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La visión de Dios para la ciudad
Por el pastor Julio Flores - (La Banda, Santiago del Estero, año 1996)

En el momento y en el lugar correcto

Leemos la Palabra de Dios en el libro de los Hechos en el capítulo 16. «...Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se los permitió. Y pasando junto a Misia, descendieron a Troas. Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos. Cuando vió la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio. Zarpando, pues, de Troas, vinimos con rumbo directo a Samotracia, y el día siguiente a Neápolis; y de allí a Filipos, que es la primera ciudad de la provincia de Macedonia, y una colonia; y estuvimos en aquella ciudad algunos días...» (1)

Escudriñando la Palabra, Dios comenzó a hablar a mi corazón respecto a la visión y propósito que él tiene a través de todas las edades y en todas las épocas. El plan de Dios no envejece. Lo que está escrito no pasa de moda. La Biblia no tiene que ser renovada en su esencia. Es verdad que hay diferentes versiones. Algunas con ayudas para ubicarse en la parte histórica y geográfica, y así sucesivamente, pero la Palabra de Dios en su esencia, tal como ha sido escrita, es inalterable. El Señor mismo dijo: «...Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida...» (2) Sí, lógicamente, no se le tendrá por inocente.

Dice este pasaje que Pablo en su segundo viaje misionero, después de haber cumplido el primero y luego de una pausa, volvió al cumplimiento de la palabra del llamamiento en su vida. Y leemos que atravesando Frigia y la provincia de Galacia, «...les fue prohibido por el Espíritu hablar la Palabra en Asia...» ¿Qué quiere decir esta palabra? No es que nunca llegarían a esta región, sino que no era el tiempo de Dios para que se detuvieran. No era el momento. Era el tiempo de callar. (Le doy un consejo; Cuando es tiempo de callar, manténgase calladito nomás) Entonces ellos, obedientes al Espíritu Santo, siguieron su viaje y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia y el Espíritu «...no se los permitió...»

Es importante notar que esta palabra, «...no se los permitió...», no es igual que la prohibición. En ese primer momento el Espíritu le dijo NO VAYAS. ¿Y cómo se expresó el Señor?. Sin duda que con alguna palabra profética o con algún sentimiento que les hizo entender que les estaba prohibido pasar. Otro es el asunto cuando intentan ir a Misia o a Bitinia. La frase «...no se los permitió...» nos indica que vino alguna circunstancia, algún impedimento, algún estorbo que el Señor permitió para que ellos no pudieran ir. En el primer momento el Espíritu les prohibió pasar. Les dijo NO. Pero en la segunda oportunidad y cuando Pablo se disponía a ir, el Espíritu Santo de una forma soberana les impidió llegar, (Quizá por algún problema de salud, dificultades con el transporte, no sé...) pero el asunto es que les fue impedido por alguna circunstancia, y el apóstol Pablo en forma obediente permaneció calladito. Todo el ímpetu, todo el fuego, todo el celo de ese hombre de Dios, permaneció detenido un tiempo hasta que recibió la orden clara de parte del Señor. ¿Y de que manera llegó la directiva? «...se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón macedonio que estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos...»

Una visión clara para toda una región

Hermanos, Macedonia no era una ciudad. ¡Era toda una provincia! Y en ese momento se le presentó a Pablo la necesidad de toda una región que estaba compuesta por varias ciudades. En Macedonia estaba Filipos, Tesalónica, Berea, Apolonia, Anfípolis, y muchos otros pueblitos que fueron parte del itinerario que Pablo realizó en ese segundo viaje misionero. Todos conocemos este pasaje y sabemos que cuando Pablo vio la visión, enseguida procuró partir para Macedonia y llegó a la primera ciudad de esa provincia que se llamaba Filipos. Todos conocemos el desarrollo de la historia y cuáles fueron las consecuencias de la predicación del evangelio en ese lugar, pero a lo que voy es a esto: Querido consiervo, Pablo iba con una visión clara, con una directiva clara, con un propósito claro para una ciudad y para una comarca. Pablo iba con una visión clara y segura para una ciudad. Pablo sabía lo que tenía que hacer y tenía la directiva de Dios no sólo para esa ciudad sino para toda esa región.

En estos días yo me preguntaba como siervo de Dios: ¿Ya he realizado lo que Dios quiere que haga en la ciudad de San Salvador de Jujuy?, ¿He venido a esta ciudad con una visión clara de lo que Dios quiere hacer de acuerdo a su plan eterno? ¿Lo he realizado...? ¿O todavía estoy entretenido como alguien que no sabe que hacer ni a donde ir, que está dando vueltas sin llegar a hacer todavía lo que Dios quiere que sea hecho en esta ciudad? Porque cuando Dios llama a alguien y lo manda a un pueblo o ciudad, (o provincia o país), lo envía con un plan y un propósito para ese lugar. Pregunto, ¿Estamos sabiendo que es lo que Dios quiere para el lugar de nuestro llamamiento? ¿Estamos sabiendo porqué nos ha llevado o plantado en una ciudad? ¿Estamos haciendo de acuerdo a la visión de Dios? ¿Estamos haciendo de acuerdo al llamamiento de Dios?

Pablo llegó a esa ciudad y en seguida puso “manos a la obra”. Dios le estaba indicando lo que tenía que hacer y no había tiempo que perder. Queridos hermanos, cuando recibimos una palabra de Dios y está el testimonio de aquellos que están cerca, tenemos que actuar. Como dice este pasaje: «..enseguida procuramos..». Quiere decir que estaba el consenso del grupo. Lucas es el escritor de Los Hechos de los apóstoles y él está narrando esta historia bíblica en tercera persona..., pero preste atención, primero dice: «..se le mostró..» y luego dice: «..procuramos..», ¿Qué entiende usted por eso? Yo entiendo que Lucas formó parte de ese segundo viaje misionero liderado por el apóstol Pablo.

