| La
importancia de la Iglesia Local |
| Por el pastor Celcio Contreras
-(Tomado
con permiso de la revista "Hoy" de Julio
y Agosto de 1987) |
La iglesia
local y la formación del apóstol Pablo
Es
muy notable ver en la vida del apóstol Pablo la importancia
que tuvo la iglesia, congregación o medio ambiente donde
se formó, y donde posteriormente comenzó a desarrollar
su ministerio. Pasados solo algunos instantes de su encuentro
con Cristo, Pablo recibió la primera orden de su nuevo
Señor: “..Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá
lo que debes hacer..” (1) En otros términos, el Señor
le dijo: “..allí tengo un pueblo, mi gente, mis representantes,
que han de verificar lo que ha pasado contigo y que, como
a un niño, te tomarán de la mano y guiarán por el nuevo
camino que has de transitar, y de quienes aprenderás acerca
de la nueva vida que ha comenzado en ti hoy..”. Y
efectivamente, en Damasco se encontró cara a cara con
sus hermanos reunidos en la casa de Judas.
Aunque
aparentemente no se produjo un gran diálogo, encontramos
que Pablo ora y ayuna al Señor que habla con él, y que
entre otras cosas le dice: “..Yo he preparado y hablado
a uno de mis siervos, Ananías, quien vendrá a verte para
orar por ti a fin de que recibas la vista, seas bautizado
en agua y lleno del Espíritu Santo..”. Y al mismo
instante que comunicaba esto a Pablo, el Señor hablaba
con Ananías que junto a sus hermanos en Damasco, presumiblemente,
oraban por todo cuanto significaba el arribo de Pablo
"el perseguidor", pero Dios les interrumpe en
la oración, diciendo: “..Levántate y ve a la calle
que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado
Saulo, de Tarso; porque he aquí que él ora, y ha visto
en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone
las manos encima para que recobre la vista..” (2)
Ananías objeta: “..¿Cómo me envías a orar por este
hombre de quién sabemos que es nuestro enemigo?..”.
Y el Señor le respondió: “..Ve porque instrumento escogido
me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los
gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel...”
(3) Dándole a entender así, que Pablo ha tenido un encuentro
verdadero con él, y que lo esperaba como a
un hermano.
Así
es como se produce el primer contacto de Pablo y la Iglesia,
en casa de Judas; y el primer encuentro con el ministerio
de la iglesia, cuando Ananías ora por él y se produce
un milagro. De éste modo, Pablo aprende que en su vida,
él deberá relacionarse con la Iglesia tanto como con su
ministerio. Desde entonces, de esa Iglesia va a recibir
órdenes, sugerencias e instrucciones para andar como siervo
de Señor.
La
iglesia local y la formación del discípulo
Todo cristiano
o discípulo debe apreciar la Iglesia como el aula donde
Dios le ha puesto para aprender y formarse; y como su
hogar espiritual, no importando si sus miembros son o
no son como uno. Si la integran muchos o pocos. Si son
ricos o pobres. Allí debe sentirse como un hijo, y allí
debe crecer con las posibilidades o limitaciones que tenga.
Porque todo cristiano, todo buen discípulo, debe ser instruido
y equipado en su congregación, y a medida que pase el
tiempo, la iglesia intervendrá, (directa o indirectamente),
a través de todas sus funciones, sobre la vida de este
individuo.
A veces
quisiéramos cambiar de congregación, escaparnos de nuestro
lugar, para descubrir vez tras vez, como el adolescente
que huye de su hogar, que efectivamente la Iglesia es
la institución que Dios ha establecido como el organismo
que nos dará vida y formación para ser útiles en el ministerio,
y para ser parte integral del Reino de Dios. Por esto,
no podemos ser desconsiderados con la posición que ocupa
la Iglesia, ni subestimar su importancia en la vida discipular.
Continuando
con la experiencia de Pablo, vemos cómo una vez que fue
bautizado e introducido en la hermandad, comenzó a demostrarles
que Jesús había hecho algo extraordinario en su vida,
e incluso comenzó a testificar a otros. En la hermandad
aprendió que no todo iba a resultarle “fantástico”, sino
que hallaría persecuciones que lo llevarían a aferrarse
más y más de Dios y a decidir que camino debería seguir.
Y efectivamente, los judíos de Damasco intentaron destruirle,
pero llegada esta amenaza a los oídos de los hermanos,
la Iglesia le protegió y le cuidó, no a la manera física
que Pablo había acostumbrado, sino al modo de la Iglesia,
de sus hermanos en la fe. Para ello lo llevaron a Jerusalén,
donde estaba la Iglesia principal y los ministerios mayores.
