LA GUIA DEL ESPIRITU
segunda parte
pastor
Orlando García
(La
Banda, Santiago del Estero, Agosto de 1999)
El Espíritu Santo preside
la Iglesia
Dice la Biblia
en el libro de los Hechos «...Había entonces en la iglesia
que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón
el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que
se había criado junto a Herodes el tetrarca, y Saulo. Ministrando
éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme
a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces,
habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los
despidieron...» (1). Si pensamos un poco
en este pasaje tenemos que reconocer: ¡Qué cuidadosos tenemos
que ser con las cosas de Dios! Los líderes de la iglesia
primitiva oraban, ayunaban y ministraban al Señor y de esa
manera buscaban la guía del Espíritu para enviar
a sus obreros. Oraban y ayunaban hasta tener la plena confirmación
de parte de Dios de los pasos a dar. Ellos oraron y ayunaron
hasta que: «...dijo
el Espíritu Santo...»
¡Qué enseñanza
para nosotros! Cuando se ora para enviar nuevos obreros
es porque ya el Espíritu los tiene señalados desde hace
mucho tiempo, y al orar no se lo hace por costumbre, sino
que se los confirma y respalda ministerialmente para que
vayan y hagan la obra del Señor, y (sin temor lo digo) para
hacer un desastre en el campo enemigo.
En la iglesia
comprada con la sangre de Jesucristo, el Espíritu Santo
es el que preside, el que ministra, el que gobierna,
el que llama, el que dirige y el que envía, y usa a hombres
con ministerios y llenos de su gracia y de su unción. El
Espíritu Santo se mueve a través de la iglesia que es el
cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, quien está sentado «...sobre todo principado y autoridad
y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no
sólo en este siglo, sino también en el venidero...» y tiene sometidas «...todas las cosas bajo
sus pies...» (2)
El Espíritu Santo preside
la obra misionera
El Espíritu
Santo envía y preside la obra misionera. El Espíritu Santo
maneja las cosas como el quiere. Pareciera que hubiera cosas
que no entendemos mucho y que desearíamos que no estuvieran
en la Biblia, sin embargo, es el perfecto equilibrio escritural.
Leemos en Hechos 16: «...Y
atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido
por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; y cuando
llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu
no se lo permitió. Y pasando junto a Misia, descendieron
a Troas. Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un
varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa
a Macedonia y ayúdanos. Cuando vio la visión, en seguida
procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios
nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio...» (3)
¡Qué tremendo
este pasaje! Pablo y Silas habían comenzado un viaje misionero
con toda la fuerza de Dios y querían predicar en Asia, pero
de repente dice la Biblia que: «...les
fue prohibido por el Espíritu Santo...» Parece algo contradictorio, pero el Espíritu Santo se lo prohibió.
Todos conocemos muy bien el profundo significado de la palabra
“Prohibido”. Cuando vamos por la calle y vemos un cartel
que dice PROHIBIDO PASAR, sabemos que si desobedecemos esa
ordenanza nos vamos a meter en problemas.
Y de pronto,
quisieron ir a otro lugar y pasó lo mismo. Esto parece muy
extraño, y si nos pasara a nosotros hasta diríamos: “..es el diablo que no nos deja
pasar..”, pero vemos a aquellos varones consultando
a Dios, buscando su guía. ¡En cuántas ocasiones salimos
y nos movemos caprichosamente! Cuántas veces decimos “..siento del Señor..” y tomamos la dirección que nos parece. Es fundamental remarcar
esto: En cada paso que vamos a dar, consultemos si tenemos
la aprobación de Dios en nuestros caminos. Por eso dice
el proverbio: «...no
seas sabio en tu propia opinión...» Gracias
a Dios que el mismo Espíritu que guió a Israel en el desierto,
que guió a los apóstoles en el Nuevo Testamento, es el que
nos puede guiar en este tiempo. Recuerde esta palabra: «...tomará de los mío y os lo
hará saber...»
Y el hecho de
orar continuamente por nuevos obreros demuestra que la obra
de Dios sigue su avance, que no se detiene a pesar de los
problemas y circunstancias difíciles, pero recordemos que
el Espíritu Santo es el que preside, porque nosotros podemos
equivocarnos. Por eso, que bueno es tener disposición del
corazón para oír la voz del Señor, para oír la voz de sus
siervos y para saber si lo que estamos haciendo es su voluntad.
¿Le estamos preguntando al Señor? Pablo y Silas no se equivocaron,
porque vivían en una plena consulta con Dios ¡Ayúdame Señor
a consultarte siempre! Los buenos reyes del Antiguo Testamento
no se movían sin consultar a Dios por medio de los profetas,
y en este tiempo, la iglesia del Señor no marcha con fuerza
humana ni en la voluntad de la carne, avanza a través de
la guía del Espíritu Santo. Amén.