Primero él narró la historia en tercera persona: “fueron”, “salieron”, “le golpearon”, “le apedrearon”, pero aquí dijo: «..enseguida procuramos..» Lucas estuvo junto con Pablo en Filipos, y si leemos mas adelante (verso cuarenta) después que Pablo sufre la cárcel dice: «..Entonces, saliendo de la cárcel, entraron en casa de Lidia, y habiendo visto a los hermanos, los consolaron, y se fueron..» (3) Quiere decir que Lucas se quedó en Filipos para continuar con esa obra nueva que nació bajo una dura persecución. ¡Con razón la iglesia de Filipos llegó a ser la más hermosa! Una iglesia a la que no fue necesario corregir como a Corinto, o Galacia, o cómo a otras iglesias a las que hubo que enviar exhortaciones para corregirlas y enderezarlas. No. A la iglesia de Filipos Pablo le dice: «..hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía;..habéis revivido vuestro cuidado de mí..» (4) Lucas se queda allí para continuar respaldando y poniendo las bases en esta nueva iglesia fundada por este grupo selecto de siervos del Señor.

La genuina visión misionera

¡Qué grupo! ¡Qué valores!, Pablo, un siervo del Señor. Silas, un profeta del Señor. Timoteo, un discípulo en todo el sentido de la palabra. También estaba Lucas. Todos ellos hombres de Dios que iban con una certeza, con un testimonio de parte de Dios y con una profunda convicción: Dios nos ha traído a esta ciudad. Hombres de Dios que no fueron a pasear ni a conocer la ciudad turísticamente, sino que dijeron: «..dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el Evangelio..» ¡Bendito sea su nombre! Hombres de Dios que iban con la consigna de que ellos eran responsables delante de Dios de todo lo que allí suceda espiritualmente. Ellos eran los que tenían que canalizar la misericordia de Dios a toda esa gente de Filipos.

Tiempo atrás yo estaba compartiendo esto con la iglesia de Jujuy. Todos conocemos el desarrollo de esta historia, de cómo ese grupo de hombres fue anunciando la Palabra, llevando el mensaje del Señor, y por las cosas que sucedieron (azotes, persecución y cárcel), no se detuvieron mucho tiempo, sino que salieron y se fueron. Si leemos el capítulo diecisiete, vamos a encontrar cómo ese grupo misionero recorría las ciudades que mencioné recién. Anfípolis y Apolonia, en donde a causa del celo religioso de los judíos también sufrió persecución y cosas así. Desde allí es llevado a Berea y luego a Atenas.

Atenas era una ciudad culta, cuna de los filósofos griegos. Si usted ha leído el historial de esta ciudad, va a encontrar que los hombres mas insignes de la cultura griega salieron de allí. Pero a pesar de la cultura que ellos tenían, dice la Biblia que la ciudad estaba entregada a la idolatría, y el espíritu, el alma y el corazón de Pablo se enardecía, «..Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría..» (5) ¡Qué tremendo! ¡Qué idolatría! Cada ciudad tiene su particularidad. Cada ciudad está gobernada y dominada por principados que son una influencia para controlar su comportamiento, para inducirle al mal. ¿No le ha pasado que en algún momento se enardeció viendo alguna necesidad? ¿No le ha pasado que el Espíritu Santo le dió testimonio de la necesidad que hay en una determinada ciudad? Pablo se enardecía, pero no se quedó quieto. Inmediatamente se puso en marcha, y comenzó a hablar cada día la palabra del Señor. Oh hermano, ¿Cuál es la carga, el fervor, la presión del Espíritu Santo que tienes por tu ciudad?. Piensa un poco en la ciudad donde fuiste plantado, ¿Hay una carga sobre tu alma? ¿Hay una carga cada día?.

El Espíritu Santo se enardeció y le llevó a clamar y a gemir. A tirarse de cara en el piso mirando la necesidad de esa ciudad. Yo creo hermano, que si Dios llama a alguno de sus siervos para ser enviado, él pone la misma carga que había en el apóstol Pablo. Yo estoy orando por mi propia vida, porque entiendo que todavía hay muchas cosas que tienen que ser hechas en la ciudad y en la provincia donde Dios me ha puesto, porque muchas veces está el peligro de que habiendo comenzado la obra en una ciudad, somos propensos a quedarnos, porque experimentamos la bendición y el respaldo de Dios en la parte espiritual y económica. Comenzamos la construcción del templo, y cuando lo vemos terminado pensamos que ya está todo hecho, cayendo en la tendencia de “dormirnos en los laureles” ¿Esa es toda la visión de Dios para tu ciudad? Ya sea que hayas ganado mil, dos mil, o cien, doscientas, o trescientas personas. ¿Esa es toda la visión que Dios tiene para tu ciudad o para ese lugar donde el Señor te ha enviado?. ¡Qué haya un renovar en nuestro fervor! ¡Qué el Espíritu Santo nos encienda! ¡Qué enardezca nuestro corazón! ¿Cómo dice aquí? «..su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría..» Querido hermano, Dios tiene que ayudarnos y despertarnos a la realidad espiritual de la ciudad donde nos ha mandado.

¿Qué estamos haciendo en nuestra ciudad?

Estuve pensando en estos días, que no toda la visión de los pastores es la misma. Repito: No toda la visión de los pastores es la misma. Ahora, atienda bien lo que voy a decir. Gracias a Dios por los consejos pastorales que funcionan en cada ciudad. Gracias a Dios por el reconocimiento de la autoridades al pueblo evangélico en general, pero en lo que respecta a la provincia de Jujuy hasta ahora no se pudo llegar. Hace unos años atrás me convocaron los pastores. Querían formar un consejo pastoral para la ciudad, pero la visión era nada más que formar una comisión directiva y luego sacar una personería jurídica. Eso era toda la visión que tenían, y tuve que decirle a alguno de ellos: “..querido, esa no debe ser la prioridad, ¿Por qué no nos juntamos a orar y ayunar para que haya un mismo sentir por la ciudad? si es que realmente amamos la ciudad..” y también les dije: “..los papeles no traen unidad. Una personería jurídica no traerá mayor unidad. La unidad no debe comenzar por los papeles sino por el Espíritu de Dios. Debe comenzar por la fe que viene de la presencia del Señor..” Además de eso, (escúchenme pastores), les dije: “..yo estoy embarcado con toda mi familia en la obra de Dios, y estoy en el pastorado por un llamamiento de Dios..”

