Noticias
Libro de Visitas
Radio MCYM
Cómo llegar
 

El proceso de la humillación y el quebrantamiento

Por el pastor Orlando García

La humildad y la Presencia de Dios

Abrimos nuestras Biblias en el libro de Isaías capítulo 6. Dios me mostró cosas muy nuevas con respecto a este pasaje, el cual prediqué decenas de veces, pero de manera diferente a como Dios quiere que lo entendamos en esta noche. Y con este mensaje quiero enfatizar algunos puntos importantes con respecto al quebrantamiento y la humillación, como el paso previo a toda la bendición de Dios. Dice la palabra que “..a la honra precede la humildad..” (1) Podemos afirmar de esta manera que el quebrantamiento y la humillación preceden a lo que vamos a recibir de parte del Señor. Hermanos, vamos a creer que estando en la presencia de Dios, humillados, humildes y quebrantados, la bendición del Señor vendrá y se hará una realidad día por día.

Dos pasajes de Isaías son la introducción a este mensaje, (luego vamos a leer un pasaje de Isaías que pasó muchos años antes), pero Dios me mostró que estos versículos describen el momento de quebrantamiento y humillación que el profeta vivió en ese día, en ese momento en el cual era joven todavía. En Isaías 57, la Palabra de Dios dice: “Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados” (2) En el capítulo 66 el profeta dice: “Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo? Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra”(3) No cabe ninguna duda que al final de su carrera, el profeta Isaías tiene una clara noción de lo que es la humildad y tiene una clara noción de lo que es la presencia de Dios. A ese pueblo que estaba afanado por edificar un templo, Dios le hace notar que no son los templos hechos de manos, por más hermosos que sean, los que puedan contener su presencia, dando así una idea de la magnitud y de la grandeza de Dios. Dios es tan grande que no habría un templo (aunque cubriera el mundo entero) que pudiera contener su gloria, sino que El quiere formar templos en los corazones de hombres y mujeres.

Hoy se hacen campañas en grandes estadios que albergan a miles de personas, y eso es bueno, pero no es ni un granito de arena delante de aquel que dice: "..el cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies.." De esta manera entendemos que Dios es majestuosamente grande, tan grande que su grandeza escapa a la mente humana. Por allí Salomón dice: “...He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener...”(4). Los cielos, de los cielos, de los cielos no pueden contener a Dios. Esta capa inferior de la atmósfera, los cielos de las estrellas y de las galaxias y aún el tercer cielo (desconocido para los hombres), no pueden contener a Dios. Sin embargo, este Dios tan majestuoso dice: "..miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu y que tiembla a mi palabra.."

El profeta tuvo una visión cuando era joven. Una visión magnífica, tremenda, y esto sucedió entrando en el templo. Que bueno es reconocer que siempre en la casa de Dios tenemos la oportunidad de entender algo más del Señor. Quizás usted no va a recibir una gran visión, o quizás Dios le regale una visión, pero usted va a captar cosas. Vamos a recibir cosas nuevas y frescas. Por eso David dice sabiamente en el Salmo 27: “...Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo. Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; Me ocultará en lo reservado de su morada; Sobre una roca me pondrá en alto...” (5) La visión que tuvo Isaías fue tremenda y allí comprendió la raíz de toda bendición ¿sabe cuál es? LA HUMILDAD.

En el capítulo 57 dice: “...Yo habito en la altura y en la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados...” Qué hermoso que es esto. ¡Gloria al Señor! No hay un templo a edificar en toda la tierra, que pueda contener a Dios. Todo el universo no puede contener a Dios. Sin embargo el se hace pequeñito y entra en nuestros corazones. "Yo habito", quiere decir que él habita en nuestros corazones, que se queda a vivir en nosotros. Apocalipsis 3 dice: “...He aquí yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo...” (6) Demos gloria a Dios, porque él es tan grande, tan majestuoso, tan imponente, que el universo no lo puede contener, pero se hace tan pequeño como nosotros mismos.

