El
proceso de la humillación
y el quebrantamiento
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| Por
el pastor Orlando García |
La
humildad y la Presencia de
Dios
Abrimos
nuestras Biblias en el libro
de Isaías capítulo 6. Dios
me mostró cosas muy nuevas
con respecto a este pasaje,
el cual prediqué decenas de
veces, pero de manera diferente
a como Dios quiere que lo
entendamos en esta noche.
Y con este mensaje quiero
enfatizar algunos puntos importantes
con respecto al quebrantamiento
y la humillación, como el
paso previo a toda la bendición
de Dios. Dice la palabra que
“..a la honra precede la
humildad..” (1) Podemos
afirmar de esta manera que
el quebrantamiento y la humillación
preceden a lo que vamos a
recibir de parte del Señor.
Hermanos, vamos a creer que
estando en la presencia de
Dios, humillados, humildes
y quebrantados, la bendición
del Señor vendrá y se hará
una realidad día por día.
Dos
pasajes de Isaías son la introducción
a este mensaje, (luego vamos
a leer un pasaje de Isaías
que pasó muchos años antes),
pero Dios me mostró que estos
versículos describen el momento
de quebrantamiento y humillación
que el profeta vivió en ese
día, en ese momento en el
cual era joven todavía. En
Isaías 57, la Palabra de Dios
dice: “Porque así dijo
el Alto y Sublime, el que
habita la eternidad, y cuyo
nombre es el Santo: Yo habito
en la altura y la santidad,
y con el quebrantado y humilde
de espíritu, para hacer vivir
el espíritu de los humildes,
y para vivificar el corazón
de los quebrantados” (2)
En el capítulo 66 el profeta
dice: “Jehová dijo así:
El cielo es mi trono, y la
tierra el estrado de mis pies;
¿dónde está la casa que me
habréis de edificar, y dónde
el lugar de mi reposo? Mi
mano hizo todas estas cosas,
y así todas estas cosas fueron,
dice Jehová; pero miraré a
aquel que es pobre y humilde
de espíritu, y que tiembla
a mi palabra”(3) No cabe
ninguna duda que al final
de su carrera, el profeta
Isaías tiene una clara noción
de lo que es la humildad y
tiene una clara noción de
lo que es la presencia de
Dios. A ese pueblo que estaba
afanado por edificar un templo,
Dios le hace notar que no
son los templos hechos de
manos, por más hermosos que
sean, los que puedan contener
su presencia, dando así una
idea de la magnitud y de la
grandeza de Dios. Dios es
tan grande que no habría un
templo (aunque cubriera el
mundo entero) que pudiera
contener su gloria, sino que
El quiere formar templos en
los corazones de hombres y
mujeres.
Hoy
se hacen campañas en grandes
estadios que albergan a miles
de personas, y eso es bueno,
pero no es ni un granito de
arena delante de aquel que
dice: "..el cielo
es mi trono, y la tierra estrado
de mis pies.." De
esta manera entendemos que
Dios es majestuosamente grande,
tan grande que su grandeza
escapa a la mente humana.
Por allí Salomón dice: “...He
aquí que los cielos, los cielos
de los cielos, no te pueden
contener...”(4). Los cielos,
de los cielos, de los cielos
no pueden contener a Dios.
Esta capa inferior de la atmósfera,
los cielos de las estrellas
y de las galaxias y aún el
tercer cielo (desconocido
para los hombres), no pueden
contener a Dios. Sin embargo,
este Dios tan majestuoso dice:
"..miraré a aquel
que es pobre y humilde de
espíritu y que tiembla a mi
palabra.."
El
profeta tuvo una visión cuando
era joven. Una visión magnífica,
tremenda, y esto sucedió entrando
en el templo. Que bueno es
reconocer que siempre en la
casa de Dios tenemos la oportunidad
de entender algo más del Señor.
Quizás usted no va a recibir
una gran visión, o quizás
Dios le regale una visión,
pero usted va a captar cosas.
Vamos a recibir cosas nuevas
y frescas. Por eso David dice
sabiamente en el Salmo 27:
“...Una cosa he demandado
a Jehová, ésta buscaré; Que
esté yo en la casa de Jehová
todos los días de mi vida,
para contemplar la hermosura
de Jehová, y para inquirir
en su templo. Porque él me
esconderá en su tabernáculo
en el día del mal; Me ocultará
en lo reservado de su morada;
Sobre una roca me pondrá en
alto...” (5) La
visión que tuvo Isaías fue
tremenda y allí comprendió
la raíz de toda bendición
¿sabe cuál es? LA HUMILDAD.
En
el capítulo 57 dice:
“...Yo habito en la altura
y en la santidad, y con el
quebrantado y humilde de espíritu,
para hacer vivir el espíritu
de los humildes, y para vivificar
el corazón de los quebrantados...”
Qué hermoso que es esto. ¡Gloria
al Señor! No hay un templo
a edificar en toda la tierra,
que pueda contener a Dios.
