ¡Todo el tiempo! ¡Todo el día! ¡Toda la noche! ¡Jesús trabajaba todo el tiempo haciendo la obra de Dios! Sin duda que tendría sus tiempos de descanso porque esa es la ley del cuerpo, pero Jesús estaba tan intensamente dedicado a la obra que era capaz de renunciar a ese descanso para buscar y entender la voluntad de Dios para su ministerio, y la voluntad de Dios era que tenía que seleccionar y apartar a doce hombres de los que estaban recibiendo su mensaje y llamarlos a dedicar sus vidas totalmente a la obra de Dios.

Allí empezó con la lista que conocemos: Simón, Andrés, Jacobo, Juan, y otros, un número de doce que conformaron el grupo de los llamados a dedicar sus vidas completamente a la obra de Dios. Y sabemos que lo hicieron, que renunciaron a sí mismos, a su vida, a su voluntad, a su egoísmo, a sus pensamientos, a sus planes, a sus proyectos, a sus trabajos, a sus casas, a sus posesiones, renunciaron a todo, fueron a vivir con Jesús y dedicaron todo su tiempo a Dios y a su obra. ¡Eso era necesario también! Y el motivo de vivir con Jesús era que la vida del Maestro debía ser reflejada y traspasada a ellos, para que aprendan a ser como Jesús y a ministrar como él. No había mejor forma de aprender de Jesús, que viviendo con él. Por esa razón Dios mandó a Cristo a llamar a los doce.

 

El "factor práctico" del discipulado

La multiplicación de la iglesia consistió en ese principio, en ese sistema de Jesús, la multiplicación de la iglesia fue el resultado del discipulado, y nosotros entendemos al discipulado como una escuela bíblica, como un seminario, como un colegio de instrucción donde el “factor práctico” es el más importante. Muchos piensan que lo más importante es estudiar, saber y conocer, pero nosotros hemos entendido y aprendido que es mucho más importante moldear el carácter, formar la personalidad, y eso solamente se logra “en la escuela de la vida”.

Sin duda que cada uno de esos hombres tenía su carácter. Había dos hermanos a quien Jesús los llamó “hijos del trueno”, porque seguramente tenían un genio violento, un carácter explosivo, por cualquier cosa levantaban la voz, se enojaban fácilmente, pero después uno de ellos cambió su carácter y fue Juan el amado, quien se recostó en el pecho de Jesús tiernamente. En vez de una persona dura como la roca, Jesús lo hizo tierno como un corderito. Jesús puede cambiar el carácter de cualquiera que vive con él, aunque haya sido una persona ruda, agresiva y violenta, Jesús la cambia, la hace nueva, distinta, por eso dice la Biblia: «...De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas...» (3) La palabra “criatura” nos habla de creación. Dios puede crear en nosotros un nuevo carácter, para que no sigamos siendo los mismos. Bastante falta nos hace ¿verdad? ¿cuántos dicen que sí?.

Así comenzó el trabajo de Jesús, llamó a los doce para que estuviesen con él. Para hacer la obra de Dios hacen falta obreros, hacen falta personas que estén completamente dedicadas a la obra para atenderla y ocuparse de ella, (no hay obra sin obrero, lo importante es el obrero), por eso insisto con el ejemplo de Jesús: dedicación completa, empeño, inversión de su vida, ¿Porqué Jesús hizo que estos doce hombres se dedicaran íntegramente a la obra como él? porque quería sacar réplicas de su personalidad. Por eso los trajo a vivir con él.

Ese es el sistema que Dios le enseñó a la familia del Movimiento Cristiano y Misionero. Antes practicábamos el principio que cuando alguien sentía vocación de servir a Dios, iba en busca de un instituto bíblico para cursar algunos estudios teológicos para después salir con un gran diploma, pero también con un gran ego y un gran orgullo, porque allí aprendió a desarrollar las capacidades de su intelecto pero no fue tratado en su carácter, siguió siendo tan orgulloso como antes, tan soberbio, tan rebelde, tan desobediente, tan malhumorado como antes, porque su carácter no fue formado para obedecer. Estudió nada más, pero no aprendió a vivir como Dios quiere, porque la lección de la obediencia no se aprende leyendo un libro. La lección de la obediencia se aprende en la práctica, y el discipulado de Jesús, es la escuela de la obediencia. El discipulado es la “Universidad de Dios”. Los primeros doce discípulos aprendieron a servir a Dios en la práctica cotidiana.