Hermanos, si realmente fuimos llamados para hacer la obra de Dios en una ciudad y en una región ¿Esa es la manera de conquistar ese lugar para el Señor? Hace poco se terminó una campaña que se hizo en forma unificada, y en vez de ponernos más de acuerdo, luego de la campaña cada uno tomó su camino, con quejas los unos de los otros. Querido consiervo, ¿Cuál es la visión que tenemos para una ciudad?. Especialmente había dos de ellos que pugnaban diciendo: “..No, si vamos a llegar a la unidad tenemos que hacer los estatutos, tenemos que formar una personería..” ¡La tenían con eso! y cada vez que venían con el asunto, dentro mío había un testimonio de que no era así. Yo pregunto, ¿Cómo vamos a llegar a tener un consenso unificado con otros pastores si entre nosotros como pastores del Movimiento Cristiano y Misionero hay cosas que nos cuestan todavía? ¡Y eso que estamos en la misma familia! ¡En la misma visión! ¡En los mismos principios! ¡En la misma marcha de fe! Y nos cuesta llevar adelante la relación entre nosotros. Nos cuesta perfeccionar la comunión. Tenemos que estar orando en cada Convención, “..Señor perdóname, porque descuidé a mi hermano..” Siempre estamos batallando para mantener y perfeccionar esta unidad tan preciosa, pero ¿Cuál es la visión que tengo para la ciudad? ¿Hay pasión? ¿Se enardece el corazón? ¿Estamos haciendo realmente la tarea que Dios nos ha mandado que hagamos?.

A muchos pastores le han ofrecido “en pos de la unidad” lo siguiente: “..quisiéramos ponerlo a usted de presidente..” o si no también “..aunque sea quédese como secretario..” y cuántas veces ha ocurrido, que cuando formamos parte de una comisión así, en vez de estar haciendo la obra que Dios nos ha enviado a hacer, estamos siendo siervos de aquellos que todavía tienen su trabajo secular, corriendo de aquí para allá y haciendo la tarea de los que todavía no alcanzaron a tener una visión real de la ciudad donde están plantados. Te pregunto hermano, ¿No estarás entretenido detrás de los papeles? ¿Corriendo de oficina en oficina? ¿Estás haciendo lo que Dios te ha mandado a hacer en la ciudad donde él te ha plantado?

¿Qué estamos haciendo en nuestra ciudad? ¿Acaso estamos llevando a cabo la tarea de aquellos que tienen una visión estrecha? ¿De aquellos que ni dejan su trabajo siquiera? ¿Estamos cumpliendo la visión de aquellos que no tienen una dependencia total de Dios? ¿Qué carga pueden tener?, ¿Qué visión puede tener? ¿Hay una vida de oración y ayuno, de clamor, de intercesión y de sacrificio? Uno lo llama a la hora de la siesta, y le contestan: “..el reverendo está ocupado..no lo molesten a esta hora..”  “..el reverendo está comiendo..no se lo puede molestar..”  Yo me pregunto: ¿Qué visión tienen para su ciudad? ¿Qué carga tienen por las almas? Con esto no quiero decir que estoy contra los consejos pastorales. No. Te estoy mostrando lo que mi alma siente.

Mi carga misionera por la ciudad de Jujuy

Cuando llegué a la ciudad de San Salvador de Jujuy, con una pequeña valija y recién casado, fui totalmente ignorado por todas las iglesias de la ciudad. Hacía un año que estábamos en la ciudad de Río Gallegos atendiendo una iglesia y Dios comenzó a despertar una carga muy definida por Jujuy. Hasta ese momento yo había trabajado en la provincia de Salta comenzando una obra en la ciudad de Embarcación y luego me trasladé a la ciudad de Palpalá, en donde también comencé la obra del Señor, y estando allí yo pensaba en San Salvador de Jujuy: “..¿Cómo entrar? ¿Cómo andar? ¿Qué hacer?..”

Veía una ciudad difícil. No tenía medios ni conocidos. Carecía de respaldo económico. ¡No tenía nada! Hasta que el Señor abrió una puerta en la ciudad del Libertador General San Martín donde hoy en día hay una obra, y luego en otra ciudad más allá, siempre comenzando de abajo. Predicaba en las esquinas con un acordeón y algunas veces llevaba un pequeño parlante. Recorría las plazas y las calles anunciando la palabra del Señor. Estando allí hay una conexión con una familia, que se entrega a Cristo y abre su casa y sus brazos, diciendo: “..nosotros queremos que vaya a la ciudad de Jujuy para que comenzar una obra..” ¡Aleluya! ¡Cómo prepara Dios todas las cosas! Yo había tratado de hacer las cosas de acuerdo al razonamiento mío. Testificando solito y tratando de rodear la ciudad llevando el evangelio casa por casa, pero ví que de esa manera se hacía bastante bravo abrir una puerta. Entonces, Dios me lleva a estas ciudades que mencioné y allí prepara esta puerta.

Comenzamos a hacer reuniones familiares en esta casa, y estando ya unos meses nos fuimos al sur, pero estando en el sur Dios comenzó a despertar una carga. Comenzó a poner en mi corazón la ciudad de Jujuy de tal manera que me quitaba el sueño. Lloraba cada vez que oraba. Cada vez que pensaba en el norte y en esta ciudad especialmente, mi alma gemía y lloraba. Cada vez que oraba derramaba muchas lágrimas. Compartí esto con el hermano Samuel Sórensen en una Convención de Mar del Plata y él me dijo: “..hijo...Dios te quiere y te necesita nuevamente allá..” así que volvimos a Río Gallegos, preparamos las cosas y salimos de una punta a la otra del país. Algunas cosas que teníamos la trajimos en barco hasta Buenos Aires, para luego seguir en tren hasta San Salvador de Jujuy.

