El
calvario, la historia
de amor por excelencia
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| Por
el pastor Manuel Romero |
Aquel
Getsemaní y el Calvario
"..Y estando en agonía,
oraba mas intensamente; y
era su sudor como grandes
gotas de sangre que caían
hasta la tierra.." (Lucas
22:44).
Junto
a otros textos de la Palabra
de Dios que hablan del sufrimiento
del Señor Jesucristo, hallamos
este citado versículo del
Evangelio de Lucas, donde
se nos narra el estado espiritual,
sentimental y emocional del
Señor, usando la palabra "agonía",
en la noche de su arresto.
Previo a ello el Señor había
participado con sus discípulos
de la institución de los emblemas
del nuevo pacto, que El había
hecho para enseñarles acerca
del sacrificio de sí mismo,
que horas mas tarde comenzaría
a cumplirse.
Había
llegado la hora de enseñarles
en carne propia, que los animales
y la sangre de éstos ya no
cumplirían ninguna función
a partir del calvario, ni
sobre las culpas (los sentimientos
morales dañados) ni sobre
el pecado (lo espiritual dañado),
sino que el precio que Dios
el Padre demandaba era el
cuerpo de un hombre, en sacrificio
por el pecado. (Hebreos 10:5).
El plan ya vino desde la eternidad
de Dios. El acuerdo entre
el Padre y el Hijo estaba
ya firmado mediante el Espíritu
Eterno. (He 9:14; Salmo 40:
7 y 8).
Aquella
noche en que él sería arrestado,
estando junto a sus discípulos,
tomó el pan y habiendo dado
gracias lo partió y dijo:
"..Esto es mi cuerpo,
que por vosotros es dado;
haced esto en memoria de mi.."
En cuanto a la copa les
dijo: "..Esta copa
es el nuevo pacto en mi sangre,
que por vosotros se derrama.."
(Lucas 22: 19 y 20). El
Señor estaba sabiéndolo todo.
Mas aún, lo vemos preparando
el camino de la redención.
Dice que el Señor cantó un
himno con sus discípulos antes
del ir al huerto donde mas
tarde fue arrestado. (Mateo
26:30), pero cuando llegó
al monte de los Olivos, a
un huerto que se llamaba Getsemaní,
allí comenzó a angustiarse,
pues el momento había llegado.
Allí fue donde dijo a sus
discípulos: "..Mi
alma está muy triste, hasta
la muerte;.." (Mateo
26:38) Eso es "agonía",
tristeza de muerte. El Señor
sufrió gran agonía cuando
mis culpas y las tuyas comenzaron
a asentarse sobre él.
La
agonía comenzó cuando como
redentor ordenado por la voluntad
divina, debía redimir al hombre
muriendo en una cruz. Y como
hombre que era, portando un
cuerpo de hombre débil, con
temores, con miedo, con deseos
propios, con voluntad propia,
con sentimientos propios,
sentía que la carga era mucha
y que el dolor sería aún mas
terrible. El estaría sintiendo
por anticipado, por así decirlo,
las espinas, los látigos,
los clavos que vendrían después.
El Señor no imaginaba al dolor
cobardemente, ni era una utopía
en su mente aquellos de los
clavos, ni una hipótesis lo
que le esperaba en la cruz.
No. Sino que sabiendo y conociendo
el régimen romano y su castigo,
Jesús no ignoraba el dolor
de sus horas futuras. El dijo:
"..Padre mío, si es
posible pasa de mi esta copa.."
Esa fue la expresión de la
carne, aterrada por el momento
de las horas venideras, pues
ya las estaba viviendo en
el espíritu. Pero continuó
diciendo "..que no
sea mi voluntad sino la tuya.."
Esa fue la expresión del espíritu,
de un espíritu quebrantado,
dispuesto a complacer la divina
voluntad. Dice el apóstol
escribiendo a los Hebreos
(Hebreos 10:10) "..En
esa voluntad somos santificados.."
Permítaseme
decir, que la terrible agonía
del Señor no fue secuela de
una lucha interna entre el
obedecer y el temor a la muerte.