Y este no fue solamente el sistema de Jesús, podemos tomar ejemplos en la Biblia de hombres como Eliseo que era servidor de Elías, ¿En que sentido le servía?, en el práctico, en el sentido cotidiano, y esa es la escuela que trata nuestro carácter, nuestra personalidad; porque hacer lo que no nos gusta rompe nuestro egocentrismo y nuestra soberbia, y nos ayuda a ser personas tiernas, dóciles y humildes, que es lo que Dios quiere. Aquí tenemos el ejemplo de los discípulos de Jesús, que empezaron como alumnos pero llegaron a ser maestros como Jesús. Empezaron como discípulos pero luego fueron llamados apóstoles, y entre la palabras discípulo y apóstol hay un proceso donde aprendemos a obedecer y a hacer la voluntad de Dios humildemente.

Este es el secreto de multiplicación que practicamos en el Movimiento. Creemos en el discipulado como el factor fundamental de la multiplicación de obreros, y esto funciona así: Cuando alguien de la congregación siente el llamado de Dios a dedicar su vida a tiempo completo a Dios y a su obra, es entonces que habla con los pastores, confiesa con su boca su llamamiento y su deseo de dedicar su vida a Dios las 24 horas, y entonces, como pastores que somos, le hacemos reflexionar en el costo de esa decisión, diciéndole: “...¿Cuánto ganabas antes?, ¿Mil dólares? ¿Sabés cuánto vas a ganar ahora?, NADA, acá no vas a ganar nada. ¿Antes que hacías? ¿Vivías bien?, ACA VAS A MORIR...” 

Pareciera que esto no conviene a la carne, (a nuestra humanidad), pero sí le conviene al espíritu, «...Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna...» (4) Cuando alguien siente el llamado de Dios, no es que tiene que oír una voz del cielo como trueno que le dice: “..fulano, anda a trabajar..” no, un llamado de Dios es aquel cuyo corazón arde con el fuego de una pasión por Dios y por la gente. Es la persona que dice: “..si Cristo pudo cambiarme a mí, va a poder cambiar a otro, por eso yo deseo que sean salvos y dedico mi vida a esto...Quiero tener la satisfacción y el gozo que en el libro de Dios haya muchas personas escritas para salvación por causa de que yo las gané para Cristo..”

Esta es la clase de personas que entra al discipulado para cursar los tres años correspondientes, para ser formados, instruidos y enseñados. Cursan los tres niveles del SICAM que es la parte teológica, y luego tienen un tiempo de prueba en una obra, y si dan buen testimonio y todo está normal, son presentados a las autoridades del presbiterio internacional, (hombres de Dios de trayectoria, testimonio y ministerio reconocido) ellos les imponen las manos, y los ordenan como pastores. Después de eso se produce lo que llamamos “multiplicación”, porque esos discípulos ya entrenados abren una iglesia local y comienzan a formar nuevos discípulos.

 

Hoy es el “día de trabajo”

Leyendo los evangelios podemos notar cómo Jesús se ocupó más de los doce que de las multitudes, porque en las manos de esos doce estaba la continuidad del trabajo que Jesús había comenzado, por eso dedicó gran parte de su tiempo en enseñarles, en instruirlos, en estar con ellos, en pasar tiempo con ellos para que luego pudieran seguir la obra que tenían que realizar en su día de trabajo, y el DIA DE TRABAJO que los discípulos vivieron y el que hoy estamos viviendo es aquel del cual habla el apóstol Pablo: «...He aquí el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación...» (5) y esto no es solamente un día de 24 horas, sino un período de tiempo que la Biblia llama «...día de salvación...».