No sabíamos lo que nos esperaba. No sabíamos como iba a ser la cosa, pero nos llevamos una sorpresa. Cuando llegamos a la estación, sin saber a donde ir, y con poco dinero para alquilar, esta familia de la que les hablé antes estaba en la estación esperándonos. Nos dijeron: “..vengan a nuestra casa, quédense con nosotros..” ¡Bendito sea el nombre del Señor! Así comenzó la obra de Dios en San Salvador de Jujuy. Hicimos la campaña con nuestro querido hermano Oscar en el año 1968 y como resultado de esa campaña Dios proveyó el terreno donde estamos actualmente. Hoy en día, damos gracias a Dios por los obreros que han salido. Varios de ellos están en la provincia, algunos en otras provincias y aún en otros países. Pero en estos días ha surgido un nuevo clamor en mi alma: “..Señor... ¿estoy haciendo todo para lo cual tu me has enviado a esta ciudad?..”, porque veo con desesperación que la ciudad se agranda. De los cientoveinte mil habitantes que había cuando llegamos, ahora hay casi cuatrocientos mil habitantes. Cada vez que voy por la ciudad no voy mirando vidrieras ni mirando las calles, VOY MIRANDO A LA GENTE, y mi corazón se inquieta dentro mío por multitudes que van y vienen y pregunto: “..Señor, ¿Qué puedo hacer..? ¿Qué tengo que hacer para que venga a esta ciudad un nuevo mover..? Dame una gracia para poder llegar a toda esta gente..”  Mi corazón se desespera realmente. Mi corazón quiere saltar dentro mío porque veo, (de la misma manera que Pablo), la ciudad entregada a la idolatría, a la violencia, a la pobreza, a la miseria. ¿Cómo es tu ciudad pastor querido? ¿Hay una carga dentro de tu alma...? Dios no te ha enviado para que plantes un negocio o alguna otra actividad y luego empezar a hacer las cosas. ¡NO! ¡Dios nos ha enviado para que anunciemos y prediquemos la palabra de Dios y para hacer la obra que Él nos ha enviado a hacer para su honra y su gloria!

Obreros con una vida de fe y de multiplicación

Cuando un obrero sale a la obra enviado por el Señor, allí comienza la prueba de su fe. Hasta ese momento estuvo en la casa pastoral como discípulo viviendo de la provisión de Dios que venía a través de su pastor, pero cuando sale a abrir una obra, o a continuar una obra empezada, (sea como fuere), allí comienza una dependencia directa de Dios. Ese discípulo que sale a la obra de Dios comienza a depender directamente del Señor. Entonces, allí se sabe qué clase de obrero es.

El hermano Samuel siempre decía: “..cuando estés en tu lugar en la obra del Señor, allí se va a saber que clase de obrero eres..” Puede ser que venga algún trabajo momentáneo como una provisión para sostener a tu esposa y tus hijos. Sí, puede ser. Así como Pablo, que cuando llega a Corinto se une a un matrimonio y comienzan a trabajar haciendo tiendas, pero dice la Biblia que cuando llega Timoteo y cuando llega Silas, él estaba entregado por entero a la predicación del Evangelio. O sea que cuando él dice “estas manos me sirvieron” no estaba diciendo que los obreros tienen que tomar un trabajo secular, sino que era una provisión en un momento determinado. Varios queridos compañeros, vinieron a mí con lágrimas y me dijeron: “..hermano yo salí a la obra y he tomado momentáneamente un trabajo como una provisión del momento, pero ¿sabe una cosa? Ahora me cuesta dejarlo, porque me sale más trabajo..., estoy como albañil nuevamente..., estoy como plomero..., yo le pido oración porque entiendo que esto ha restado a mi servicio y a la obra, en vez de estar avanzando estoy detenido y limitado en mi servicio al Señor..”  y hemos tenido que orar.

Querido consiervo ¿Cuál es la visión que tienes para tu ciudad? ¿Solamente alcanzar una buena posición? ¿Una posición holgada y con respaldo en muchos aspectos? ¿Cuál es la visión que tenemos sobre la ciudad? ¿Hay clamor y ruego? ¿Tu alma se desespera al punto que te lleva a dejar el sueño? ¿Hay una carga que te lleva aún a dejar la comida por buscar a Dios? ¿Quieres ver una obra plantada, fuerte y pujante? ¿Estás enviando obreros hacia la región?. Ya lo dije antes pero lo repito: Aunque tengamos una iglesia de mil o dos mil personas, si no están saliendo obreros quedaremos solamente como un pastor con dos mil miembros, pero sin obreros. En cambio, aquel que tiene doscientos miembros y está enviando obreros estará alcanzando toda una región, ¡Toda una provincia! ¡Aleluya! ¡Bendito sea su nombre! Gracias Dios por las almas que se salvan y encuentran liberación, pero Dios nos ha llamado también a reproducirnos como obreros, (que salgan obreros de tus lomos y haya hijos espirituales que se vayan formando en este principio, haciendo la obra del Señor en la provincia, en el país o fuera del país). De lo contrario, tu ministerio no estará en crecimiento.

No es dificil predicar el Evangelio. La gente viene, se salva, es liberada y es verdad que tenemos que predicar, pero cuando hablamos de tener discípulos, allí pensamos: “..Uf,..me tengo que levantar todos los días con ellos para leer la Biblia, y no sólo a la mañana sino también al mediodía para que no sólo aprendan a hacer las tareas cotidianas..” “..tengo que meterme de cabeza con esos veinte, treinta o cuarenta discípulos a la oración y ayuno, estar con  ellos y marcarles la vida de oración, de buscar a Dios, de la comunión intima con Dios..” Eso no se hace con evangelismo. Eso lleva al ministerio pastoral a crecer interiormente, porque para comenzar a multiplicarse en esas vidas, hay una demanda de un mayor encuentro con Dios, de un mayor estudio de la palabra y de un mayor nivel de oración. También está el trato diario. (Por eso muchos no quieren saber nada con el discipulado). Pero si tú no entras en eso, quedarás detenido. ¿Como nos decía el hermano Samuel? “..si no te multiplicas en otros quedarás estancado..” aunque tengas muchos cientos de creyentes. ¿Cuál es la visión que tengo sobre la ciudad? ¿La visión es sólo juntar unos cientos y llenar la iglesia? ¿Nada más? ¿Hay un clamor en tu alma porque hace dos o tres años nadie tiene carga por entrar al discipulado? ¿Y tú estás “lo mas pancho”? pensando: “..gracias Señor porque no vienen mas discípulos..” “..gracias señor, porque tu quieres que tu siervo descanse un poquito..” “..estoy tan contento, comiendo churrasquito y pollito al horno todos los días..” ¿Cuál es la visión que tienes sobre tu ciudad?