Al contrario, dice la Palabra
de Dios que: "..por
el gozo puesto delante de
él sufrió la cruz.."
(Hebreos 12:2).
Pero
lo mas factible de su gran
agonía, tal que su sudor se
mezcló con sangre, fue obviamente
el pecado del mundo, que era
pesado como el mundo mismo,
pero a la vez estaban pesando
las indiferencias a este sacrificio,
la incredulidad de otros y
la deslealtad de los que habiendo
de ser santificados luego
lo desecharían, pisoteando
y negando la sangre que los
habría limpiado, yendo a perdición
eterna por rechazar tan precioso
sacrificio.
Jesús
sabía que moriría por todo
el mundo, pero que muchos,
aún contando con su sangre
derramada gratuitamente, no
creerían. Lo más pesado sobre
el Señor siempre fue la incredulidad
de los hombres. Pero igualmente
el gemía y se angustiaba por
todos nosotros en el huerto
de Getsemaní. El nombre
de este huerto, tenía en sí
un significado exacto para
la ocasión,
cuyo
fin se cumpliría en el mismo
Señor esa misma noche. Getsemaní.
Esto significa "prensa".
También puede entenderse como
"presión" (algo
que aprieta muy fuerte). En
ese lugar, en tiempos muy
lejanos, estaban las moliendas
del fruto del olivo, del que
se extraía el aceite. Con
la misma presión con que se
comprimía el fruto del olivo
para sacar el producto, vemos
a Jesús bajo nuestros pecados,
que fueron aún más pesados
que aquellas piedras que comprimían
el fruto del olivo en la moliendas.
Jesús fue allí, por nosotros,
para librarnos de la muerte
eterna.
Dice
Dios en su palabra: "..Porque
no quiero la muerte del que
muere, dice Jehová el Señor;
convertíos, pues, y viviréis.."
(Ezequiel 18:32). Por esta
escritura vemos que el Señor
todavía siente agonía por
los que se pierden. De ahí
que: "..hay gozo delante
de los ángeles de Dios, por
un pecador que se arrepiente.."
Sí, su agonía fue más por
lo que lo rechazarían.
Murió
en tremenda soledad
Una
de las cosas más terribles
en tiempos malos es la soledad.
El ser humano no fue creado
para estar solo. Fue lo único
incorrecto que notó el Señor
en su creación, y dijo: "..No
es bueno que el hombre esté
solo;.." Luego todo
era "..bueno en gran
manera.." (Génesis
2:18 y 1:31).
La
soledad en buenos tiempos,
(en forma normal), es y podría
ser una terapia cuando se
trata de un tiempo tomado
para descansar y/o meditar.
La soledad es muy útil en
tiempos de confusión, pues
en ese lapso podría la persona
reafirmar sus pensamientos
o reflexionar. La soledad
debería ser siempre justificada
con un motivo especial, pues
de lo contrario, podría llegar
a ser una puerta abierta a
los malos espíritus. Es buena
la soledad temporaria para
un acondicionamiento personal;
síquica, física y espiritualmente.
Si somos hijos de Dios, sería
muy bueno de tanto en tanto,
un tiempo en soledad para
tener un gran encuentro con
el Padre celestial. En ella
Dios nos enseña muchas cosas,
Sin embargo, al tiempo adecuado,
debemos volver a la normalidad
de la convivencia, en comunión
y comunicación.
El
destierro era una costumbre
severa de disciplina en el
mundo antiguo (Esdras 7:26)
El destierro era y es aún
motivo de soledad, y se usa
para producir un quebrantamiento
del ego al hombre y humillarlo
por medio de la angustia,
pues como hemos visto al comienzo
de esta parte, el hombre no
fue creado para estar solo.
Y cuando está en involuntaria
soledad, si ésta es prolongada,
producirá amargura de espíritu
en él. La tristeza, la aflicción
y la nostalgia, comienzan
a hacer presa de quién estuviere
en absoluta y exigida soledad.
Cuando
Jesús estuvo orando en el
huerto del Getsemaní, quiso
estar solo por algunos minutos
(Una hora) pero luego buscó
el compañerismo de los suyos.
