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El calvario, la historia de amor por excelencia

Por el pastor Manuel Romero

Aquel Getsemaní y el Calvario
"..Y estando en agonía, oraba mas intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.." (Lucas 22:44).


Junto a otros textos de la Palabra de Dios que hablan del sufrimiento del Señor Jesucristo, hallamos este citado versículo del Evangelio de Lucas, donde se nos narra el estado espiritual, sentimental y emocional del Señor, usando la palabra "agonía", en la noche de su arresto. Previo a ello el Señor había participado con sus discípulos de la institución de los emblemas del nuevo pacto, que El había hecho para enseñarles acerca del sacrificio de sí mismo, que horas mas tarde comenzaría a cumplirse.

 Había llegado la hora de enseñarles en carne propia, que los animales y la sangre de éstos ya no cumplirían ninguna función a partir del calvario, ni sobre las culpas (los sentimientos morales dañados) ni sobre el pecado (lo espiritual dañado), sino que el precio que Dios el Padre demandaba era el cuerpo de un hombre, en sacrificio por el pecado. (Hebreos 10:5). El plan ya vino desde la eternidad de Dios. El acuerdo entre el Padre y el Hijo estaba ya firmado mediante el Espíritu Eterno. (He 9:14; Salmo 40: 7 y 8).

Aquella noche en que él sería arrestado, estando junto a sus discípulos, tomó el pan y habiendo dado gracias lo partió y dijo: "..Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mi.." En cuanto a la copa les dijo: "..Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.." (Lucas 22: 19 y 20). El Señor estaba sabiéndolo todo. Mas aún, lo vemos preparando el camino de la redención. Dice que el Señor cantó un himno con sus discípulos antes del ir al huerto donde mas tarde fue arrestado. (Mateo 26:30), pero cuando llegó al monte de los Olivos, a un huerto que se llamaba Getsemaní, allí comenzó a angustiarse, pues el momento había llegado. Allí fue donde dijo a sus discípulos: "..Mi alma está muy triste, hasta la muerte;.." (Mateo 26:38) Eso es "agonía", tristeza de muerte. El Señor sufrió gran agonía cuando mis culpas y las tuyas comenzaron a asentarse sobre él.

La agonía comenzó cuando como redentor ordenado por la voluntad divina, debía redimir al hombre muriendo en una cruz. Y como hombre que era, portando un cuerpo de hombre débil, con temores, con miedo, con deseos propios, con voluntad propia, con sentimientos propios, sentía que la carga era mucha y que el dolor sería aún mas terrible. El estaría sintiendo por anticipado, por así decirlo, las espinas, los látigos, los clavos que vendrían después. El Señor no imaginaba al dolor cobardemente, ni era una utopía en su mente aquellos de los clavos, ni una hipótesis lo que le esperaba en la cruz. No. Sino que sabiendo y conociendo el régimen romano y su castigo, Jesús no ignoraba el dolor de sus horas futuras. El dijo: "..Padre mío, si es posible pasa de mi esta copa.." Esa fue la expresión de la carne, aterrada por el momento de las horas venideras, pues ya las estaba viviendo en el espíritu. Pero continuó diciendo "..que no sea mi voluntad sino la tuya.." Esa fue la expresión del espíritu, de un espíritu quebrantado, dispuesto a complacer la divina voluntad. Dice el apóstol escribiendo a los Hebreos (Hebreos 10:10) "..En esa voluntad somos santificados.."

Permítaseme decir, que la terrible agonía del Señor no fue secuela de una lucha interna entre el obedecer y el temor a la muerte. Al contrario, dice la Palabra de Dios que: "..por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz.." (Hebreos 12:2).

Pero lo mas factible de su gran agonía, tal que su sudor se mezcló con sangre, fue obviamente el pecado del mundo, que era pesado como el mundo mismo, pero a la vez estaban pesando las indiferencias a este sacrificio, la incredulidad de otros y la deslealtad de los que habiendo de ser santificados luego lo desecharían, pisoteando y negando la sangre que los habría limpiado, yendo a perdición eterna por rechazar tan precioso sacrificio.