Hermanos, la palabra humildad tiene varios sentidos. Uno de ellos viene de la palabra latina HUMUS, sinónimo de tierra, por lo que humildad se traduce como bajar, descender, volver al polvo, algo que a ninguno de nosotros nos gusta. Sin embargo, Jesús, siendo Dios, se humilló a sí mismo. En la carta a los Filipenses la palabra de Dios dice: “...y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo , haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre..” (7) Isaías entendió el camino de la humildad y del quebrantamiento, pero ¿Cuándo lo entendió?, allí cuando tuvo una visión de la imponente gloria de Dios. Leemos en Isaías capítulo 6: “...En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. Y los quiciales de la puerta se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo. Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado. Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré y quien irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí...” (8)

La soberbia, una mala consejera

Hermano, quizás usted se pregunte qué tiene que ver esto con la humillación, pero yo pude notar cuatro pasos a medida que el Espíritu Santo me los revelaba. El primero es el siguiente: Aunque el hombre sea quebrantado Dios sigue en su Trono. Usted puede leer luego el capítulo 26 del Segundo libro de Crónicas. Allí está la historia de Uzías, un rey que comenzó bien, que prosperó, que fue muy bendecido, que estaba bajo el consejo de un profeta y prosperó hasta el punto que se hizo grande y fuerte, pero el día que se hizo fuerte entró soberbia en su corazón, y entrando en el templo, quizo ocupar el lugar de los sacerdotes tomando el incensario. (El incensario se refiere a la alabanza y la adoración) Hoy no tenemos la necesidad de quemar incienso, porque el incienso actual es nuestra alabanza y adoración.

Pero volviendo a la historia de Uzías, tomó el incensario y comenzó a mecerlo, entonces entró el principal sacerdote y ochenta sacerdotes entraron detrás de él, y el sacerdote principal le dijo que no haga tal cosa porque no le correspondía hacerla, pero Uzías se enfureció y en vez de humillarse, en vez de pedir perdón y reconocer su error y su soberbia, arrojó el incensario, y al instante (por su orgullo y arrogancia) le brotó lepra. Salió del santuario leproso y fue leproso hasta el día de su muerte. Vivió diez años más, pero vivió con esa lepra a cuestas, que lo alejó del trono y de su familia, que lo alejó de todo lo digno que Dios le había dado. ¡Qué bueno es cuando nosotros pedimos perdón al Señor por nuestros pecados o equivocaciones! y clamamos "..Señor, perdona mi error.." Como dice el Padre nuestro: "..Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.." (9) Señor ayúdanos, porque la soberbia y el orgullo son malos consejeros. Por eso el apóstol Pedro dice: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo”. (10)

Uzías pudo haberse arrepentido. Pudo haber dicho "..oren por mí.." pero no hizo nada de eso. Había sido un rey muy grande y poderoso, pero se había enorgullecido y había caído de su grandeza. Vivió fuera de su familia durante diez largos y dolorosos años. Cuando nosotros nos apartamos del Señor, no va a brotar otra cosa que la lepra del pecado. La lepra es figura del pecado, porque desfigura la moral del hombre, sus sentimientos, su naturaleza, desfigura su espíritu y lo embrutece. Todo eso hace el pecado. Por eso hermanos, cada vez que Dios nos bendice, que El nos de la gracia para poder soportar la bendición, y así seguir adelante en humildad. ¿Sabe qué decía Samuel Sorensen cuando encontraba a algún obrero luchado y quebrantado? "..No te quejes de este tiempo de quebrantamiento, porque el Señor te está formando, pero cuando seas bendecido la soberbia y el orgullo pondrán  en peligro tu corazón.." Señor ayúdanos. Si te sientes bendecido, dale gloria a Dios porque solo es por su gracia y su misericordia.