Hermano, si leemos del versículo once en adelante, vamos a encontrar que Pablo fue azotado por predicar el evangelio en el lugar de su llamamiento, y yo quiero decirle que el azote de los judíos eran cuarenta menos uno, pero el azote de los romanos era sin límites. Imagínese a Pablo. Tenía su espalda magullada, sangrada y lastimada de tal manera que hasta el carcelero fue movido a compasión y cuando se convirtió lo llevó a su casa y le lavó las heridas. ¿Cómo serían esas heridas? No me puedo imaginar, pero allí estaba Lucas, y seguramente él indicaría algo para prevenir la infección. Pablo estaba dolorido porque había sido azotado como para darle muerte, y no sólo eso, sino que fue metido en la cárcel de más adentro y sujetos sus pies con el cepo. Esto ha sido un incentivo para mi. Digamos: ¡Señor, ayúdame a no ser flojo! Es verdad que tengo que descansar y cuidarme. Sí, es verdad que hay que ser sensatos en lo posible. Pero cuando miraba la vida de este campeón de la fe, dije: “..no quiero ser autocompasivo conmigo mismo..”

En estos días me vino tanta tos que tenía que agarrarme de algo para tocer. Como consecuencia de esa tos me quedó toda la caja toráxica dolorida. Aún me duele la espalda. Imagínese, si de una tos contínua uno amanece con el cuerpo dolorido. ¡Cuánto más sería si recibiéramos una serie de azotes con varas! Sin embargo, ellos se levantaron al día siguiente y comenzaron a transitar esos setenta u ochenta kilómetros con su cuerpo dolorido, con su espalda todavía sangrante, con sus costillas maltratadas, quizás caminando con un bastón, pero igual lo hicieron junto a sus compañeros hasta llegar a otra ciudad. ¡Cuánto quebranto vino a mi corazón al ver como la carga del apóstol Pablo seguía creciendo! ¡Que Dios nos ayude hermanos!

Dios tiene mucho pueblo en tu ciudad

Nada podía detener ni apagar el fuego que ardía en este hombre de Dios. A esta altura ya habían pasado años de la partida de este segundo viaje, y habiendo dejado iglesias en Asia, en Macedonia, y habiendo predicado y anunciado el evangelio por los valles y montañas, llega a la ciudad de Corinto. Leamos el capítulo dieciocho: «..Después de estas cosas, Pablo salió de Atenas y fue a Corinto. Y halló a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién venido de Italia con Priscila su mujer, por cuanto Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma. Fue a ellos, y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas. Y discutía en la sinagoga todos los días de reposo, y persuadía a judíos y a griegos. Y cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la palabra, testificando a los judíos que Jesús era el Cristo. Pero oponiéndose y blasfemando éstos, les dijo, sacudiéndose los vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo limpio; desde ahora me iré a los gentiles. Y saliendo de allí, se fue a la casa de uno llamado Justo, temeroso de Dios, la cual estaba junto a la sinagoga. Y Crispo, el principal de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa; y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados. Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: No temas, sino habla, y no calles; porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad..» (6)

Yo pregunto: ¿Tú sabes cuántos habitantes hay en tu ciudad? ¿Sabes cuántas son las almas que Dios quiere salvar en tu ciudad?. ¿O seremos como aquel que dijo?: “..no, este vecino se va derecho al infierno porque nos tira piedras en el techo, o este otro vecino tampoco..”  hermano ¿Estas sabiendo realmente cuánto es el pueblo que Dios tiene en esa ciudad?. Dios tiene un pueblo en nuestras ciudades y a nosotros se nos ha encomendado buscarlo y encontrarlo. Somos los encargados de llevar el mensaje para que ese pueblo venga a los pies del Señor. ¿Ya hemos llegado a toda esa gente que va a formar el pueblo del Señor?. Dice el verso once: «..Y se detuvo allí un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios..» (7) El apóstol se detuvo. Su estadía en aquel lugar fue más prolongada porque Dios le dijo: TU TIENES QUE ENCONTRAR Y REUNIR A ESE PUEBLO QUE YO TENGO AQUÍ.

Hermanos queridos, las ciudades se agrandan y agigantan. Cada año hay más multiplicación de gentes. Hay un pueblo por encontrar, y en esta mañana el Señor nos dice: Yo tengo mucho pueblo en tu ciudad. Menciona la ciudad donde estás. El Señor te dice: “..YO TENGO MUCHO PUEBLO EN TU CIUDAD..”, para salvarlo y librarlo de la muerte eterna y para librar su alma del infierno de fuego. ¡Qué Dios nos ayude! A la congregación le digo: Queridos, juntamente con su pastor, tienen que largarse y soltarse al asalto de la ciudad para encontrar a ese pueblo que todavía el Señor tiene. Hermanos, la gente que tiene que ser traída. Son miles y miles los que todavía Dios quiere salvar. El no quiere llevar un número reducido al reino de los cielos. Dios quiere llevar la mayor cantidad posible de gente que venga al conocimiento de la verdad, y él nos a puesto y levantado en esa ciudad para alcanzar y traer a esa gente que tiene que formar parte del rebaño del Señor. ¡Bendito sea  su Nombre!