Jesús sabía que moriría por todo el mundo, pero que muchos, aún contando con su sangre derramada gratuitamente, no creerían. Lo más pesado sobre el Señor siempre fue la incredulidad de los hombres. Pero igualmente el gemía y se angustiaba por todos nosotros en el huerto de Getsemaní. El nombre de este huerto, tenía en sí un significado exacto para la ocasión,

cuyo fin se cumpliría en el mismo Señor esa misma noche. Getsemaní. Esto significa "prensa". También puede entenderse como "presión" (algo que aprieta muy fuerte). En ese lugar, en tiempos muy lejanos, estaban las moliendas del fruto del olivo, del que se extraía el aceite. Con la misma presión con que se comprimía el fruto del olivo para sacar el producto, vemos a Jesús bajo nuestros pecados, que fueron aún más pesados que aquellas piedras que comprimían el fruto del olivo en la moliendas. Jesús fue allí, por nosotros, para librarnos de la muerte eterna.

Dice Dios en su palabra: "..Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis.." (Ezequiel 18:32). Por esta escritura vemos que el Señor todavía siente agonía por los que se pierden. De ahí que: "..hay gozo delante de los ángeles de Dios, por un pecador que se arrepiente.." Sí, su agonía fue más por lo que lo rechazarían.

Murió en tremenda soledad

Una de las cosas más terribles en tiempos malos es la soledad. El ser humano no fue creado para estar solo. Fue lo único incorrecto que notó el Señor en su creación, y dijo: "..No es bueno que el hombre esté solo;.." Luego todo era "..bueno en gran manera.." (Génesis 2:18 y 1:31).

La soledad en buenos tiempos, (en forma normal), es y podría ser una terapia cuando se trata de un tiempo tomado para descansar y/o meditar. La soledad es muy útil en tiempos de confusión, pues en ese lapso podría la persona reafirmar sus pensamientos o reflexionar. La soledad debería ser siempre justificada con un motivo especial, pues de lo contrario, podría llegar a ser una puerta abierta a los malos espíritus. Es buena la soledad temporaria para un acondicionamiento personal; síquica, física y espiritualmente. Si somos hijos de Dios, sería muy bueno de tanto en tanto, un tiempo en soledad para tener un gran encuentro con el Padre celestial. En ella Dios nos enseña muchas cosas, Sin embargo, al tiempo adecuado, debemos volver a la normalidad de la convivencia, en comunión y comunicación.

El destierro era una costumbre severa de disciplina en el mundo antiguo (Esdras 7:26) El destierro era y es aún motivo de soledad, y se usa para producir un quebrantamiento del ego al hombre y humillarlo por medio de la angustia, pues como hemos visto al comienzo de esta parte, el hombre no fue creado para estar solo. Y cuando está en involuntaria soledad, si ésta es prolongada, producirá amargura de espíritu en él. La tristeza, la aflicción y la nostalgia, comienzan a hacer presa de quién estuviere en absoluta y exigida soledad.

Cuando Jesús estuvo orando en el huerto del Getsemaní, quiso estar solo por algunos minutos (Una hora) pero luego buscó el compañerismo de los suyos. (Mateo 26:40), pero cuando lo arrestaron, sus discípulos lo abandonaron y huyeron dejándolo solo en manos de sus opresores. Toda la noche estuvo solo, siendo escarnecido, sin tener quién lo aliente o consuele. Sólo antes, mientras el Señor oraba agonizante, vinieron ángeles a fortalecerlo, pero de sus discípulos no quedó ninguno que lo asistiera en su prisión. En la cárcel estuvo atado y sólo, fue llevado ante el gobernador atado y solo, cuando se dictó su sentencia estaba solo y siempre solo.

Si la soledad es una terapia en tiempos apropiados, no lo es así en tiempos de tribulación o aflicción. En la angustia es cuando necesitamos al amigo o compañero. Cuando Jesús oraba en el huerto, ya sentía la soledad dentro de sí. Ya sabía que nadie estaría a su lado mas tarde. Sentía la soledad que sentiría en la cruz, allá donde mas tarde ni el Padre estaría a su lado. El Señor fue quebrantando por el mismo Padre por medio de la soledad, pues dijo el profeta Isaías que "..aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento.." (Isaías 53: 9 y 10).