¿Cómo puede
ser que Dios les prohibió? Estemos atentos, no todo lo que
a nosotros nos parece es lo que Dios quiere. Querido hermano,
hay muchas cosas que pueden parecernos buenas, pero dice
el proverbio: «...Hay
camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino
de muerte...» (4) ¡Líbranos Señor, de caminar en el parecer de nuestra mente!
No estamos para andar en los pensamientos y antojos de nuestro
corazón, estamos para caminar bajo la unción y la guía de
Dios. Amén.
La guía del Espíritu
y la persecución
Luego que apareció
en visión ese varón macedonio pidiendo ayuda, es entonces
que estos varones entendieron que ya no era el sentir caprichoso
de la carne y que estaban recibiendo claridad y dirección
de parte del Espíritu: «...en
seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto
que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio...»
De esta manera, viajaron a Macedonia y comenzaron a predicar
en la ciudad de Filipos, en donde nacería una gran iglesia.
Leemos en Hechos 16: «...Zarpando, pues, de Troas, vinimos con rumbo directo a Samotracia,
y el día siguiente a Neápolis; y de allí a Filipos, que
es la primera ciudad de la provincia de Macedonia, y una
colonia; y estuvimos en aquella ciudad algunos días. Y un
día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río,
donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos
a las mujeres que se habían reunido. Entonces una mujer
llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira,
que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón
de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.
Y cuando fue bautizada, y su familia, nos rogó diciendo:
Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi
casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos. Aconteció que mientas
íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha
que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia
a sus amos, adivinando. Esta, siguiendo a Pablo, y a nosotros,
daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios
Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación. Y
esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo,
éste se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre
de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma
hora. Pero viendo sus amos que había salido la esperanza
de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y los trajeron
al foro, ante las autoridades; y presentándolos a los magistrados,
dijeron: Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra
ciudad, y enseñan costumbres que no nos es lícito recibir
ni hacer, pues somos romanos. Y se agolpó el pueblo contra
ellos; y los magistrados, rasgándoles las ropas, ordenaron
azotarles con varas. Después de haberles azotado mucho,
los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los
guardase con seguridad. El cual, recibido este mandato,
los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los
pies en el cepo. Pero a medianoche, orando Pablo y Silas,
cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. Entonces
sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que
los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se
abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron.
Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas
de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando
que los presos habían huido. Mas Pablo clamó a gran voz,
diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí.
El entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando
se postró a los pies de Pablo y de Silas; y sacándolos,
les dijo: Señores, ¿que debo hacer para ser salvo? Ellos
dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú
y tu casa. Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos
los que estaban en su casa...» (5).
El ser enviados
por el Espíritu Santo no significa que no tendremos que
soportar ataques del infierno. Note que estos varones, después
de un buen comienzo en la obra, tuvieron que enfrentar una
gran tormenta. Fueron azotados y puestos en prisión, pero
no se pusieron a llorar ni pensaron en volver atrás; Porque
cuando un hombre está seguro que Dios le ha enviado tiene
paz en el corazón mas allá de las pruebas y enfrentamientos
con el diablo. Pablo y Silas sabían que estaban haciendo
la voluntad de Dios. ¿Estás haciendo la voluntad de Dios?
Los enfrentamientos con las tinieblas no te van a faltar
pero, ¡Dios peleará por ti! ¡Dios peleará por la iglesia!
¡Amén!
El ser enviados
por el Espíritu Santo no nos exime de librar batallas contra
las tinieblas. No nos exime de dificultades económicas,
de contratiempos, de tener que escuchar la voz del diablo
diciendo: “..pero como, ¿no te envió
Dios?..” “..¿no te respalda Dios?...” “..¿no ves que estas
perseguido y atribulado?..» ¿Qué pasaría con nosotros si fuéramos azotados
con varas como Pablo y Silas? ¿Seguiríamos adelante? Pablo
y Silas no pensaron en retroceder, sino que salieron de
esa cárcel en victoria y con gran poder. Por algo Pablo
dijo: «...atribulados en todo, mas no
angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos,
mas no desamparados; derribados pero no destruidos...» (6)
Estimado hermano, ¡Nada ni nadie puede quitarnos el llamamiento!
¡Nada ni nadie nos puede quitar la vocación!
Porque Dios está con sus siervos y con su pueblo como poderoso
gigante.
Estos varones
salieron de esa prueba victoriosos y Pablo escribe más adelante
a los hermanos de aquella iglesia: «...Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas
que me han sucedido, han redundado mas bien para el progreso
del evangelio, de tal manera que mis prisiones se han hecho
patentes en Cristo a todo el pretorio, y a todos los demás...» (7). Lo importante es que el evangelio progrese, que la iglesia
progrese y que podamos continuar la obra que Dios nos ha
encomendado, a pesar de las luchas y persecuciones.