Todo el universo no puede
contener a Dios. Sin embargo
el se hace pequeñito y entra
en nuestros corazones. "Yo
habito", quiere decir
que él habita en nuestros
corazones, que se queda a
vivir en nosotros. Apocalipsis
3 dice: “...He aquí yo
estoy a la puerta y llamo;
si alguno oye mi voz y abre
la puerta, entraré a él, y
cenaré con él, y él conmigo...”
(6) Demos gloria
a Dios, porque él es tan grande,
tan majestuoso, tan imponente,
que el universo no lo puede
contener, pero se hace tan
pequeño como nosotros mismos.
Hermanos,
la palabra humildad tiene
varios sentidos. Uno de ellos
viene de la palabra latina
HUMUS, sinónimo de tierra,
por lo que humildad se traduce
como bajar, descender, volver
al polvo, algo que a ninguno
de nosotros nos gusta. Sin
embargo, Jesús, siendo Dios,
se humilló a sí mismo. En
la carta a los Filipenses
la palabra de Dios dice: “...y
estando en la condición de
hombre, se humilló a sí mismo
, haciéndose obediente hasta
la muerte, y muerte de cruz.
Por lo cual Dios también le
exaltó hasta lo sumo, y le
dio un nombre que es sobre
todo nombre..” (7) Isaías
entendió el camino de la humildad
y del quebrantamiento, pero
¿Cuándo lo entendió?, allí
cuando tuvo una visión de
la imponente gloria de Dios.
Leemos en Isaías capítulo
6: “...En el año que murió
el rey Uzías vi yo al Señor
sentado sobre un trono alto
y sublime, y sus faldas llenaban
el templo. Por encima de él
había serafines; cada uno
tenía seis alas; con dos cubrían
sus rostros, con dos cubrían
sus pies, y con dos volaban.
Y el uno al otro daba voces,
diciendo: Santo, santo, santo,
Jehová de los ejércitos; toda
la tierra está llena de su
gloria. Y los quiciales de
la puerta se estremecieron
con la voz del que clamaba,
y la casa se llenó de humo.
Entonces dije: ¡Ay de mí!
que soy muerto; porque siendo
hombre inmundo de labios,
y habitando en medio de pueblo
que tiene labios inmundos,
han visto mis ojos al Rey,
Jehová de los ejércitos. Y
voló hacia mí uno de los serafines,
teniendo en su mano un carbón
encendido, tomado del altar
con unas tenazas; y tocando
con él sobre mi boca, dijo:
He aquí que esto tocó tus
labios, y es quitada tu culpa,
y limpio tu pecado. Después
oí la voz del Señor, que decía:
¿A quién enviaré y quien irá
por nosotros? Entonces respondí
yo: Heme aquí, envíame a mí...”
(8)
La
soberbia, una mala consejera
Hermano,
quizás usted se pregunte qué
tiene que ver esto con la
humillación, pero yo pude
notar cuatro pasos a medida
que el Espíritu Santo me los
revelaba. El primero es el
siguiente: Aunque el hombre
sea quebrantado Dios sigue
en su Trono. Usted puede leer
luego el capítulo 26 del Segundo
libro de Crónicas. Allí está
la historia de Uzías, un rey
que comenzó bien, que prosperó,
que fue muy bendecido, que
estaba bajo el consejo de
un profeta y prosperó hasta
el punto que se hizo grande
y fuerte, pero el día que
se hizo fuerte entró soberbia
en su corazón, y entrando
en el templo, quizo ocupar
el lugar de los sacerdotes
tomando el incensario. (El
incensario se refiere a la
alabanza y la adoración) Hoy
no tenemos la necesidad de
quemar incienso, porque el
incienso actual es nuestra
alabanza y adoración.
Pero
volviendo a la historia de
Uzías, tomó el incensario
y comenzó a mecerlo, entonces
entró el principal sacerdote
y ochenta sacerdotes entraron
detrás de él, y el sacerdote
principal le dijo que no haga
tal cosa porque no le correspondía
hacerla, pero Uzías se enfureció
y en vez de humillarse, en
vez de pedir perdón y reconocer
su error y su soberbia, arrojó
el incensario, y al instante
(por su orgullo y arrogancia)
le brotó lepra. Salió del
santuario leproso y fue leproso
hasta el día de su muerte.
Vivió diez años más, pero
vivió con esa lepra a cuestas,
que lo alejó del trono y de
su familia, que lo alejó de
todo lo digno que Dios le
había dado. ¡Qué bueno es
cuando nosotros pedimos perdón
al Señor por nuestros pecados
o equivocaciones! y clamamos
"..Señor, perdona
mi error.." Como
dice el Padre nuestro: "..Y
perdónanos nuestras deudas,
como también nosotros perdonamos
a nuestros deudores.."