Creo que la agonía llegó a su clímax, cuando el Padre lo abandonó. Eso sería algo así como sufrir "la muerte segunda" porque esa será la separación eterna del alma con la presencia de Dios. Si esta figura cabe allí, en el momento del abandono del Padre a su Hijo amado en la cruz como una muestra para todos nosotros, podemos decir a todos confiadamente que Jesús sufrió por adelantando también el daño de la muerte segunda, para que los que crean en su nombre no sufran el daño de la muerte segunda. (Apocalipsis 20:14). Todo aquel que cree en Jesús, no sufrirá el daño mas grave de toda la historia del ser humano, porque Jesucristo en la cruz ya venció el poder de la muerte segunda, y no estará en el absoluto y eterno silencio sin la presencia de Dios, sino que estará con Dios y con sus santos para siempre en luz eterna con los ángeles y con el Cordero de Dios. Cristo Jesús.

El Señor estuvo sujeto a todo padecimiento que el Padre en su sola potestad supo preparar para el Redentor. No solo sufrió la soledad de espíritu cuando el Padre lo abandonó en la cruz. Sus discípulos lo abandonaron y de entre ellos, uno llamado Judas, fue el que lo entregó en manos de pecadores para ser crucificado. Mas tarde, Simón Pedro lo negó lisa y llanamente, diciendo con juramentos y maldiciones que "no lo conocía". Nadie apareció para alcanzarle un bocado de alimento o un poco de agua. Toda la noche estuvo siendo abofeteado y escarnecido. Todos los que pasaban se mofaban del Salvador. Sin dormir toda una noche y estando expuesto a burlas y a los treinta y nueve azotes en sus espaldas, dado por un soldado romano con crueldad y con látigos nada convencionales, pues según las costumbres de los romanos, los látigos del tormento debían tener unas durezas distanciadas por algunos centímetros y con ello azotaban las espaldas de los llamados "reos". Esos látigos abrían hondas heridas en las espaldas del que fuera azotado.

Así, con sus espaldas heridas y con una corona de espinas entretejidas, colocada en sus sienes, el Señor Jesús tomó su cruz y la llevó hasta el pequeño cerro llamado "Calvario" y también "Gólgota", que significa "lugar de la calavera". Un terrible sitio de muerte. Allí lo clavaron en la cruz, y cuando estaba en terrible agonía de soledad y dolor pidió agua diciendo: "tengo sed". Entonces le dieron a beber vinagre mezclado con hiel. Su clamor terrible y doloroso fue cuando reclamó la presencia de su Padre. "..Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has desamparado?.."

En medio de mortal dolor vio a una mujer que lloraba. Era María, su madre, a quién Jesús desde la cruz la consoló dejándole un joven como hijo sustituto, diciéndole: "..mujer, he ahí tu hijo..". Y dijo al joven sustituto "..he ahí tu madre..". Aquella madre a quién llamarían bienaventurada por cuanto dio a luz al Salvador del mundo que sabía que una espada dolorosa traspasaría su corazón, quizás cuando Jesús le dijo en unas bodas en Caná de Galilea, "..¿Qué tienes conmigo mujer?.." o cuando oyó a su hijo decir desde la cruz "..tengo sed.." o al oírle clamar diciendo: "..Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has desamparado?..", aquella mujer estaba contemplando la terrible soledad de su hijo a quien lo había criado con todo cariño y cuidado en el temor de Dios.

De sus discípulos Jesús no se confiaba, pero aquí alguien de quien el dijo que nunca lo dejaba, ahora tampoco estaba allí, en el peor de los momentos (Juan 8:29). El Padre lo desamparó. Murió solo. El Padre no pudo ver nuestros pecado sobre su Hijo. Cristo clamó a Dios diciendo: "¿Por qué me has abandonado?" Dios se había apartado de su lado por un instante. (Isaías 54: 7 y 8), pero después lo visitó con su poder para resucitarle de entre los muertos y darle eternamente el reinado. Dios le dejó por un tiempo, pero Jesús sintió esa terrible ausencia como si fuera una eternidad. Dios es espíritu, pero Jesús no sintió al Espíritu de Dios a su lado.