El discipulado de Pablo en Efeso

Leamos el capítulo diecinueve: «..Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores vino a Efeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban. Eran por todos unos doce hombres. Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios..» (8)

Si seguimos el hilo de esta historia vamos a encontrar que primero el Señor le había prohibido entrar en Asia, pero a esta altura, es obvio que ya tiene el permiso de parte de Dios. (Efeso es parte de Asia). Cuando este pasaje dice: «..habló con denuedo..» está queriendo decir que Pablo predicaba sus mensajes toda sus fuerzas y su vida misma. Ponía todo el fuego, todo el ardor, no se mezquinaba para hablar y para implantar en el corazón de sus oyentes la palabra del Señor. Los mensajes de Pablo no eran apáticos o superficiales sino que en cada mensaje él ponía todo su corazón y toda su alma. Cada mensaje era predicado como si fuera el último. Con todo denuedo, con toda convicción, con el mayor énfasis; para que cada palabra sea como una espada que entrara en sus oyentes. Sin embargo, no todos recibieron la palabra, leamos el verso nueve: «..Pero endureciéndose algunos y no creyendo, maldiciendo el Camino delante de la multitud, se apartó Pablo de ellos y separó a los discípulos, discutiendo cada día en la escuela de una llamado Tiranno..» (9) No todos aceptaron y había algunos que hasta contradecían lo que Pablo decía, pero como Pablo no quería gastar “polvora en chimangos”, se apartó de ellos y «..separó a los discípulos..»

Pablo separó a ese grupo que había recibido como discípulos y discutía con ellos cada día en la escuela de uno llamado Tiranno. Observe que no los envió a un determinado lugar para que se prepararan. No. Pablo podía haber dicho: “.. vayan a Antioquía o Jerusalén, allá hay profesores que pueden enseñarles  y capacitarles. Vayan, estudien, y después vuelvan..”  No. Pablo comenzó a practicar el discipulado conforme a la verdad bíblica, conforme al diseño que el Señor nos dio a nosotros: La multiplicación de obreros por medio del discipulado. Separó a aquellos aprendices, (Un discípulo es un aprendiz, alguien que sigue la enseñanza de un maestro), y el mismo se hizo responsable de ese “seminario” discutiendo y exponiendo cada día las verdades del Evangelio y la carga misionera que había en su corazón. Y dice el verso diez: «..Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús..» (10)

¡Qué maravilloso! ¡Dos años de preparación intensiva! ¡Un curso intensivo ministerial! Cada día contaba. La necesidad era urgente. Pablo sólo no podía hacer toda la obra de Dios en Asia a menos que se proyectara en otros e impartiera la visión. Sólo alguien que tiene una carga, sólo alguien que tiene una visión puede impartir su carga a aquellos que tiene cerca suyo. Un profesor, un profesional, un académico trata de instruir y de formar en el aspecto intelectual, histórico y geográfico de la Biblia pero no imparte la carga que hay en su corazón. Él los recibió, los llevó consigo y les dijo: “..yo voy a ser un padre para ustedes, un maestro y un consejero...juntos vamos a clamar a Dios, vamos a buscarle, y vamos a recibir más de Dios..” Dos años fue suficiente para que todo Asia conozca la palabra, como dice la escritura, «..todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús..» (11)

Biblia, llenura del Espíritu Santo y pasión por las almas

Hermano, los métodos y los principios de Dios no han cambiado, son los que están establecidos en la palabra del Señor. Nunca me voy a olvidar cuando el señor me llamó en Pocitos. Era un muchacho de veintiseis años con una carga para servir a Dios. Yo era prácticamente nuevo, y recién comenzaba a conocer mejor la Biblia, y aunque anteriormente tenía conocimiento de la fe cristiana, la Biblia para mi era nada más que un libro, pero cuando vino la presencia del Espíritu Santo se despertó en mi alma un interés muy grande por la palabra del Señor. Recuerdo que en esa primera Convención, la mayoría de los treinta jóvenes que habíamos recibido el Espíritu Santo manifestaban la carga por una ciudad, por una provincia, pero yo todavía no sentía nada por un lugar específico. Tenía un deseo. Sabía y tenía una convicción en mi alma que Dios me había llamado. Me acerco al hermano Samuel Sórensen que presidía la Convención, y le digo: “..no tengo ninguna carga específica por ningún lugar pero tengo un deseo y anhelo por servir a Dios..”  El hermano Samuel me dijo: “..bueno, quizá el Señor tiene otra cosa para ti..” en ningún momento me dijo que tenía que ir a prepararme en un seminario y recién venir para servir al Señor. No. Creo que a nadie le dijo eso.

Gracias a Dios por aquellos que preparan a sus obreros y a sus discípulos de esa manera y lo mandan a algún centro de estudios, pero nosotros lo hacemos a traves del discipulado. En cierta ocasión, a un muchacho que dejó el tercer año de arquitectura sintiendo la carga y el deseo de servir a Dios, yo le pregunté seriamente: “..querido ¿Vos estás seguro? orá al Señor por favor..” al tiempo regresa con la misma carga y vuelvo a preguntarle “..¿estás seguro?..” y me contestó: “..si pastor, ciertísimamente seguro....para qué voy a terminar mi carrera si al fin y al cabo mi vida está en el Señor..” y después de un tiempo de oración, le digo: “..bueno... te vamos a dar el okey para que vengas a vivir con nosotros..”, y allí está, haciendo su discipulado.

Lo que tengas que saber Dios te va a dar a conocer de alguna  manera, para que no te llenes la cabeza de palabras de hombres. Dios te va a enseñar aquellas cosas que sean necesarias para hacer la obra del Señor. ¡Bendito y alabado sea su Nombre! Recuerdo que nuestro hermano Samuel nos decía, (y él sabía lo que decía, porque había salido de un centro de estudios, habiendo dejado las aulas para dedicarse a esta visión), él me dijo: “..Querido.., hijo mío.., Biblia, oración, lleno del Espíritu Santo y de pasión por las almas, lectura de la Palabra, que estas cosas no se te escapen..”  y yo lo puse en práctica . Todos los días, ¡Biblia! ¡Oración! ¡Lleno del Espíritu Santo! ¡Lleno de unción y pasión por las almas! ¡Eso te va a llevar adelante! ¡Todas las otras cosas son BAGATELAS! ¡PURAS BAGATELAS! ¿Verdad..? Hermano, esto te lo digo con toda la carga de mi alma.