La guía del Espíritu
y las tribulaciones
El apóstol Pablo
era un veterano en estas cosas, y a pesar de ser un hombre
llamado por Dios, y que durante toda su vida buscó la guía
del Espíritu, no estuvo exento de persecuciones y de grandes
tribulaciones. Para que no quede ninguna duda de esto vamos
a leer el libro de los Hechos 20: «...Enviando,
pues, desde Mileto a Efeso, hizo llamar a los ancianos de
la iglesia. Cuando vinieron a él, les dijo: Vosotros sabéis
cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde
el primer día que entré en Asia, sirviendo al Señor con
toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han
venido por las asechanzas de los judíos; y cómo nada que
fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente
y por las casas, testificando a judíos y a gentiles acerca
del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro
Señor Jesucristo. Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu,
voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer;
salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me
da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones.
Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida
para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y
el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio
del evangelio de la gracia de Dios. Y ahora, he aquí, yo
sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado
predicando el reino de Dios, verá mas mi rostro...» (8)
¿Quién se atrevería a decir algo así? ¡Qué importante es vivir
bien conectado con el Espíritu Santo! El apóstol Pablo tenía
un testimonio diario del Espíritu. «...el Espíritu Santo....me da
testimonio...» ¿Qué me esperan? «...prisiones
y tribulaciones...» ¡Cuanto nos agradan las
profecías que nos alientan! Pero si de pronto viene una
palabra profética anunciando luchas, problemas, tribulaciones
y dificultades, nos preguntamos: “..¿Esto
es de Dios?..” Querido consiervo, mas allá que Dios ha prometido
estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo,
éste es el camino de la cruz.
Quizás muchos estan pensando: “..¿Pero
esto es el llamamiento? Yo creí que llamamiento significaba
una gran prosperidad, una gran bendición, alcanzar grandes
cosas..” Todas esas cosas Dios
las puede dar, pero el verdadero llamamiento nos señala
una cruz. ¿Amén? ¡Nos señala la cruz de Cristo! El
verdadero llamamiento nos habla de negación y de renunciamiento.
Por eso dijo Jesús: «...Y
el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser
mi discípulo...» (9) Cuando Dios le habla a Ananías para que ore por Saulo
en Damasco, le dice: «...Vé, porque instrumento escogido
me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles,
y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré
cuánto le es necesario padecer por mi nombre...» (10)
Estimado consiervo, en el camino del ministerio habrá grandes
batallas, grandes luchas y aún persecuciones. No podemos
decir que todo será “un lecho de rosas”, o que todo irá
“viento en popa”, es verdad que con Cristo somos mas que
vencedores, que la victoria final es de la iglesia del Señor,
pero recuerde, el camino del evangelio no es “filosofía
barata”, el camino del evangelio es la realidad de tener
que pasar muchas veces por pruebas, luchas, tribulaciones
y angustias. Pablo decía «...el
Espíritu Santo....me da testimonio...» ¿de qué? “..me esperan problemas..” El mismo Jesús, cuando llegaba la última hora de su vida terrenal
«...afirmó su rostro para ir a Jerusalén...» (11) sabiendo que le esperaban muchos sufrimientos, sabiendo
que debía librar la batalla final, la batalla mas grande
y profunda de la historia: La cruz del calvario, donde iba
a morir el Justo por los injustos, el Santo por los pecadores,
donde la confrontación con las tinieblas sería tan decisiva,
tan tremenda, que Jesús llegó a exclamar: «...Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?...» (12).
Nuestro Señor alcanzó la victoria en la cruz, y cuando entregó
su espíritu pudo decir: «...Consumado es...» (13) pero tuvo que pasar esa hora tan difícil para cumplir
con la voluntad de Dios y levantar una iglesia vencedora
a la cual pertenecemos tu y yo. Estimado consiervo, tenemos
la seguridad que en medio de luchas y de pruebas Dios sostiene
a sus siervos, pero vuelvo a repetir: En los caminos del
Espíritu no estaremos exentos de tribulaciones y aún persecuciones.
Amén.