Eso es soledad. Sentirse sin la presencia de Dios. Por eso dijimos anteriormente que Jesús ya venció a la muerte como resultado del pecado y venció a la muerte segunda, que es la eterna ausencia de Dios para el alma en el mas allá. Por esto, cada ser humano debe entregar su corazón a Dios y adorar a Jesús el Salvador. También vemos que Jesús no murió dentro de la ciudad de Jerusalén, sino que lo sacaron fuera de ella. Eso es otra cara de su soledad. El Señor al morir, no contó con aquellos que gozaron de su ministerio. Todos los que habían recibido sus beneficios ahora lo habían abandonado a la suerte de sus verdugos.

No lo dejemos otra vez solo. Sigámosle y sirvámosle con amor porque él murió por todos nosotros. (2 de Corintios 5:15).

Fue víctima del ensañamiento humano

"..Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.." (Juan 19:34).

Relato tan tétrico como lo es el del calvario, no podría jamás existir ni reiterarse. Otro ensañamiento igual al que fuera sometido el Hijo de Dios por causas ajenas, sería difícil y hasta imposible hallar. Es el cuadro mas conmovedor de todo el relato de la crucifixión. Es una de las escrituras mas dolorosas e indignantes a la vez. Probablemente sea este el texto bíblico que produce una reacción instantánea en el espíritu del hombre, en lo que a instinto humano se refiere. En algunos, por ser éstos tan incrédulos y hasta malvados, produciría un ánimo de venganza, pero en los que son de corazón tierno, produce quebrantamiento de espíritu y contemplan al Salvador con lágrimas.

Hay quienes han jurado no llorar jamás. Sin embargo, al leer este párrafo bíblico o al oírlo cuando algún predicador bajo el poder del Espíritu Santo pudo narrar esta historia de la crucifixión, fueron quebrados y sus fuentes lagrimales dieron a entender que, tales personas estarían reconociendo lo terrible del dolor por causa de sus pecados. Algunos se cubren el rostro con sus manos o algún pañuelo, aún cuando se autotitularon "duros". ¿Por qué? Porque todo lo que el Espíritu Santo hace, produce una reacción en el hombre, y creemos que la reacción que produce la historia del calvario, cambia al hombre y éste no queda igual. El impío o el necio muy a menudo pueden disimular de las mas brillante manera, pero para engañarse a si mismo, por causa de su orgullo y soberbia, pero los que son de corazón humilde no pueden quedar sin sollozar.

Cuando el Hijo de Dios estaba inmolando su vida en rescate del pecador, el Espíritu Santo estaba respaldando la voluntad divina. (Hebreos 9:14). No existe hombre alguno que pudiera pagar la vida de su prójimo sometiéndose o exponiéndose a semejante crueldad. (Romanos 5:7). Para los escépticos, el cuadro del calvario es nada más que una historia sangrienta, cuando no la tilda de hipótesis o misticismo. No obstante, existen registros en la historia de la humanidad que muestran la realidad del holocausto redentor, para redimir al mundo de su culpa, de su maldad, de su pecado.

La historia habla de un evento natalicio, que sin lugar a dudas, mencionan lugares y nombres de personas que fueron protagonistas de estas cosas, y que participaron en el nacimiento de un niños en tierra de Belén, a quien llevaron al templo y lo llamaron JESUS, nacido de una pareja judía, nacido como todos los hombres excepto el espacio físico que albergó a la madre para dar a luz a su primogénito.

Su madre se llamaba María y su padre José. Aunque este niño no era hijo biológico de aquel hombre llamado José, pues el niño fue engendrado por el Espíritu Santo de Dios en el vientre de María. Es el milagro de la concepción virginal permitida una vez por la voluntad de Dios, porque debía nacer uno que no tuviera nada que ver con las especulaciones humanas. Este niño llamado Jesús, fue criado en una familia laboriosa y conocida por todos. Un niño prodigioso y diferente a todos. Mas tarde fue un joven de trabajo y se comenta en la Biblia que su padre fue de carpintero de oficio. (Mateo 13:55).

Fue un hombre lleno de virtudes que anduvo haciendo bienes, que daba libertad a los oprimidos por poderes diabólicos, y sanaba a todos los enfermos que venían a El. Libraba a todos de diversos males y daba prosperidad a los pobres por medio del mensaje del evangelio glorioso que predicaba en todas las regiones, porque el Espíritu de Dios estaba con El. (Hechos 10:38).