Me metí de cabeza por tres años. Mi libro de textos era la Biblia mañana, tarde y noche. A medianoche, oración y Biblia. En la madrugada, oración, Biblia, clamor por la unción del Espíritu Santo y por una genuina pasión por las almas. Eso fue formando mi teología. Leche pura, no rebajada, leche sustanciosa, leche real, que no me hacía daño. La Biblia es pura, no está rebajada con sabiduría de hombre, no está mezclada con el intelecto, no está mezclada con la filosofía ni con ninguna de esas cosas. ES LECHE PURA. Confiese ahora: “..Señor, aliméntame con leche pura..” Hace poco escuché una audición radial de un predicador muy reconocido, que en pos de dar consejos a los oyentes, dijo: “..comience a leer la Biblia pura, métase en la Biblia. No busque los comentarios bíblicos. No busque los dichos de otros. Aliméntese de la leche pura. Eso no le va a hacer mal..” Usted va a ir descubriendo a través de su crecimiento espiritual las verdades bíblicas que en ella están. No busque tantos consejos, busque la verdadera savia, la verdadera fuente, beba del Agua de Vida, beba de la leche pura que no le va a hacer mal. Al contrario, le va a hacer crecer saludable y fuerte. A veces parece que es mejor repetir los dichos de otros que buscar de rodillas y encerrarse con el Señor. Lo que hoy estoy compartiendo no son argumentos ni comentarios sacados de algún lugar o de algún libro de texto, son aquellas cosas que Dios ha ido mostrando a mi alma, después de haber leído cientos de veces el libro de los Hechos desde el principio hasta el fin.

Aprendiendo en la práctica

Pablo no solamente les enseñaba teóricamente, sino que también les mostraba cómo orar por los enfermos, cómo hacer la obra del Señor, para que ellos también fueran instruídos en estas cosas. Dios tiene que ayudarnos a ampliar todas esas cosas, que solamente se aprenden en el campo de batalla. En un centro de estudios nunca le van a enseñar como expulsar demonios. Hace poco leí un artículo en un diario que me dejó muy mal. Este artículo decía: “Niñita de tres años muerta a golpes de puño en una sesión de exorcismo”. Resulta que el tío de la nena, habiendo salido de una reunión en la iglesia llegó a la casa de su pariente y encontró a la nena con una ataque bronquial y quiso “expulsar el demonio de enfermedad” a los golpes. La quería hacer vomitar el demonio a los golpes, lo que ocasionó la muerte de la nena. Este hombre había sido ordenado en su iglesia como “expulsador de demonios” ¡Lo habían habilitado para que sea un expulsador de demonios! Varios pastores tuvieron que ir a la televisión para hacer un descargo. ¡Qué Dios nos ayude! A veces, en algunas iglesias, hay costumbres y prácticas que no son bíblicas. Yo no puedo imaginarme a Jesús agarrando a puñetazos a la gente para sacarle los demonios. ¿Se imagina al apóstol Pablo sacando demonios a golpes de puño? El diablo haciéndole daño al cuerpo, y aquellos que lo “liberan” haciendo mas daño por otra parte.

Yo no tengo mucha clase en esta área, pero en algunas oportunidades Dios me ha ayudado a expulsar demonios. En una ocasión, vino una persona que conocía al Señor, y que a causa de una amargura que había en su corazón, estaba atormentada por un espíritu de temor y resentimiento porque el esposo no se convertía. Un día me dijo que quería hablar conmigo. Bien, entramos a la oficina y esa mujer comenzó a contarme muchas cosas, pero cuando comenzamos a orar se desfiguró, se tornó agresiva  y sus ojos tomaron otro color. El hijo estaba presente, y cada vez que tratábamos de tomarle las manos invocando el nombre de Jesús, se ponía mas furiosa. Las dos o tres veces que intentamos orar se tornaba más y más agresiva y los ojos se le desorbitaban. Entonces, después de un par de veces, le dije al muchacho: “..vamos a parar de orar..” Cuando se fue calmando, comencé a conversar nuevamente con ella. Le pregunté cómo había sido su vida, y ella comenzó a confesar que estaba resentida con Dios porque (según ella) no le daba una respuesta con la conversión de su esposo. Entonces le digo: “..Usted tiene un espíritu inmundo.., ¿Está dispuesta a ser libertada...? ¿Quiere ser libertada?..” Y me contestó:  “..Sí.., para eso vengo.., yo quiero ser libre..” Entonces, comencé a guiarla para que pida perdón y para que reconozca su pecado y su rebeldía contra el Señor. Estando en esa actitud de oración, me vino el impulso de repente y ordené: “..¡En el nombre de Jesucristo, espíritu inmundo de resentimiento, de amargura y de rebelión! ¡SAL FUERA!..”  Hermano, ese espíritu inmundo salió a través de náuceas y vómitos, y entonces esta mujer levanta sus manos y dice: “..¡Gracias Señor!, ¡Gloria a Dios! tú me libraste..” y comenzó a hablar en otras lenguas.