(Mateo 26:40), pero cuando
lo arrestaron, sus discípulos
lo abandonaron y huyeron dejándolo
solo en manos de sus opresores.
Toda la noche estuvo solo,
siendo escarnecido, sin tener
quién lo aliente o consuele.
Sólo antes, mientras el Señor
oraba agonizante, vinieron
ángeles a fortalecerlo, pero
de sus discípulos no quedó
ninguno que lo asistiera en
su prisión. En la cárcel estuvo
atado y sólo, fue llevado
ante el gobernador atado y
solo, cuando se dictó su sentencia
estaba solo y siempre solo.
Si
la soledad es una terapia
en tiempos apropiados, no
lo es así en tiempos de tribulación
o aflicción. En la angustia
es cuando necesitamos al amigo
o compañero. Cuando Jesús
oraba en el huerto, ya sentía
la soledad dentro de sí. Ya
sabía que nadie estaría a
su lado mas tarde. Sentía
la soledad que sentiría en
la cruz, allá donde mas tarde
ni el Padre estaría a su lado.
El Señor fue quebrantando
por el mismo Padre por medio
de la soledad, pues dijo el
profeta Isaías que "..aunque
nunca hizo maldad, ni hubo
engaño en su boca. Con todo
eso, Jehová quiso quebrantarlo,
sujetándole a padecimiento.."
(Isaías 53: 9 y 10).
Creo
que la agonía llegó a su clímax,
cuando el Padre lo abandonó.
Eso sería algo así como sufrir
"la muerte segunda"
porque esa será la separación
eterna del alma con la presencia
de Dios. Si esta figura cabe
allí, en el momento del abandono
del Padre a su Hijo amado
en la cruz como una muestra
para todos nosotros, podemos
decir a todos confiadamente
que Jesús sufrió por adelantando
también el daño de la muerte
segunda, para que los que
crean en su nombre no sufran
el daño de la muerte segunda.
(Apocalipsis 20:14). Todo
aquel que cree en Jesús, no
sufrirá el daño mas grave
de toda la historia del ser
humano, porque Jesucristo
en la cruz ya venció el poder
de la muerte segunda, y no
estará en el absoluto y eterno
silencio sin la presencia
de Dios, sino que estará con
Dios y con sus santos para
siempre en luz eterna con
los ángeles y con el Cordero
de Dios. Cristo Jesús.
El
Señor estuvo sujeto a todo
padecimiento que el Padre
en su sola potestad supo preparar
para el Redentor. No solo
sufrió la soledad de espíritu
cuando el Padre lo abandonó
en la cruz. Sus discípulos
lo abandonaron y de entre
ellos, uno llamado Judas,
fue el que lo entregó en manos
de pecadores para ser crucificado.
Mas tarde, Simón Pedro lo
negó lisa y llanamente, diciendo
con juramentos y maldiciones
que "no lo conocía".
Nadie apareció para alcanzarle
un bocado de alimento o un
poco de agua. Toda la noche
estuvo siendo abofeteado y
escarnecido. Todos los que
pasaban se mofaban del Salvador.
Sin dormir toda una noche
y estando expuesto a burlas
y a los treinta y nueve azotes
en sus espaldas, dado por
un soldado romano con crueldad
y con látigos nada convencionales,
pues según las costumbres
de los romanos, los látigos
del tormento debían tener
unas durezas distanciadas
por algunos centímetros y
con ello azotaban las espaldas
de los llamados "reos".
Esos látigos abrían hondas
heridas en las espaldas del
que fuera azotado.
Así,
con sus espaldas heridas y
con una corona de espinas
entretejidas, colocada en
sus sienes, el Señor Jesús
tomó su cruz y la llevó hasta
el pequeño cerro llamado "Calvario"
y también "Gólgota",
que significa "lugar
de la calavera". Un terrible
sitio de muerte. Allí lo clavaron
en la cruz, y cuando estaba
en terrible agonía de soledad
y dolor pidió agua diciendo:
"tengo sed". Entonces
le dieron a beber vinagre
mezclado con hiel. Su clamor
terrible y doloroso fue cuando
reclamó la presencia de su
Padre. "..Dios mío,
Dios mío ¿Por qué me has desamparado?.."
