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El
caminar en el Espíritu.
Por
el Pastor Roberto Sorensen |
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La característica de la familia
Leyendo un tiempo atrás un librito sobre la historia
del Movimiento Pentecostal en Argentina, me llamó la
atención una frase que el autor ponía refiriéndose
al Movimiento Cristiano y Misionero, decía: “Una
de las características principales de esta familia
es el énfasis en la guía del Espíritu
Santo y las profecías”
Debo reconocer que esta expresión hizo impacto en mi
ser. Nacido y criado como soy en la familia del M.C y M desde
sus orígenes, siempre había oído y era
natural para mí como lo es para todos los que componemos
esta familia, buscar la guía del Señor en todas
las cosas, pero no supe que era una característica
nuestra, hasta que por circunstancias especiales, campañas,
etc, tuve que participar en muchas reuniones con pastores
de otras denominaciones. Tristemente me di cuenta que su lenguaje
era el de programas de acuerdo a posibilidades, y no ver que
decía el Espíritu Santo al respecto.
De la sorpresa y decepción pasé al análisis
de hechos y circunstancias. ¿Qué dio origen
a esta familia? ¿Cómo nació? ¿Cuál
ha sido el fuerte de esta familia? ¿Qué fue
lo que dio su rápido crecimiento especialmente en sus
primeros años?
Todo comenzó con un anhelo profundo de entrar en los
planes y propósitos de Dios. Recuerdo la expresión
de uno de los hombres de Dios que estuvo con nosotros al comienzo.
Habiendo trabajado arduamente y agotado todos los recursos
y sistemas de evangelismo aplicados hasta entonces por los
misioneros, y no habiendo visto resultados, se decía:
“¿Qué habrá que hacer? ¿Habrá
que buscar aún un sistema más? ¿Habrá
que mandarse a mudar a otro lugar y echarle la culpa al campo
que es duro? ó ¿Será que el Espíritu
Santo tiene un diseño especial para este momento y
este lugar, y lo que yo tengo que hacer es conectarme con
el cielo para saber cuál es ese diseño y dejarme
guiar por él?”
Los sistemas misioneros practicados hasta entonces (tiempos
del comienzo de esta obra), habían sido muy estrictos
en sus formas, y hay que ver que en muchas partes tuvieron
muy buenos resultados, pero ¿Qué había
que hacer cuando no se producían resultados? ¿La
predicación de Pablo en Atenas era la misma que Jesús
en Israel? ¿Hay algún antecedente en las escrituras
para saber cómo predicar el evangelio a una sociedad
que tiene metido hasta los tuétanos un cristianismo
aguachento y adulterado?
La era del Espíritu Santo
La inquietud comenzó a crecer. El ministerio del
Espíritu Santo no terminó en el último
capítulo del Libro de Los Hechos. Somos la iglesia
de Cristo. La era de la iglesia es la era del Espíritu
Santo. Dios dijo «...en los postreros días
derramaré...», Dios comenzó
un derramamiento masivo del Espíritu Santo a principios
del siglo. Muchos grupos Pentecostales lo identificaban
como “el sello” (Efesios 4:30), cuya misión
en exclusiva era prepararnos para el cielo. ¿Sería
esa toda la misión del Espíritu Santo?
Alguien preguntó en el pasado con genuina desesperación
y ansiedad. ¿Será que Dios puede y quiere
comunicarse con el hombre pecador? Y la respuesta llegó
a nuestros primeros padres y a muchos otros que en diferentes
partes del mundo estaban con este clamor, que no solamente
quiere y puede comunicarse, sino que con su fuerza desbordante
quiere llenar todo el ser, inundarlo, guiarlo, dirigirlo.
El Espíritu Santo no se conformó en ser una
herramienta de poder en manos de los Pentecostales. En estos
postreros días El descendió para asumir personalmente
la dirección para su iglesia a través de las
vidas, siervos, ministros, que se dejen gobernar por El.
Así comenzó esta familia. El Espíritu
Santo renovando verdades, plantando desafíos. Comenzaron
los primeros pasos, despacito y temblorosos primero, mas
fuertes y seguros después, como aquel niño
que está aprendiendo a caminar, comenzaba una nueva
era. La era del Espíritu Santo moviendo
a sus siervos y guiándolos de acuerdo a su santa
y divina voluntad. Ha pasado casi una generación
desde aquellos primeros pasos. ¿Cómo es la
situación hoy?