Y dice la Biblia que Isaías, un joven israelita que estaba entrando en un ministerio profético, y que tenía el buen hábito de estar en el templo, estaba en el atrio exterior y de pronto, de una manera fantástica las puertas del templo se abrieron, y se le presentó una visión que lo marcó y que cambió el rumbo de su vida. El estaba en el templo, y esa visión quedó impresa en su mente para siempre. Déjeme decirlo otra vez, ¡Por favor, recíbalo! Usted puede recibir en la iglesia cosas que serán imborrables durante toda su vida, cuando estamos en un culto, en la alabanza y la adoración a Dios, quizás no todos los días, pero va a haber un día que de pronto la presencia y la gloria de Dios se va a manifestar en usted. Por eso, no claudiquemos, sigamos fieles al Señor, porque siempre hay un día diferente en la casa de Dios, y este fue el día diferente en el ministerio de Isaías.

Su mente había estado en Uzías, como muchos jóvenes, y aún como muchas personas adultas, que ponen su confianza en la familia, en los amigos y hasta en los gobernantes. Tenemos que orar y clamar por los gobernantes, pero la solución no viene de ellos. La solución para tu vida viene del cielo, porque Dios es el que gobierna sobre las naciones. ¡Gloria al Señor! Entonces, dice Isaías que vio el lugar santo y al Señor sentado en su trono como un Rey, mostrándole que solo él era el Rey. Isaías había puesto su corazón en Uzías, pero Dios le quería hacer entender que aunque Uzías fue quebrantado y humillado, él seguía siendo Dios.

Aunque a tu alrededor fracasen muchos, y aún fracasen aquellos en quienes pudiste haber puesto tu confianza, debes seguir confiando en Dios. Hoy tenemos una sociedad arruinada y fracasada, por causa del orgullo y la soberbia. Uzías fue quebrantado, aunque nunca debía haber sido quebrantado, pero el orgullo y la altivez lo quebrantaron, por eso dice en Proverbios: “...Mejor es humillar el espíritu con los humildes, Que repartir despojos con los soberbios...” (11) Qué tremendo que es esto, y si hoy estamos aquí es porque queremos aprender a permanecer humildes en la presencia del Señor. Jesús dijo: “...Y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas..." (12) Esta es la primera lección que aprendí del pasaje de Isaías seis. La humillación y el quebrantamiento de Uzías abrió el panorama para que Isaías entienda que aunque el hombre y aún las naciones sean quebrantadas Dios siempre está en su trono.

La humildad de los seres celestiales

La segunda cosa, dice que Isaías veía serafines, la palabra "seraf" significa "ardiente", "brillante", parece que eran como el color del bronce, porque esto era como fuego. "seraf" significa fuego. La Biblia dice que los serafines tenían un color muy especial. Este pasaje dice que cada uno tenía seis alas. Con dos cubrían su rostro, (en señal de humildad, cosa que no quiso hacer Uzías), con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Hermanos, esto es tremendo, porque esos serafines podían expandir sus alas y volar en forma imponente.

Podían volar desplegando esas seis alas, ese color fuego de los serafines, y seguramente hubieran dado un espectáculo impresionante a los ojos de Isaías, pero la Biblia dice que con dos alas cubrían su rostro, y con otras dos cubrían sus pies y esto es indicio que los serafines mostraban que estaban humildes en la presencia del Señor. Ellos cubrían sus rostros para no ser vistos. Seguramente sus rostros serían hermosísimos, pero los cubrían. Sabe hermano, a nosotros nos gusta mostrar nuestras capacidades y cualidades, pero los serafines tapaban sus rostros para no ser vistos, y tapaban sus pies para que también su andar esté cubierto. Solo hacían lo que tenían que hacer, alababan a Dios.

Este es un cuadro de humildad, y el Espíritu Santo me estuvo mostrando este cuadro de humildad porque a estos serafines tan hermosos el mismo Isaías no les pudo contemplar el rostro. Seguro que hubiera quedado impactado. Pero como los serafines estaban para exaltar a Dios cubrían su rostro. ¡Cuánto tenemos que aprender sobre la humildad! Cuántas veces nosotros queremos mostrarnos, porque pensamos que tenemos cualidades y condiciones, nos creemos muy grandes y pensamos que no nos consideran o que el pastor no nos tiene en cuenta. Yo te digo: "..cubrí tu rostro un poquito, cubrí tus pies, mantente en alabanza y adoración a Dios porque a su tiempo El va a derramar su gloria.."