El mundo en todas sus épocas fue azotado por distintas plagas, miserias y muertes, pero este hombre, de quién algunos hacen una utopía, vino al mundo para dar al hombre todo lo que éste necesita hasta hoy, perdón de pecados, cualquiera fuere, sanidad de cualquier enfermedad, sin mencionar sus nombres, pues dice la Biblia que: "..sana todas tus dolencias..", y mediante el perdón de pecados también el hombre puede gozar de bendiciones materiales y de bienes terrenales. Todas estas cosas le serán dadas al hombre que cree en el nombre de Jesús que nació en tierras de Galilea.

La historia dice que en tiempo de Cirenio el emperador romano, éste promulgó un censo para que todos fuesen empadronados, se habla también de una gran estrella, un astro semejante a un cometa, que se asentó sobre la ciudad de Belén en el mismo tiempo. También por ese tiempo aconteció un gran infanticidio ordenado por el entonces famoso rey Herodes. Fue un intento de matar al recientemente nacido niño Jesús. Se habla de un Tiberio César, de un Poncio Pilato que fuera gobernador del imperio romano en Judea, y que este Pilato fue el que vencido por la turba, por la gran masa de gente que gritaba pidiendo muerte, mandó crucificar al hombre llamado Jesús.

Todas estas cosas registran la historia y hasta sirvió de señal en ella, puesto que al referirse a sus anales se dice A.C y D.C. (Antes y después de Cristo). Este Jesús que nació en Belén y que con su nacimiento dividió en dos la historia del mundo y su calendario, fue maltratado, injuriado y castigado con látigos que según las costumbres romanas, tenían durezas que producían hondas heridas en el cuerpo del que fuera azotado. Así, bajo ese tormento de azotes fue también coronado con una corona que hicieron con espinas entretejidas, y se burlaron de El diciéndole "..salve Rey de los judíos.." Cubriéndole el rostro le daban bofetadas y desnudándolo le cubrieron con un manto de color escarlata y hacían burla de El como si fuera un rey que cayera en manos de sus enemigos.

Y justamente eso es lo que sucedía en esos momentos, pues El es el Rey de la gloria, el verdadero Rey de los judíos, y por voluntad de Dios para la redención del mundo, ahora se hallaba en manos de sus adversarios, ingenuos e ignorantes de los propósitos eternos de Dios. Estos enemigos con cada cosa que hacían iban cumpliendo los designios del Padre Celestial.

Ellos le decían "..salve Rey de los judíos.." y realmente era su Rey, nada más que ellos no lo recibieron (Juan 1:11) También lo vistieron con un manto de color escarlata. Esto también tenía un gran y profundo significado, pues dice la Biblia "..si vuestros pecados fueren como la grana.." (Isaías 1:18). La grana y el color escarlata son del mismo tono, el mismo color. Esto nos habla del pecado y nos habla por medio de este color acerca del mismo diablo y Satanás, que aparece como el gran "..dragón escarlata.." (Apocalipsis 12:3). Satanás es el autor del pecado, así que con el color escarlata estaban haciendo una apología del reino satánico sobre el cuerpo vivo del Señor. El reino satánico es el pecado mismo. Ahora miremos lo que dice la palabra de Dios "..Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en El.." (2 de Corintios 5:21). Dios mismo lo hizo pecado por nosotros, para destruir al pecado en el cuerpo de Cristo. (Romanos 8:3).

Por esto decimos todo lo que los hombres hicieron sobre el Señor, quién cargó una pesada cruz que le impusieron llevarla, subiendo la cuesta de un pequeño cerro llamado Monte Calvario, también denominado Gólgota que significa "lugar de la calavera". Nosotros lo llamaríamos "el cerro de la muerte". Allí eran ejecutados los que tenían sentencia de muerte por las cosas terribles o aberrantes que pudieran haber hecho. Allí morían los "reos" como se dijo de Jesús el Salvador (Mateo 26:66). Fue allí donde nuestro Salvador dio su vida por los pecados del mundo. (1 de Juan 2:2). Esto no es una utopía. No es una historia de la vida civil y mucho menos una "historieta". Esta es la historia por excelencia, la que da vida eterna, la que salva del pecado y da salud y vida a la humanidad.

