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El triunfo del sistema de la fe
Por el pastor Roberto Sórensen (Tomado con permiso de una Revista "Hoy" del año 1988)

"..Todavía nuestro continente espera hombres y mujeres que estén dispuestos a dejarlo 
todo  y "enterrarse" en pueblos, ciudades, provincias, naciones, comarcas, barrios, como una ofrenda para la salvación de los perdidos.."
Roberto Sórensen

Las luces tintineaban bajo la lona de la ya vieja carpa verde. El viento sacudía todo en aquella noche fría de Marzo, mientras alguien; quizás el hermano Celsio, trataba de dirigir el himno ocho del himnario "Firmes y Adelante". El hermano Samuel hacía vibrar el aire con el sonido cristalino de su trompeta, mientras que la hermana Ester, su esposa, tiraba el fuelle de un viejo acordeón. Era una de las primeras convenciones, ¿1958? ¿1959? Da lo mismo. El título era grande: "Convención Internacional" El grupo de obreros: chico. Un puñadito que se podría contar con los dedos de una mano.

Hacía tan poco que había comenzado todo, que habían alquilado el salón en Av. Colón, que habían fabricado los bancos, que se había tenido aquel primer "curso relámpago", donde en una locura de fe, habían salido una veintena de hermanos y hermanas a la Patagonia, creyendo locamente que Dios podía sostenerles aún en las gélidas tierras fueguinas. Cuánto desprecio le había acarreado todo esto por parte de respetables ex-compañeros en la obra, que no teniendo otro calificativo apropiado decían: "...Samuel se ha vuelto loco...¡Mandar a esos jovencitos al sur! ¡A morir de frío...! diciendo que Dios los va a sostener..."

Esa noche predicaba Hugo Contreras, tendrían todas las noches reuniones evangelísticas, y de día se juntarían con el puñadito de obreros y habría estudios. Hugo no había crecido, seguía bajito, pero esa noche parecía un gigante. Se agrandaba contando las maravillas que Dios estaba haciendo en el sur. Los milagros de provisión. Los milagros de conversión. Hombres borrachos y pendencieros caían y eran transformados bajo el ministerio de obreritas como Olinda y Amelia. Dios les abría las puertas y mandaba sus ángeles de protección en todo momento. Hugo Contreras se agrandaba, gritaba a voz en cuello, que Dios no había fallado, que había resultado en cada una de sus palabras, que el sistema de la fe había triunfado, que valía la pena dejarse guiar por un Dios fiel y verdadero. ¡Cuánto bien hacían estas palabras al corazón de Samuel! La carpa se hacía grande, la visión se ensanchaba, se oían millones de voces, en todos los idiomas. Todos cantaban, eran miles de trompetas, todos gritaban. ¡DIOS NO FALLA!¡LA FE TRIUNFO SOBRE LA INCREDULIDAD!

El viento frío que se colaba por debajo de la lona los traía crudamente a la realidad. No había recursos visibles.Todo era una batalla de fe. Un caminar como el de Abraham, colgado de la fe, creyendo que aquel que había prometido era fiel para cumplir. No había plata para edificar el templo. El templo era una carpa. No había vehículos. El único transporte era un sulki con un caballito gris. No había "medios". Un alúd de pensamientos atropellaban la mente fructífera de Samuel. Hay tantas cosas para hacer, tantas cosas para poner en marcha. La otra forma habría sido: Recorrer Estados Unidos, Canadá, Suecia. Pedir fondos, pedir ayuda para las misiones. Ahora ni siquiera contaba con su buen sueldo en dólares, (Que por años había recibido), pues había renunciado a éste, por caminar el camino de la fe.

Pero esa noche, al suave murmullo del viento que ya iba amainando, Colón iba quedando silenciosa, húmedas las mejillas de los presentes que pertenecían a rostros inclinados para recibir oración. El corazón de Samuel se iba aquietando. Allí estaban sus hijos sentados. Su esposa que retomaba el acordeón. No estaba loco. Esa noche, "la plantita de la fe" se había levantado con renovada lozanía. Ya no estaba solo en la empresa. Ya eran unos cuántos que podían decir que Dios no falla. Que Dios sostiene a sus siervos. Que el Dios que te guía, es el Dios que te va sostener y respaldar. Cuando las luces de la carpa se apagaban y era hora de volver a casa, hacía rato que había pasado la última "diligencia". Pero las treinta y seis cuadras hasta Parque Luro, eran cortas para contar lo que Dios podría hacer. Para hablar de conquistar el norte, conquistar el oeste. Tomar pueblos, ciudades y naciones.