En
medio de mortal dolor vio
a una mujer que lloraba. Era
María, su madre, a quién Jesús
desde la cruz la consoló dejándole
un joven como hijo sustituto,
diciéndole: "..mujer,
he ahí tu hijo..".
Y dijo al joven sustituto
"..he ahí tu madre..".
Aquella madre a quién llamarían
bienaventurada por cuanto
dio a luz al Salvador del
mundo que sabía que una espada
dolorosa traspasaría su corazón,
quizás cuando Jesús le dijo
en unas bodas en Caná de Galilea,
"..¿Qué tienes conmigo
mujer?.." o cuando
oyó a su hijo decir desde
la cruz "..tengo sed.."
o al oírle clamar diciendo:
"..Dios mío, Dios
mío ¿Por qué me has desamparado?..",
aquella mujer estaba contemplando
la terrible soledad de su
hijo a quien lo había criado
con todo cariño y cuidado
en el temor de Dios.
De
sus discípulos Jesús no se
confiaba, pero aquí alguien
de quien el dijo que nunca
lo dejaba, ahora tampoco estaba
allí, en el peor de los momentos
(Juan 8:29). El Padre lo desamparó.
Murió solo. El Padre no pudo
ver nuestros pecado sobre
su Hijo. Cristo clamó a Dios
diciendo: "¿Por qué me
has abandonado?" Dios
se había apartado de su lado
por un instante. (Isaías 54:
7 y 8), pero después lo visitó
con su poder para resucitarle
de entre los muertos y darle
eternamente el reinado. Dios
le dejó por un tiempo, pero
Jesús sintió esa terrible
ausencia como si fuera una
eternidad. Dios es espíritu,
pero Jesús no sintió al Espíritu
de Dios a su lado.
Eso
es soledad. Sentirse sin la
presencia de Dios. Por eso
dijimos anteriormente que
Jesús ya venció a la muerte
como resultado del pecado
y venció a la muerte segunda,
que es la eterna ausencia
de Dios para el alma en el
mas allá. Por esto, cada ser
humano debe entregar su corazón
a Dios y adorar a Jesús el
Salvador. También vemos que
Jesús no murió dentro de la
ciudad de Jerusalén, sino
que lo sacaron fuera de ella.
Eso es otra cara de su soledad.
El Señor al morir, no contó
con aquellos que gozaron de
su ministerio. Todos los que
habían recibido sus beneficios
ahora lo habían abandonado
a la suerte de sus verdugos.
No
lo dejemos otra vez solo.
Sigámosle y sirvámosle con
amor porque él murió por todos
nosotros. (2 de Corintios
5:15).
Fue
víctima del ensañamiento humano
"..Pero
uno de los soldados le abrió
el costado con una lanza,
y al instante salió sangre
y agua.."
(Juan 19:34).
Relato
tan tétrico como lo es el
del calvario, no podría jamás
existir ni reiterarse. Otro
ensañamiento igual al que
fuera sometido el Hijo de
Dios por causas ajenas, sería
difícil y hasta imposible
hallar. Es el cuadro mas conmovedor
de todo el relato de la crucifixión.
Es una de las escrituras mas
dolorosas e indignantes a
la vez. Probablemente sea
este el texto bíblico que
produce una reacción instantánea
en el espíritu del hombre,
en lo que a instinto humano
se refiere. En algunos, por
ser éstos tan incrédulos y
hasta malvados, produciría
un ánimo de venganza, pero
en los que son de corazón
tierno, produce quebrantamiento
de espíritu y contemplan al
Salvador con lágrimas.