El calendario de Dios indica a nuestro tiempo como el «...día de salvación...» y en este DIA DE TRABAJO actual una iglesia local por grande que sea, no puede atender ella sola la urgente necesidad de este mundo. Por eso, en cada iglesia debe practicarse la multiplicación de obreros y de obras. ¡No tenemos que quedarnos con una congregación solamente! ¡Tenemos que formar a través del discipulado nuevas congregaciones!, como ésta y mas grandes que ésta, porque eso es lo que Dios quiere hacer en este «...día de salvación...» Jesús nos enseñó eso, él fue el primero que llamó y preparó a sus discípulos a los cuales también llamó apóstoles. 

La iglesia debe ser como una fábrica que produce obreros para abrir nuevas obras en otros lugares. Si hacemos un repaso de lo que sucedió en la iglesia de Las Flores, recuerdo que con mi esposa sentimos que teníamos que comenzar a implementar este tipo de trabajo, sentimos el deseo de abrir nuestra casa para que vengan a vivir con nosotros aquellos que tenían el llamado de Dios a dedicar su vida a tiempo completo y a prepararse en forma intensiva para el ministerio. Recuerdo, por ejemplo a nuestro primer discípulo, Héctor Viera, (hoy es pastor de la iglesia de General Belgrano, y tiene discípulos en su casa).

Tuvimos la alegría de ver como un hijo espiritual nacido en una campaña evangelística, comenzó a congregarse, a servir al Señor y a aprender de Dios. Sintió el llamado, renunció a todo, y entró al discipulado, se casó y ahora con su esposa son pastores legítimamente ordenados. Después vinieron otros: Enrique y Claudia, (pastores en la ciudad de Roque Pérez), Mariel que está en la ciudad de San Vicente, José Fuchila, que junto a su esposa está de pastor en la ciudad de Goiania en Brasil.

 

El ejemplo de mis pastores

Algunos dicen: ¿Cómo puede ser eso que los discípulos están en la casa del pastor y le conocen todo? Con este sistema los pastores no podemos esconder nada pues tenemos que convivir. O somos transparentes, o somos nada, porque no seremos un pastor al que conocen solamente el domingo a la noche detrás del púlpito, no, somos conocidos en nuestro diario vivir. Los discípulos saben como somos y como vivimos. Con este sistema tenemos que andar en la luz sí o sí. El sistema del discipulado nos exige una vida donde no hay privacidad.

Recuerdo que cuando estuve en el discipulado en la Iglesia de Buenos Aires, me asombró la vida de mi pastor, el hermano Celcio Contreras y su Esposa Margarita. Vivíamos en la iglesia que estaba a tres cuadras de Plaza Constitución y en todo el edificio los pastores habían conseguido hacer rincones para albergar a los discípulos a tiempo completo que se estaban preparando para el ministerio. Recuerdo que las mujeres solteras estaban en un entrepiso, y todas tenían “chichones” en la cabeza porque el lugar era tan bajito, que las columnas del techo les pegaban en la cabeza, y nosotros los varones, junto con Armando Solís (hoy pastor en Campana), Roberto Fernández (pastor de Bragado) y otros más, teníamos que pasar por el centro del departamento para llegar a nuestros dormitorios. Recuerdo que la hermana Margarita no era dueña de estar un día en su camisón, porque nosotros (muchachos grandotes) teníamos que estar entrando y saliendo. Yo pensaba: “..¡Que sacrificio hacen por mí!..”

Disculpen, pero siempre que hablo de mis pastores me conmueve su vida, su ejemplo, su testimonio. Lo que me quebranta el corazón es que nosotros siendo grandes, que fuimos para que nos enseñaran a ser siervos de Dios, rompíamos en mil pedazos su vida privada. Nos tuvieron en su casa, nos dieron su confianza y amor, siendo personas muy importantes nos abrieron su casa y su corazón y nos enseñaron solamente por amor, para que un día yo pudiera estar aquí delante de ustedes predicando la Palabra de Dios.

 

Discípulos fieles hasta la muerte

El sueño de todo pastor que recibe discípulos en su casa, no es que terminen como Judas el traidor, sino que terminen como los otros once, sirviendo al Señor en el ministerio y multiplicándose en otras vidas. Gracias a Dios que de los doce que llamó, once fueron fieles, solamente uno falló, Judas Iscariote, a quién la Biblia lo definió literalmente: “el traidor”, ¿Cómo definir con otras palabras a un traidor? ¿engañador? ¿falso? ¿mentiroso? ¿usurpador? ¿hipócrita?