Buscando un nuevo encuentro con
Dios
La obra ha crecido. La fe en la guía del Espíritu
Santo y la práctica de las verdades refrescadas ha
dado resultados. Cientos de obras cubren el país,
y aún llegando a países vecinos. Hemos prosperado.
También otras obras evangélicas han crecido.
Hoy ser evangélico no es ser “bicho raro”,
programas de radio y televisión han ayudado a esto.
Grandes evangelistas han caminado el país haciendo
una buena tarea. El evangelio está creciendo en toda
América Latina. Y está creciendo tanto que
estamos frente a una nueva realidad, y muchos pastores van
a estar de acuerdo con lo que digo, a veces nos damos cuenta
que estamos trabajando en un terreno muy competitivo.
Personas con mucha imaginación o con buenos recursos,
montan atractivos programas con técnicas modernas,
con cosas que nosotros jamás soñamos. Atraen
a la gente, llenan cines, carpas, estadios, perdemos la
gente nueva y hasta algunos viejos. Nos quedan en el templo
asientos vacíos y un montón de signos de pregunta.
¿Qué está pasando? ¿Qué
es lo que anda mal? En la convención oímos
de cosas grandes que quiere hacer el Señor, cosas
hermosas, pero llego aquí...y la realidad es otra.
“..Tendré que inventar algo urgente..”
me confió un pastor (perdóneme dicho pastor)
Alguien me aconsejó: “..tenés que
salir de la orilla, alquílate un salón en
el centro y compráte un traje nuevo, vas a ver como
la gente te sigue..”, lo hice, ni el traje ni
el salón me sirvieron. Los demás cosecharon
y yo me quedé con las deudas. Creo que entre nosotros
más que con nadie se hace real esa expresión
de Pablo «..nuestra competencia proviene de
Dios..». Creo que si tratásemos de
imitar a otros, realmente nos cabría la reprensión
a los Gálatas «..¿Habiendo comenzado
por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?..»
(Gálatas 3:3).
Hermanos, si quisiéramos empezar a actuar con estrategias
y sistemas humanos para competir con los demás, tendríamos
que empezar todo de nuevo, tendríamos que ir a la
escuela y aprender, para no ser una imitación de
baja calidad de lo que hacen los demás, y tendríamos
que archivar como cosas inútiles y del pasado todas
las visiones y palabras que Dios ha hablado y aún
la esperanza del cumplimiento de ellas en nuestros corazones.
Pero yo creo que Dios nos ha dado una herencia rica. Que
somos el resultado de vidas que anhelaron más de
Dios, que desearon estar en el secreto de Dios y ser parte
activa de su plan eterno para esta última hora. Creo
que debemos poner de lado todo espíritu competitivo
que ande por allí suelto, y comencemos a anhelar
como nunca antes una palabra del Señor, un toque
del Señor, un encuentro con el Señor. Que
el Espíritu Santo pudiera entrar en nuestras vidas,
encendernos con su fuego e impulsarnos como nunca antes
hacia el cumplimiento de sus planes.
La conquista no ha terminado
Todavía hoy, el Espíritu Santo está
buscando vidas que se dejen impulsar por El. Vidas simples,
quizás desconocidas, quizás sin trayectoria,
que estarán dispuestas a oírle a El. Sí,
muchas veces se romperán moldes. En la Biblia no
vemos dos milagros iguales. Dios siempre es original, pero
necesitamos oírle a El. Lo que fue glorioso ayer,
no necesariamente tiene que ser glorioso hoy. Dios tiene
una palabra para el presente.
Hermanos, compañeros, tenemos una herencia rica,
marcada por hombres que se dejaron encender por el Espíritu
Santo. Que como antorchas ardieron, consumiéndose,
sí, pero encendiendo a muchos y conquistando para
Dios. La conquista no ha terminado. Todavía hay palabras
sobre Latinoamérica y el mundo. Todavía hay
una patria no redimida. Dejemos que el Espíritu Santo
nos encienda, nos guíe, nos impulse.
Termino con este testimonio. En un culto muy especial hace
unos días ví en una visión un mundo
encendido en llamas, y el Señor me dijo estas palabras:
“la iglesia no terminará derrotada
como algunos preconizan, sino en tremenda victoria, encendida
por el fuego del Espíritu Santo”.
Digo un gran Amén.
Pastor Roberto Sórensen
(Tomado con permiso de la Revista “Hoy”)