Hay
quienes han jurado no llorar
jamás. Sin embargo, al leer
este párrafo bíblico o al
oírlo cuando algún predicador
bajo el poder del Espíritu
Santo pudo narrar esta historia
de la crucifixión, fueron
quebrados y sus fuentes lagrimales
dieron a entender que, tales
personas estarían reconociendo
lo terrible del dolor por
causa de sus pecados. Algunos
se cubren el rostro con sus
manos o algún pañuelo, aún
cuando se autotitularon "duros".
¿Por qué? Porque todo lo que
el Espíritu Santo hace, produce
una reacción en el hombre,
y creemos que la reacción
que produce la historia del
calvario, cambia al hombre
y éste no queda igual. El
impío o el necio muy a menudo
pueden disimular de las mas
brillante manera, pero para
engañarse a si mismo, por
causa de su orgullo y soberbia,
pero los que son de corazón
humilde no pueden quedar sin
sollozar.
Cuando
el Hijo de Dios estaba inmolando
su vida en rescate del pecador,
el Espíritu Santo estaba respaldando
la voluntad divina. (Hebreos
9:14). No existe hombre alguno
que pudiera pagar la vida
de su prójimo sometiéndose
o exponiéndose a semejante
crueldad. (Romanos 5:7). Para
los escépticos, el cuadro
del calvario es nada más que
una historia sangrienta, cuando
no la tilda de hipótesis o
misticismo. No obstante, existen
registros en la historia de
la humanidad que muestran
la realidad del holocausto
redentor, para redimir al
mundo de su culpa, de su maldad,
de su pecado.
La
historia habla de un evento
natalicio, que sin lugar a
dudas, mencionan lugares y
nombres de personas que fueron
protagonistas de estas cosas,
y que participaron en el nacimiento
de un niños en tierra de Belén,
a quien llevaron al templo
y lo llamaron JESUS, nacido
de una pareja judía, nacido
como todos los hombres excepto
el espacio físico que albergó
a la madre para dar a luz
a su primogénito.
Su
madre se llamaba María y su
padre José. Aunque este niño
no era hijo biológico de aquel
hombre llamado José, pues
el niño fue engendrado por
el Espíritu Santo de Dios
en el vientre de María. Es
el milagro de la concepción
virginal permitida una vez
por la voluntad de Dios, porque
debía nacer uno que no tuviera
nada que ver con las especulaciones
humanas. Este niño llamado
Jesús, fue criado en una familia
laboriosa y conocida por todos.
Un niño prodigioso y diferente
a todos. Mas tarde fue un
joven de trabajo y se comenta
en la Biblia que su padre
fue de carpintero de oficio.
(Mateo 13:55).
Fue
un hombre lleno de virtudes
que anduvo haciendo bienes,
que daba libertad a los oprimidos
por poderes diabólicos, y
sanaba a todos los enfermos
que venían a El. Libraba a
todos de diversos males y
daba prosperidad a los pobres
por medio del mensaje del
evangelio glorioso que predicaba
en todas las regiones, porque
el Espíritu de Dios estaba
con El. (Hechos 10:38).
El
mundo en todas sus épocas
fue azotado por distintas
plagas, miserias y muertes,
pero este hombre, de quién
algunos hacen una utopía,
vino al mundo para dar al
hombre todo lo que éste necesita
hasta hoy, perdón de pecados,
cualquiera fuere, sanidad
de cualquier enfermedad, sin
mencionar sus nombres, pues
dice la Biblia que: "..sana
todas tus dolencias..",
y mediante el perdón de pecados
también el hombre puede gozar
de bendiciones materiales
y de bienes terrenales. Todas
estas cosas le serán dadas
al hombre que cree en el nombre
de Jesús que nació en tierras
de Galilea.
La
historia dice que en tiempo
de Cirenio el emperador romano,
éste promulgó un censo para
que todos fuesen empadronados,
se habla también de una gran
estrella, un astro semejante
a un cometa, que se asentó
sobre la ciudad de Belén en
el mismo tiempo. También por
ese tiempo aconteció un gran
infanticidio ordenado por
el entonces famoso rey Herodes.
Fue un intento de matar al
recientemente nacido niño
Jesús. Se habla de un Tiberio
César, de un Poncio Pilato
que fuera gobernador del imperio
romano en Judea, y que este
Pilato fue el que vencido
por la turba, por la gran
masa de gente que gritaba
pidiendo muerte, mandó crucificar
al hombre llamado Jesús.