Latinoamérica era chica. Esta visión no conocía fronteras. ¿Quien podía parar la fe? El mismo Dios de aquí, sería el Dios de todas partes. El mismo Dios que respaldaba aquí, sería el Dios que respaldaría a todo aquel que se animara a creer en Él, estuviere donde estuviere. No habría fronteras. No habría imposibilidades. Los corazones estaban henchidos. La alegría transitaba por cada partícula del organismo. Las riquezas y canciones se oían de lejos en la quietud de la noche. ¡Que bueno era Dios! ¡Que grande era sentirse protagonista de Su voluntad! Esa noche Samuel y Ester no podían conciliar el sueño. La emoción y alegría embargaba sus almas. ¿Qué designio divino tendría Dios en todo esto? ¿Cómo se desarrollarían los acontecimientos en el futuro? El tiempo lo diría. Uno de los principios del caminar por la fe es: Vivir día a día. Y Samuel se durmió con su mente inundada por esta canción, que siempre cantó hasta el final de sus días: 

"..Día en día Cristo me acompaña
Y me brinda dulce comunión
Todos mis cuidados él los lleva
A él le entrego mi alma y corazón.." 

"..No hay medida del amor supremo
De mi bondadoso y fiel pastor
Él me suple lo que necesito
Pues el pan de vida es mi Señor.."         

Hoy estamos en el ochenta y ocho. Han pasado treinta años. Mucho tiempo o poco. Para algunos el tiempo ha volado. Para otros es toda una vida. Algunos de sus actores ya no están. El hermano Samuel está con el Señor. Pero muchas dudas se han despejado. El tiempo dió la razón a aquellos visionarios. ¡¡¡El sistema de la Fe triunfó!!! Hoy hay cientos y cientos de obras y obreros en todo el país. Todas las provincias están tomadas. Hay otras en Chile, Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay, España y Cabo Verde. Las Convenciones Internacionales ya no sólo es nombre grande. Hoy son multitudinarias. De aquella vieja carpita se ha pasado ya por dos campamentos, uno mayor que el otro, y ahora aún mirando por un tercero de dimensiones mucho mayores. Templos edificados por todas partes. Uno más grande y más hermoso que el otro. En las convenciones vemos carpas, casas rodantes, autos de primera línea. Todo en abundancia. Familias prosperadas. Iglesias prosperadas. Aquel que salió con una valijita de cartón hace unos años, hoy viene cargado de bendiciones y contando victorias.         

¿Qué ha pasado? Dios se ha encargado de demostrar que él es poderoso para cumplir y respaldar cada una de sus palabras. Y que aquel que en él creyere, no será avergonzado. Aunque, debemos confesarlo, no creo que hayamos cumplido todo el mandato histórico que nos cabe. Leía un párrafo de un escrito del hermano Samuel, en una revista Hoy de 1965: "..estamos mirando que a la postre de este curso han de salir docenas de obreros a la obra del Señor, en las distintas comarcas de nuestro continente.." Por lo que se alcanza a apreciar, la visión no se limita exclusivamente a la Argentina o pisando un poquito países limítrofes, "..entrar en distintas comarcas de nuestro continente..", me habla de entrar profundamente, de tomar nuestro continente. Como un día miramos a Argentina como un campo virgen y necesitado de esta fe. Tenemos que entrar en todos los países de nuestro continente.          

Jóven, Hermana, Hermano. Terminaré con algunas frases de esta invitación al curso del año 1965, escritas por el hermano Samuel y que son más reales que nunca. "..Prepárece ahora mismo para el servicio del Señor. No postergue más. El mundo perece en oscuridad espiritual y necesita hombres y mujeres que no estimen sus vidas preciosas para sí mismos, sinó que estén dispuestos a arriesgar el todo por el todo de Dios para llevarles a la vida eterna. Lo que el mundo necesita es el Evangelio pleno, no de humana sabiduría, sino lleno del poder del Espíritu Santo y virtud del cielo. Si hoy nosotros como cristianos, no nos arriesgamos a proclamar la verdad, mañana sufriremos en medio de un mundo en bancarrota y caos. Libremos nuestras almas. PREPARESE SIN MAS DILACION.."         

Hermano, hermana, gracias a Dios por los tele-evangelistas, radio-evangelistas, ministerios famosos, grandes campañas, etc. Pero nuestro mundo no se va a convertir por ellos. Todavía nuestro continente espera hombres y mujeres que estén dispuestos a dejarlo todo y "enterrarse" en pueblos, ciudades, provincias, naciones, comarcas, barrios, como una ofrenda para la salvación de los perdidos. Y el Dios que ha sostenido y sostiene a miles de obreros en el mundo, pondrá todo su poder, su gracia y sus recursos a disposición de aquel que se anime a creer. LA FE TRIUNFO, TRIUNFO, TRIUNFO, y seguirá triunfando mientras haya alguien dispuesto a creer.

 

                                                                       Pastor Roberto Sórensen