Hace poco nomás, estábamos en un culto evangelístico predicando la palabra y de repente, cuando hago el llamamiento una mujer comienza revolcarse en el piso y a hacer un escándalo. Les pedí a los colaboradores que la calmen que después de la reunión la ibamos a atender. Era una mujer que tenía muchos malos recuerdos de su pasado, especialmente de su infancia. La escuchamos por casi dos horas. ¿Sabe una cosa hermano? Ella empezó a sacar todo lo que tenía adentro, y esa actitud fue abriendo su corazón, su alma, todo su ser. Tal es así, que después de la oración me dice: “..hermano, me siento libre.., hay algo nuevo dentro mío, esa sensación mala que tenía ya no la tengo más.., SOY LIBRE..” y levantó su mano alabando y glorificando el nombre del Señor. Volviendo al apóstol Pablo, si leemos el capítulo diecinueve podemos observar claramente la diferencia entre la autoridad apostólica y la de algunos “exorcistas ambulantes” «..Y hacía Dios milagros extraordinarios por mano de Pablo, de tal manera que aun se llevaban a los enfermos los paños o delantales de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían. Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo. Había siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto. Pero respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois? Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos..» (12)

¡Qué Dios nos ayude e invista con la autoridad y la sabiduría para no aplicar con todos el mismo sistema! A veces queremos imitar a otros, y hacemos lo mismo que algunos hacen, pero Dios tiene que darnos el discernimiento y la sabiduría para cada caso en particular. Hace poco vino otra mujer con un problema similar. Se manifestó en un culto y comenzó a hacer un tremendo escándalo. En ese momento yo estaba en el púlpito y los colaboradores la tomaron de los brazos en un gran forcejeo. Claro, el brazo de un varón es más fuerte, y ella era una mujer mediana, mas bien chiquita. Entre todos la rodearon y trataron de expulsar el demonio, pero no pudieron. Pasó como media hora hasta que se calmó. Despedimos a la congregación y después de conversar con ella entendimos que esta mujer no estaba dispuesta a ser libertada, (El diablo quería usarla para entretenernos, porque si la persona no está dispuesta a renunciar a su pecado, el Señor no la obliga), pero ¿Sabe una cosa? a causa de ese forcejeo a ella le quedó el brazo lleno de moretones,  y al día siguiente cuando vuelve me dice: “..tengo todo el cuerpo dolorido, tengo el cuerpo maltrecho..” Claro, ¡Cómo no iba a estar así! Si aquellos que estaban tratando de liberarla le apretaron los brazos tan fuertemente que le hicieron daño en vez de ayudarla. ¡Eso es lo que el diablo quiere! Por un lado los demonios atormentan a la persona y por otro lado aquellos que tratan de ayudarla, terminan lastimando más. Dios tiene que darnos sabiduría para que podamos ser salvadores y liberadores, y no verdugos, y así la gente no nos tenga miedo.

Conclusión y oración final

¿Cuál es la visión y la carga por tu ciudad? ¿Cuál es tu carga por la provincia? ¿Cuál es tu carga por el país? ¿Cuál es tu visión por el mundo? Querido consiervo, discípulo, colaborador, te desafío a ponerte delante de Dios y recorrer imaginariamente las calles de tu ciudad. Entonces verás esa multitud de gente que va y viene. Esa gente que está por los mercados, por las plazas, por las terminales. ¿Nos desespera esa realidad? Hace muchos años Dios levantó a un hombre con esta visión y él nos hizo depositarios a nosotros. Samuel Sórensen no tenía solo una visión para la ciudad de Mar del Plata, sino para todo un país y para toda Latinoamérica. Esta visión que dio comienzo como una “pequeña lucecita”, se hizo fuerte, poderosa, grande, y hoy podemos comprobar eso con nuestros propios ojos. De la misma manera que Pablo comprobó la victoria del evangelio en la ciudad de Efeso. ¿Cómo dice el verso veinte? «..Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor..» (13) Repito, Samuel Sórensen no nos ha enseñado un nuevo método ni nos indicó que vayamos a algún centro de estudios para capacitarnos. El hermano Samuel nos enseñó una visión, cuyos fundamentos principales son la pasión por las almas, el vivir llenos del Espíritu Santo, tener una vida de oración, y vivir cada día en la presencia del Señor. ¿Vamos nosotros a cambiar esto con nuevos métodos? ¿Vamos a añadir? ¿Vamos a cambiar nuestra manera de pensar? ¿Vamos a agregar “cosas nuevas” con preparación y métodos de algún centro de estudios? Que Dios nos ayude. Hermanos, debemos meternos más en la palabra, que ella sea nuestra pasión mañana, tarde y noche. Oremos, oremos, busquemos a Dios. Vivamos llenos del Espíritu Santo. Que no se enfríe nuestra pasión por las almas. Todo lo demás es pura bagatela.

Gracias a Dios por los hermanos que están en la iglesia. Gracias a Dios por las almas que nos ha dado, pero todavía hay miles y miles de personas que necesitan a Dios. Dios tiene que despertar en nosotros una nueva carga y pasión. No necesitamos mejorar nuestros principios de fe que están firmes y han costado el precio de vidas. ¡Cuántos han dado su vida! ¡Cuántos queridos consiervos se han gastado por la visión del Movimiento! Cierra tus ojos y comienza a recorrer tu ciudad. Yo voy a recorrer mi ciudad. Veo la gente que cruza el puente todos los días. Veo la gente que está en los hospitales y en las cárceles. Veo a los niños descalzos y hambrientos con padres alcohólicos. Veo las villas miserias. Veo a los que están atados por vicios y pecados. ¡Señor, renueva nuestra visión por Argentina! ¡Señor, trae a nuestro lado a aquellos que han de compartir esta visión! ¡Esta carga por la obra! ¡Señor, unge nuestros ojos con colirio! ¡Para volver al camino! ¡Para volver a las sendas antiguas! ¡Para volver a los principios que nos han sido enseñados! Para volver a aquellos que ha sido la pasión de aquellos que nos han precedido, que ha sido la pasión que los consumía día por día y que les llevaba a vivir en la presencia del Señor mañana, tarde y noche. ¡Renuévanos, Señor! ¡Pon una nueva carga y una nueva visión en cada uno de nosotros! Amén.

 

Pastor Julio Flores

 

Referencias Bíblicas:

(1) Hechos 16:6 al 12. (2) Apocalipsis 22:18 y 19. (3) Hechos 16:40. (4) Filipenses 4:1 y 10. (5) Hechos 17:16. (6) Hechos 18:1 al 10. (7) Hechos 18:11. (8) Hechos 19:1 al 8. (9) Hechos 19:9. (10) Hechos 19:10. (11) Hechos 19:10. (12) Hechos 19:11 al 16. (13) Hechos 19:20.