Todas
estas cosas registran la historia
y hasta sirvió de señal en
ella, puesto que al referirse
a sus anales se dice A.C y
D.C. (Antes y después de Cristo).
Este Jesús que nació en Belén
y que con su nacimiento dividió
en dos la historia del mundo
y su calendario, fue maltratado,
injuriado y castigado con
látigos que según las costumbres
romanas, tenían durezas que
producían hondas heridas en
el cuerpo del que fuera azotado.
Así, bajo ese tormento de
azotes fue también coronado
con una corona que hicieron
con espinas entretejidas,
y se burlaron de El diciéndole
"..salve Rey de los
judíos.." Cubriéndole
el rostro le daban bofetadas
y desnudándolo le cubrieron
con un manto de color escarlata
y hacían burla de El como
si fuera un rey que cayera
en manos de sus enemigos.
Y
justamente eso es lo que sucedía
en esos momentos, pues El
es el Rey de la gloria, el
verdadero Rey de los judíos,
y por voluntad de Dios para
la redención del mundo, ahora
se hallaba en manos de sus
adversarios, ingenuos e ignorantes
de los propósitos eternos
de Dios. Estos enemigos con
cada cosa que hacían iban
cumpliendo los designios del
Padre Celestial.
Ellos
le decían "..salve
Rey de los judíos.."
y realmente era su Rey, nada
más que ellos no lo recibieron
(Juan 1:11) También lo vistieron
con un manto de color escarlata.
Esto también tenía un gran
y profundo significado, pues
dice la Biblia "..si
vuestros pecados fueren como
la grana.." (Isaías
1:18). La grana y el color
escarlata son del mismo tono,
el mismo color. Esto nos habla
del pecado y nos habla por
medio de este color acerca
del mismo diablo y Satanás,
que aparece como el gran "..dragón
escarlata.." (Apocalipsis
12:3). Satanás es el autor
del pecado, así que con el
color escarlata estaban haciendo
una apología del reino satánico
sobre el cuerpo vivo del Señor.
El reino satánico es el pecado
mismo. Ahora miremos lo que
dice la palabra de Dios "..Al
que no conoció pecado, por
nosotros lo hizo pecado, para
que nosotros fuésemos hechos
justicia de Dios en El.."
(2 de Corintios 5:21). Dios
mismo lo hizo pecado por nosotros,
para destruir al pecado en
el cuerpo de Cristo. (Romanos
8:3).
Por
esto decimos todo lo que los
hombres hicieron sobre el
Señor, quién cargó una pesada
cruz que le impusieron llevarla,
subiendo la cuesta de un pequeño
cerro llamado Monte Calvario,
también denominado Gólgota
que significa "lugar
de la calavera". Nosotros
lo llamaríamos "el cerro
de la muerte". Allí eran
ejecutados los que tenían
sentencia de muerte por las
cosas terribles o aberrantes
que pudieran haber hecho.
Allí morían los "reos"
como se dijo de Jesús el Salvador
(Mateo 26:66). Fue allí donde
nuestro Salvador dio su vida
por los pecados del mundo.
(1 de Juan 2:2). Esto no es
una utopía. No es una historia
de la vida civil y mucho menos
una "historieta".
Esta es la historia por
excelencia, la que da
vida eterna, la que salva
del pecado y da salud y vida
a la humanidad.
Fue
allí en ese Monte Calvario,
el lugar de la calavera, donde
el Señor Jesucristo fue clavado
en una dura cruz para redimirnos
hasta hoy de todos nuestros
pecados. Fue allí en esa cruz
donde la ardiente sed secó
su lengua y no tuvo quien
le diera a beber una sola
gota de agua, pero si le dieron
vinagre mezclado con hiel.