¡Gracias a Dios que solamente fue uno! Esto nos ayuda en la fe a los que somos formadores de vidas, ¿Sabés porqué? porque al ver a éste que aparece en la lista de los doce como el traidor, pensamos: “..si a Jesús le falló uno, ¿Cómo no me va a fallar también a mi alguno?..” porque en algunos lugares encontré pastores que no querían tener más discípulos en su casa. Por algún discípulo que le pagó mal y le fue infiel, dijeron: “..no quiero saber mas nada con el discipulado..”, pero nosotros les animamos a seguir adelante con la visión, ¿A quién no le ha fallado alguno?, a Samuel Sórensen, al hermano Celcio, al hermano Alonso, al hermano Oscar, al pastor Cabrera, a todos alguno le ha fallado, pero ¿Acaso porque alguien falló tenemos que dejar de lado el diseño de Dios? ¡No! ¡Hay que seguir adelante! aunque a veces da ganas de cerrar la puerta, porque no es nada lindo sufrir la traición de personas a las cuales uno les ha dado todo.

¿Saben? Yo estuve cinco años en el discipulado, pero sin embargo luego de salir a la obra, junto con mi esposa Mercedes en los años siguientes procuramos continuar cerca de nuestros pastores, de seguirles, de aprender de ellos. De hecho, en los últimos años del pastor Celcio Contreras (uno de los fundadores del Movimiento) aprendí mas que en los cinco años que estuve viviendo en su casa, porque muchas veces abrí mi corazón y hablé con él a nivel pastoral.

Pero muchos de aquellos compañeros de discipulado que conocí, ocuparon el lugar de Judas. No supieron reconocer la actitud y el ejemplo de un hombre que dio su vida y su familia, por la tarea de formarnos a nosotros para el ministerio. ¡No supieron valorar! Yo me siento deudor hasta el día de hoy con mis pastores. Moral y espiritualmente, y me propuse: “..¡Juro serles fiel! pues me han dado todo sólo por amor. ¡Tengo que jugarme por ellos!..” y Dios nos ayudó por su gracia. Nuestro pastor partió con el Señor sabiendo que nos mantuvimos fieles, y eso debe ser una meta para todo aquel que es desafiado a servir a Dios, que es llamado a dedicar su vida en una entrega total a la obra del Señor, y no terminar como dice el versículo 16: «..y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor..»  Ninguno de nosotros estamos llamados a ocupar ese lugar, propongámonos ahora mismo llegar hasta el último día de nuestra vida siendo fieles, jugándonos enteros como nos enseña el Señor, dar la vida por la causa, sirviendo a Dios intensamente, entregando el todo por el todo a la obra del Señor.

Sin duda que hay más de uno en este momento que va a recibir el llamado de Dios para entregarse a su obra, porque hoy es el DIA DE TRABAJO. Hay gente necesitada y hambrienta por todos lados, el mundo se pierde. Dios está llamando obreros para su obra, para que vengan al discipulado, para que vengan a la escuela de preparación en la casa pastoral y para que sean formados como futuros pastores. Dios está llamando vidas que él va a formar, y que luego serán aquellos que abrirán nuevas obras en distintos lugares. Esta iglesia ya tiene muchas iglesias en distintos lugares. Hoy vamos a orar para que Dios nos ayude en la multiplicación de obreros. Vamos a orar para que cada uno de los que vengan a esta casa, sea de cualquier parte del mundo, que venga enviado por Dios, seleccionado por él. Vamos a hacer una cadena de oración día y noche justamente por este principio. Que Dios traiga vidas para enviarlas a diferentes lugares para abrir nuevas obras, él nos va a ayudar. Amén.

                                                          

                                                           Pastor Carlos Cabrera

 

Referencias bíblicas: (1) San Lucas 6: 12 al 16. (2) San Juan 9:4. (3) 2º Corintios 5:17. (4) Gálatas 6:8. (5) 2º Corintios 6:2.

 

Movimiento Cristiano y Misionero - Todos los derechos reservados - Año 2002
Diseño: Sigueme, Multimedios Cristianos