La humildad y la gracia de Dios

La segunda cosa que el vio fue esa humildad de los ángeles. La tercera, otra humillación, usted se preguntará ¿cuál será?, dice el versículo 5 de Isaías 6: “...Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos...”

Mire, cuando Isaías tuvo la visión no entró en soberbia. De pronto nosotros, tenemos una manifestación linda del Señor, y en vez de humillarnos, tenemos la tendencia a agrandarnos. Pero Isaías dijo: "..Ay de mí, Ay de mí, que me voy a morir...porque soy inmundo de labios.." No es que era tan inmundo, pero viendo tanta gloria se consideró sucio y pecador, y yo quiero decirle que cuando estemos contemplando la gloria del Señor, no nos vamos a ver muy dignos. Si usted se siente muy digno ¡Tenga cuidado! porque solo la sangre de Jesucristo nos dignifica. Cuando Isaías vio la visión se humilló y se quebrantó. ¡Qué bueno es humillarse! Yo me pregunto: ¿Con qué actitud estamos en la casa de Dios? ¿Cómo venimos a cada culto? ¿Venimos solo a ver qué pasa, o qué se predica? ¿Venimos a mirar hacia nuestro alrededor sin contemplar al Señor?

Isaías dijo: "..han visto mis ojos al Rey..", ¿Por qué no cambiamos de actitud para venir a la Iglesia? si pudiéramos decir en la sencillez: "..Señor, hoy vengo a tu presencia, déjame experimentar esa gracia, déjame contemplarte un poquito Señor, aunque no pueda ver algo tan gigantesco como Isaías, quiero sentir tu presencia.." Si usted y yo pudiéramos tener esa actitud, Dios no va a fallar, pero si de pronto venimos con una actitud de enojo, de queja, y con una guerra interior dentro de nosotros, no vamos a recibir nada, pero oremos para que toda guerra interior sea aplastada y que podamos ser libres para contemplar la hermosura de Jehová.

Creo con todo mi corazón que cada vez que entramos en la casa de Dios deberíamos entrar por sus atrios con la actitud que nos enseña el Salmo 100: “...con acción de gracias...” (13) y con una actitud humilde, porque no podemos estar en su presencia con una actitud de suficiencia, Isaías clamó

¡AY DE MI!, y nosotros: ¿Qué tendremos que decir? ¡SEÑOR, LAVAME EN TU SANGRE! Cuando Isaías exclamó "..¡Ay de mí!.." un serafín tomó unas brazas del altar, y con esa brasa tocó su boca. Yo necesito ese toque día por día, culto tras culto, y ese es el espíritu adecuado para recibir el toque del Señor. ¿Me está entendiendo en esta noche hermano?. Si queremos recibir, tenemos que llorar en su presencia. Lloremos en la presencia de Dios porque Dios se glorifica en medio de las lágrimas, “...Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación...” (14) Qué bueno es poder quebrantarnos en la presencia del Señor.

Quizás Isaías pensó que esa brasa lo iba a quemar vivo, pero ese era un fuego celestial, fuego que va a quemar para bien, que va a quemar impurezas, que va a quemar lo que no sirve. Cuando el ángel le dice "..y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.." es todo una figura. Se la voy a explicar sencillamente. En ese altar, era quemado el resto de la víctima. En ese fuego había habido derramamiento de sangre y el fuego la consumía y subía como holocausto y olor suave a la Presencia de Dios.