Fue allí donde cargó nuestros
pecados, como aquel macho
cabrío del antiguo tiempo
que llevaba los pecados al
desierto. Fue allí donde muere
desamparado del Padre. Fue
allí donde un soldado al hallarlo
ya muerto no le quiebra los
huesos como era la costumbre
romana, pues antes de que
el sol se pusiera debían quebrarle
los huesos de los dos piernas
a los que estaban en la cruz.
Pero al Señor no le quebraron
los huesos porque ya había
muerto y así estaba escrito.
(Salmo 34:20).
Pero
fue allí donde un soldado
viéndole ya muerto, toma una
lanza y con ella traspasa
el costado del Hijo de Dios,
nuestro Redentor, cruelmente
abre el costado del cuerpo
sin vida. Tal ensañamiento
no se ha visto y nunca más
se verá por causas ajenas.
Pero esta historia de sufrimiento
brevemente anotada una vez
mas sobre la página, y descripta
como el mas alto ensañamiento
que se haya podido ver sobre
alguien inocente, no es otra
cosa que una historia de amor.
Y es así la historia del Calvario.
No es otra cosa que la antigua
historia del amor de Dios
hacia el hombre pecador. "..Porque
de tal manera amó Dios al
mundo, que ha dado a su Hijo
unigénito, para que todo aquel
que en él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna.."
(Juan 3:16).
¡Resucitó!
Mi
querido hermano o amigo. La
historia de la redención no
termina con la muerte del
Redentor, pues aún debemos
hablar de las cosas que siguen
después de su muerte.
El
Señor fue sepultado como todos
los que mueren, pero al tercer
día de su muerte, Jesucristo
resucitó de entre los muertos
y estuvo con todos sus apóstoles
hablándoles del Reino de Dios,
y después de darles la gloriosa
comisión de predicar el evangelio
en todo el mundo, una nube
lo llevó al cielo y los apóstoles
se quedaron mirando lo que
acontecería. Luego ellos fueron
llenos del Espíritu Santo
y comenzaron a predicar con
poder el perdón de los pecados,
a sanar a todos los enfermos,
y a anunciar a todos que aquel
que murió en la cruz, y que
resucitó de entre los muertos
por el poder del Padre, volvería
a la tierra otra vez para
juzgar a los vivos y a los
muertos.
Este
es el mensaje que perdura
hasta este día.
Por
esto HOY, en la fecha
en que estás leyendo este
escrito, queremos decirte
que Jesucristo derramó su
sangre por ti también. Créelo
con todo tu corazón.
Su
agonía fue para nuestra paz.
Su soledad fue para la bendición
en familia, y esa familia
puede ser la que te rodea
hoy y que también está en
el plan de salvación de Dios,
pero Dios quiere que pertenezcamos
a la familia celestial en
los cielos, aquella que nos
espera a los que hayamos aceptado
la obra que Jesús hizo por
nosotros en la cruz del Calvario.
Su sangre derramada en la
cruz, cuando el soldado le
abrió el costado con una lanza,
quita todos nuestros pecados.
Las heridas en su cuerpo,
SANAN todas nuestras enfermedades.
Su aflicción en la cruz fue
para que gocemos hoy de vida
feliz por fe en El. Dijo Jesús
"..Al que cree todo le
es posible..".
Te
invitamos a creer en Jesús
para que seas salvo, para
que tengas la presencia de
Dios en tu vida, y que tu
vida redimida por la sangre
de Jesús esté también preparada
para recibir al Señor de los
cielos, cuando muy pronto
El vuelva a la tierra.
Ora
esta oración allí donde te
encuentres "..Padre
Dios, me vuelvo a ti reconociendo
todos mis pecados. Creo en
tu Hijo Jesús que murió por
mi, en medio de terrible dolor
y vergüenza. Creo en aquel
Getsemaní y en la agonía que
sufrió por mi, Creo en el
Nombre de Jesús y en su sangre
que me limpia de todos mis
pecados. Creo que Jesús es
el Señor y que resucitó de
entre los muertos por el poder
de Dios, que vive para siempre
y que volverá por mi. ACEPTO
A JESUS COMO NI UNICO SALVADOR
Y SEÑOR. AMEN.."
Por
el pastor Manuel Romero