La guía del Espíritu
y el desaliento
Si miramos un
poco la historia de Elías, (una historia muy conocida) encontramos
a un gran hombre de Dios que en medio del desaliento pensó
que su carrera estaba terminada. Elías había tenido una
gran victoria en el monte Carmelo, había hecho descender
fuego del cielo, había degollado a los falsos profetas de
Baal, había orado y los cielos se habían abierto después
de tres años y medio sin llover; Pero de pronto, cuando
parecía que estaba la victoria total, se asomaron nuevamente
las oscuras nubes de la persecución diabólica a través de
Jezabel, y entonces, encontramos a este impresionante hombre
de Dios sentado en el desierto, angustiado, desanimado,
escapando y pensando que todo su ministerio había sido un
fracaso total, al punto de decir: «...Basta
ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que
mis padres...» (14)
Yo quiero decirle
a cada siervo y sierva del Señor, y a los jóvenes que están
sirviendo activamente en la obra, que más de una vez el
diablo querrá hacerte creer que tu trabajo ha sido en vano,
que él está triunfando sobre tu tarea y querrá sembrarte
el desánimo y el desaliento. Somos humanos, como lo fue
Elías, pero el Dios fiel, que estaba para alimentar a Elías
en el desierto, está aquí para darnos nuevas fuerzas. ¡Gloria
a Dios!
Dios no hizo
caso de las palabras de ese profeta que pensó que su ministerio
estaba terminado, sino que envió un ángel que comenzó a
alimentar, fortalecer y ministrar a Elías para que llegara
a Horeb, el monte de Dios, en donde recibiría las nuevas
directivas: «...vuélvete por tu camino....y
ungirás a Hazael por rey de Siria. A Jehú hijo de Nimsi
ungirás por rey de Israel; y a Eliseo...., ungirás para
que sea profeta en tu lugar...» (15) Elías pensó que su ministerio y su tiempo había terminado,
pero en el monte Horeb Dios le dio una nueva y gloriosa
renovación.
Tener la guía
del Espíritu Santo no significa que no vamos a tener que
enfrentar circunstancias desfavorables. Solo Dios sabe cuántos
siervos y siervas del Señor, cuántos predicadores, cuántos
discípulos están desalentados, porque pensaron que el llamamiento
era solo “contar glorias”. Hoy en día, hay muchos predicadores que sólo “cuentan glorias”
pero no hablan de los grandes enfrentamientos que tendremos
contra las tinieblas. De esos procesos que Dios permite
y que sin dudas van a dejar marcas en nuestro carácter,
(como los azotes que dejaron marcas en las espaldas de Pablo
y Silas), que van a templarnos, que van a modelarnos, que
nos van a llevar a la madurez, que nos van a llevar a nuevas
y mejores etapas en Dios. ¡Señor ayúdanos!
No te sientas
mal si otros vienen contando grandes victorias, porque si
eres fiel también las vas a contar, pero cuando vengan las
grandes batallas a tu vida no te olvides que el mismo Jesús
(nuestro perfecto modelo) fue guiado por el Espíritu en
el camino de la humillación y el quebrantamiento, que la
guía del Espíritu lo condujo al desierto, que la guía del
Espíritu lo condujo en el camino de la cruz, pero él no
se desalentó ni retrocedió un solo centímetro, sino que
fue a la cruz, y aún descendió hasta el mismo infierno para
quitarle las llaves al que tenía el imperio de la muerte.
¡Valió la pena el precio pagado por Jesús! Cuántas veces,
en el fragor de la batalla podemos confundirnos, y hasta
dudar de nuestro llamado, pero debemos entender que el llamamiento
no está sujeto a las circunstancias. El apóstol Pablo dijo:
«...Pero
de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para
mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio
que recibí del Señor Jesús...» (16).
Este es el punto
crucial del llamamiento. En la dirección que el Espíritu
Santo nos indique no van a faltar los enfrentamientos contra
las tinieblas, pero esto no quiere decir que Dios no está
con nosotros. No estamos para retroceder, porque «...no
somos de los que retroceden para perdición, sino de los
que tienen fe para preservación del alma...» (17). Estimado
consiervo, ¡Dios está con nosotros!, ¡Dios está con su iglesia!,
¡El que está con nosotros es mayor!, ¡No estamos para retroceder
en los caminos de Dios! sino que hemos sido puestos para
seguir los pasos de Cristo y para llegar al final de nuestra
carrera en victoria. Oremos unos por otros. Amén.
Pastor
Orlando García.
Referencias Bíblicas:
(1) Hechos 13: 1 y 2. (2) Efesios 1: 21 y
22. (3) Hechos 16: 6 al 10. (4) Proverbios 14: 12. (5) Hechos
16:11 al 32. (6) 2º Corintios 4: 8 y 9. (7) Filipenses 1:
12 y 13. (8) Hechos 20: 17 al 25. (9) San Lucas 14: 27.
(10) Hechos 9: 15 y 16. (11) San Lucas 9: 51. (12) San Marcos
15: 34. (13) San Juan 19: 30. (14) 1º Reyes 19: 4. (15)
1º Reyes 19: 15 y 16. (16) Hechos 20: 24. (17) Hebreos 10:
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