Fue allí en ese Monte Calvario, el lugar de la calavera, donde el Señor Jesucristo fue clavado en una dura cruz para redimirnos hasta hoy de todos nuestros pecados. Fue allí en esa cruz donde la ardiente sed secó su lengua y no tuvo quien le diera a beber una sola gota de agua, pero si le dieron vinagre mezclado con hiel. Fue allí donde cargó nuestros pecados, como aquel macho cabrío del antiguo tiempo que llevaba los pecados al desierto. Fue allí donde muere desamparado del Padre. Fue allí donde un soldado al hallarlo ya muerto no le quiebra los huesos como era la costumbre romana, pues antes de que el sol se pusiera debían quebrarle los huesos de los dos piernas a los que estaban en la cruz. Pero al Señor no le quebraron los huesos porque ya había muerto y así estaba escrito. (Salmo 34:20).

Pero fue allí donde un soldado viéndole ya muerto, toma una lanza y con ella traspasa el costado del Hijo de Dios, nuestro Redentor, cruelmente abre el costado del cuerpo sin vida. Tal ensañamiento no se ha visto y nunca más se verá por causas ajenas. Pero esta historia de sufrimiento brevemente anotada una vez mas sobre la página, y descripta como el mas alto ensañamiento que se haya podido ver sobre alguien inocente, no es otra cosa que una historia de amor. Y es así la historia del Calvario. No es otra cosa que la antigua historia del amor de Dios hacia el hombre pecador. "..Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.." (Juan 3:16).

¡Resucitó!

Mi querido hermano o amigo. La historia de la redención no termina con la muerte del Redentor, pues aún debemos hablar de las cosas que siguen después de su muerte.

 El Señor fue sepultado como todos los que mueren, pero al tercer día de su muerte, Jesucristo resucitó de entre los muertos y estuvo con todos sus apóstoles hablándoles del Reino de Dios, y después de darles la gloriosa comisión de predicar el evangelio en todo el mundo, una nube lo llevó al cielo y los apóstoles se quedaron mirando lo que acontecería. Luego ellos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a predicar con poder el perdón de los pecados, a sanar a todos los enfermos, y a anunciar a todos que aquel que murió en la cruz, y que resucitó de entre los muertos por el poder del Padre, volvería a la tierra otra vez para juzgar a los vivos y a los muertos.

Este es el mensaje que perdura hasta este día.

Por esto HOY, en la fecha en que estás leyendo este escrito, queremos decirte que Jesucristo derramó su sangre por ti también. Créelo con todo tu corazón.

Su agonía fue para nuestra paz. Su soledad fue para la bendición en familia, y esa familia puede ser la que te rodea hoy y que también está en el plan de salvación de Dios, pero Dios quiere que pertenezcamos a la familia celestial en los cielos, aquella que nos espera a los que hayamos aceptado la obra que Jesús hizo por nosotros en la cruz del Calvario. Su sangre derramada en la cruz, cuando el soldado le abrió el costado con una lanza, quita todos nuestros pecados. Las heridas en su cuerpo, SANAN todas nuestras enfermedades. Su aflicción en la cruz fue para que gocemos hoy de vida feliz por fe en El. Dijo Jesús "..Al que cree todo le es posible..".

Te invitamos a creer en Jesús para que seas salvo, para que tengas la presencia de Dios en tu vida, y que tu vida redimida por la sangre de Jesús esté también preparada para recibir al Señor de los cielos, cuando muy pronto El vuelva a la tierra.

Ora esta oración allí donde te encuentres "..Padre Dios, me vuelvo a ti reconociendo todos mis pecados. Creo en tu Hijo Jesús que murió por mi, en medio de terrible dolor y vergüenza. Creo en aquel Getsemaní y en la agonía que sufrió por mi, Creo en el Nombre de Jesús  y en su sangre que me limpia de todos mis pecados. Creo que Jesús es el Señor y que resucitó de entre los muertos por el poder de Dios, que vive para siempre y que volverá por mi. ACEPTO A JESUS COMO NI UNICO SALVADOR Y SEÑOR. AMEN.."

 

Por el pastor Manuel Romero



 
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