Una vez
allí intentó juntarse con los discípulos, para muy pronto
descubrir que ellos no estaban dispuestos a creer en lo
genuino de su conversión. Pero en la Iglesia de Jerusalén,
(y ojalá que siempre suceda lo mismo en cualquiera de
nuestras congregaciones grandes o pequeñas), había un
varón de ojos abiertos y de fe, siempre dispuesto a dar
lugar a los nuevos hermanos, que se llamaba Bernabé y
era conocido como el “hijo de consolación”. Cuando éste
vio a Pablo, entendió que verdaderamente el Señor le había
aparecido y como quién toma a un niño de la mano, le trajo
a los apóstoles. Mas tarde, la Iglesia tomó la decisión
de enviarlo a su ciudad natal en razón de su seguridad
personal.
Aprendemos
así, cuan importante es para un discípulo o un cristiano,
permanecer dentro de los límites de la Iglesia local,
(donde nació espiritualmente), y perseverar fiel y sujeto
al ministerio que Dios puso frente a sí. Es notable cómo
al observar el actuar de la vida de un discípulo éste
refleja la formación buena o regular de la Iglesia donde
nació. Por eso decimos a nuestros compañeros de ministerio:
"..Mientras que podamos, tomemos tiempo en ser
adiestrados, y aprovechemos todo aquello que pueda ilustrarnos
y equiparnos.." porque vendrá el día cuando en
nuestras congregaciones tendremos la responsabilidad de
criar y guiar vidas que serán futuros siervos del Señor.
De modo, que aquí deseo dejar bien en claro: La Iglesia
local, es el lugar donde todo siervo de Dios, debe dar
sus primeros pasos de formación. Aunque no tengo dudas,
que en días futuros Dios permitirá que otros ministerios,
cual una máquina o instrumento, intervengan en la vida
de ese discípulo para darle ciertos golpes o toques complementarios
para su formación total.
La
iglesia local y el diseño de Dios
Es muy
notable observar el proceso que Dios usó para la formación
de Pablo, y comprobar como la Iglesia o el ministerio
local pueden aportar la mayor parte del material que un
discípulo necesita para su formación; y también cómo,
(de acuerdo al propósito para el cual Dios lo necesita),
Dios traerá ministerios que le permitirán entrar en otras
aulas donde se completará su formación.
Es común
oír en nuestro vocabulario: "NOSOTROS SOMOS UNA FAMILIA";
y esto es verdad. Somos una familia que ha crecido en
el país hasta cruzar diversas fronteras. Por eso mismo,
necesitamos mostrar en la práctica diaria, como creyentes
y como siervos de Dios con responsabilidades que cumplir,
y con propósitos ya establecidos en la mente y el corazón
de Dios, que no podemos salirnos nunca del contexto que
nos llevó a ser hombres y mujeres maduros en Dios. Si
bien no estaremos estableciendo moldes para que en todas
las vidas suceda exactamente igual, con todo Dios nos
ha dado un diseño, una línea que debemos seguir.
Por lo
tanto, recomendamos a todos nuestros consiervos en todo
el país, y donde quieran que se encuentren, que hagan
todo cuanto esté de su parte, para que la congregación
local sea siempre una escuela donde los hijos de Dios
sean enseñados. Aunque, (vuelvo a subrayar otra vez),
que la voluntad de Dios, puede mover este marco o forma
que tenemos, pues Dios en su soberanía tiene propósitos
para cada siervo suyo, y él le guía a su propia manera.
De modo que también debemos saber que Dios puede trasvasarnos
y llevarnos a donde él quiere, pero es nuestra norma
que la congregación debe proveer a los hermanos, (y en
especial a aquellas vidas que comienzan a demostrar un
claro llamamiento al ministerio), todo aquello que esté
a su alcance para la formación integral de los mismos.
Hemos aconsejado
en algunos momentos de la obra a no pensar de que, (aparte
de la nuestra), nuestros hijos no puedan recibir otra
enseñanza. Aclaro: Esto quiere decir que no podemos encerrarnos
en creer que sólo nosotros somos los capacitados para
darles el todo de Dios a esas vidas. Como familia, Dios
nos ha dado hermanos mayores, que han nacido primero que
nosotros, y que habiendo recorrido un gran trecho del
camino, pueden aportar de sus experiencias, de sus conocimientos
y del ministerio que Dios les ha dado para la formación
de nuestros discípulos. Por lo tanto, haya siempre en
nosotros un reconocimiento y una apertura al obrar de
Dios, quién puede usar también a otros ministerios para
la formación de nuestros propios hijos. Si bien nunca
el padre o la madre espiritual perderá su paternidad o
lugar, es necesario que todo el “consejo de Dios” alcance
a nuestros hijos para que lleguen a la madurez en el desarrollo
del propósito de Dios para sus vidas. Amén.
Pastor Celcio Contreras
Referencias
bíblicas: (1) Hechos 9:6. (2) Hechos 9:11. (3) Hechos
9:15.-