Todo simboliza la obra de Cristo en la cruz. Jesús murió en la cruz, pasó todo ese fuego de la prueba, y con un solo sacrificio nos hizo perfectos para siempre y ahora podemos disfrutar de la presencia de Dios. Piense un poquito ahora, cuando Isaías se humilló y se quebrantó vino ese toque de Dios, vino esa brasa del altar que tocó sus labios. Cuántas veces queremos un toque de Dios, pero nos falta decir: "..Señor ten misericordia, lávame en tu sangre salvadora, límpiame de toda mi maldad.., yo no sirvo, yo me equivoco, pero tu eres Rey.."

Nosotros no decimos "..Ay de mi.." Nos sentimos muy buenitos, muy excelentes, casi necesitamos que nos rindan honra y pleitesía, pero el único que merece honra y gloria es Dios. ¿Sigues queriendo ese toque? Qué lindo es que reunión tras reunión, antes de llegar a la casa del Señor vayamos preparando nuestro espíritu, diciendo: "..háblame Señor, perdóname, lávame, límpiame, ayúdame.." Si estás con ese espíritu adecuado te digo en el nombre de Jesús que no va a terminar el culto sin que tengas un toque del Señor, ya sea en los cánticos o en la palabra vas a tener ese toque del Señor.

Esto es humildad también. Y la Biblia dice que Dios: "..da gracia a los humildes..", así dice al apóstol Pedro, aunque la primera parte del versículo es fuerte porque dice: "..Dios resiste a los soberbios.." (15) Claro, si miramos hacia el mundo, el mundo tiene soberbia. Es cierto, la carne no se humilla ante Dios, pero muchas veces somos nosotros los que venimos a la iglesia los que estamos cargados de soberbia. Isaías no era un hombre que se hallaba lejos de las cosas de Dios, sin embargo, necesitaba un encuentro nuevo con Dios, y los que venimos a la casa de Dios tenemos la tremenda necesidad de un encuentro con Dios. Anímese a orar reunión tras reunión, "..háblame Señor.." y yo le aseguro que la oración romperá los lazos y las ataduras del infierno y vamos a sentir la gloria del Señor.

La humildad y el ministerio

Y dice "..Después oí la voz del Señor.." Escuche hermano. Nadie podrá oír la voz del Señor si no tiene ese encuentro con el Señor. Señor ayúdanos, cúantas veces decimos: ¡Señor quiero que tu me hables, que tu me bendigas, quiero oír tu voz...!!! Pero, ¿Cómo vamos a oírla si no nos quebrantamos en su presencia? Todo es un proceso de humillación en la vida de Isaías. Por eso, al final de su ministerio entiende el corazón de Dios: "..miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu.." Y lo mas tremendo de todo es que Dios lo envía a un ministerio. Tuvo el llamamiento, tuvo vocación, tuvo un ministerio, porque entró en ese camino. Y cuando Dios lo envía al ministerio, no fue un ministerio aplaudido sino que, leamos en el verso 9: “...Y dijo: Anda, y dí a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, más no comprendáis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad. Y yo dije:¿Hasta cuando, Señor? Y respondió el: Hasta que las ciudades estén asoladas y sin morador, y no haya hombre en las casas, y la tierra esté hecha un desierto; hasta que Jehová haya echado lejos a los hombres, y multiplicado los lugares abandonados en medio de la tierra. Y si quedare aún en ella la décima parte, ésta volverá a ser destruida; pero como el roble y la encina, que al ser cortados aún queda el tronco, así será el tronco, la simiente santa...” (16).

Mire, Dios lo envía al ministerio y muchos años después, Isaías dice: "..¿Quién ha creído a nuestro anuncio?.." parece que hasta su ministerio había sido humillado, porque Israel no escuchaba, por más que el predicaba y profetizaba, no sucedía absolutamente nada. El pueblo no se humillaba, no se quebrantaba. Hermano, ¡Que no nos pase esto a nosotros! Muchos años después el profeta se pregunta "..¿Quién ha creído a nuestro anuncio?, ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?.."pero luego se reanima y exclama con unción profética sobre alguien que venía ¡Era el Mesías!  "..Subirá cual renuevo delante de él,  y como raíz de tierra seca....varón de dolores, experimentado en quebranto..fue menospreciado, y no lo estimamos...y por su llaga fuimos nosotros curados..." (17) ¡Es Jesucristo que se iba a manifestar a nuestras vidas! Solo la revelación de la venida de Jesucristo podría haber animado a alguien que parecía un predicador frustrado, un pastor frustrado, alguien que aparentemente había fracasado aún teniendo la unción, y que le estaba predicando a un pueblo ciego y sordo espiritualmente. Aún así, Isaías tenía la orden de seguir hasta las últimas consecuencias, porque Dios le dijo claramente: "..Hasta que la ciudades estén asoladas y sin morador, y no haya hombre en las casas, y la tierra esté hecha un desierto.." Qué importante es tener en cuenta que si un pueblo o una persona rechaza el mensaje solo tiene que esperar el juicio.

Hoy estamos bajo la gracia y al que rechaza la gracia no le queda otra expectativa que hervor de fuego, pero nosotros decimos "..Señor, quiero oír tu voz.." ¡Qué hermoso es cuando podemos ver niños, jóvenes y hermanos mayores quebrantados! Mantente en humildad y en humillación, porque aunque tu vida quedare como el tronco solo, allí va a rebrotar nuevamente, porque su gracia nunca se termina. A veces parece que a nuestra vida le queda muy poco, que se está terminando sin aquellas cosas que anhelamos, pero en esta noche te digo que tu vida no se esta terminando nada porque queda un tiempo hermoso de parte de Dios en el que El se exaltará en tu vida y ministerio. Como dice Pedro, "..Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que el os exalte cuando fuere tiempo.." Salomón oró y dijo: "..Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.." (18)

¿Cuántos quieren que Dios los oiga? ¡Cuánto necesitamos entender que debemos mantenernos humildes y mansos en su presencia! Gracias a Dios por la lección de Isaías. Gracias a Dios por la humillación que el vio en los ángeles, en su propia vida y en el ministerio que Dios le dio. Todo esto vino de parte de Dios para llevarlo a glorias mayores. Si quieres para tu vida y tu ministerio etapas de gloria y de triunfo entonces acepta el proceso de Dios. ¡Bienaventurado el que lo acepta! Alza tus manos al santuario y dale gracias porque hoy puedes entender esto. "..Gracias Señor, porque tú habitas con el corazón quebrantado y humilde, gracias por la lección terrible de Uzías, gracias por la lección de los serafines, gracias por la lección de Isaías y de su ministerio, que fue enviado a predicar pero tuvo que vivir año tras año humillado hasta que las ciudades quedaran asoladas y sin morador, pero tu has prometido que aunque quedara el tronco solamente, harías rebrotar ramas nuevas. A veces parece que quedamos muy solos en la vida, pero aún así queremos mantenernos sencillos y humildes en tu presencia. La lección más grande me la das tu Señor, que fuiste manso y humilde de corazón, Señor, tu has dicho que ibas a hacer vivir el espíritu de los humildes y a vivificar el corazón de los quebrantados, Señor, levanto mis manos al cielo, vivifícame en tu presencia. Amén.."

 

Por el pastor Orlando García

Referencias bíblicas: (1) Proverbios 15:33. (2) Isaías 57:15. (3) Isaías 66: 1 y 2. (4) 1ro de Reyes 8:27. (5) Salmo 27: 4 y 5. (6) Apocalipsis 3:20. (7) Filipenses 2:8 y 9. (8) Isaías 6:1 al 8. (9) Mateo 6:12. (10) 1ra de Pedro 5:6. (11) Proverbios 16:19. (12) Mateo 11:29. (13) Salmo 100:4. (14) Mateo 5:4. (15) 1ra de Pedro 5:5. (16) Isaías 6: 9 al 13. (17) Isaías 53:1 al 5. (18) 2do de Crónicas 7:14.



 
Diseñado por Multimedios Cristianos © Copyright Movimiento Cristiano y Miisionero