(9) Señor ayúdanos, porque
la soberbia y el orgullo son
malos consejeros. Por eso
el apóstol Pedro dice:
“Humillaos, pues, bajo la
poderosa mano de Dios, para
que él os exalte cuando fuere
tiempo”. (10)
Uzías
pudo haberse arrepentido.
Pudo haber dicho "..oren
por mí.." pero no
hizo nada de eso. Había sido
un rey muy grande y poderoso,
pero se había enorgullecido
y había caído de su grandeza.
Vivió fuera de su familia
durante diez largos y dolorosos
años. Cuando nosotros nos
apartamos del Señor, no va
a brotar otra cosa que la
lepra del pecado. La lepra
es figura del pecado, porque
desfigura la moral del hombre,
sus sentimientos, su naturaleza,
desfigura su espíritu y lo
embrutece. Todo eso hace el
pecado. Por eso hermanos,
cada vez que Dios nos bendice,
que El nos de la gracia para
poder soportar la bendición,
y así seguir adelante en humildad.
¿Sabe qué decía Samuel Sorensen
cuando encontraba a algún
obrero luchado y quebrantado?
"..No te quejes de
este tiempo de quebrantamiento,
porque el Señor te está formando,
pero cuando seas bendecido
la soberbia y el orgullo pondrán
en peligro tu corazón.."
Señor ayúdanos. Si te sientes
bendecido, dale gloria a Dios
porque solo es por su gracia
y su misericordia.
Y
dice la Biblia que Isaías,
un joven israelita que estaba
entrando en un ministerio
profético, y que tenía el
buen hábito de estar en el
templo, estaba en el atrio
exterior y de pronto, de una
manera fantástica las puertas
del templo se abrieron, y
se le presentó una visión
que lo marcó y que cambió
el rumbo de su vida. El estaba
en el templo, y esa visión
quedó impresa en su mente
para siempre. Déjeme decirlo
otra vez, ¡Por favor, recíbalo!
Usted puede recibir en la
iglesia cosas que serán imborrables
durante toda su vida, cuando
estamos en un culto, en la
alabanza y la adoración a
Dios, quizás no todos los
días, pero va a haber un día
que de pronto la presencia
y la gloria de Dios se va
a manifestar en usted. Por
eso, no claudiquemos, sigamos
fieles al Señor, porque siempre
hay un día diferente en la
casa de Dios, y este fue el
día diferente en el ministerio
de Isaías.
Su
mente había estado en Uzías,
como muchos jóvenes, y aún
como muchas personas adultas,
que ponen su confianza en
la familia, en los amigos
y hasta en los gobernantes.
Tenemos que orar y clamar
por los gobernantes, pero
la solución no viene de ellos.
La solución para tu vida viene
del cielo, porque Dios es
el que gobierna sobre las
naciones. ¡Gloria al Señor!
Entonces, dice Isaías que
vio el lugar santo y al Señor
sentado en su trono como un
Rey, mostrándole que solo
él era el Rey. Isaías había
puesto su corazón en Uzías,
pero Dios le quería hacer
entender que aunque Uzías
fue quebrantado y humillado,
él seguía siendo Dios.
Aunque
a tu alrededor fracasen muchos,
y aún fracasen aquellos en
quienes pudiste haber puesto
tu confianza, debes seguir
confiando en Dios. Hoy tenemos
una sociedad arruinada y fracasada,
por causa del orgullo y la
soberbia. Uzías fue quebrantado,
aunque nunca debía haber sido
quebrantado, pero el orgullo
y la altivez lo quebrantaron,
por eso dice en Proverbios:
“...Mejor es humillar el espíritu
con los humildes, Que repartir
despojos con los soberbios...”
(11) Qué tremendo que es esto,
y si hoy estamos aquí es porque
queremos aprender a permanecer
humildes en la presencia del
Señor. Jesús dijo: “...Y
aprended de mí, que soy manso
y humilde de corazón; y hallaréis
descanso para vuestras almas..."
(12) Esta es la
primera lección que aprendí
del pasaje de Isaías seis.
La humillación y el quebrantamiento
de Uzías abrió el panorama
para que Isaías entienda que
aunque el hombre y aún las
naciones sean quebrantadas
Dios siempre está en su trono.
La
humildad de los seres celestiales
La
segunda cosa, dice que Isaías
veía serafines, la palabra
"seraf" significa
"ardiente", "brillante",
parece que eran como el color
del bronce, porque esto era
como fuego. "seraf"
significa fuego. La Biblia
dice que los serafines tenían
un color muy especial. Este
pasaje dice que cada uno tenía
seis alas. Con dos cubrían
su rostro, (en señal de humildad,
cosa que no quiso hacer Uzías),
con dos cubrían sus pies,
y con dos volaban. Hermanos,
esto es tremendo, porque esos
serafines podían expandir
sus alas y volar en forma
imponente.
Podían
volar desplegando esas seis
alas, ese color fuego de los
serafines, y seguramente hubieran
dado un espectáculo impresionante
a los ojos de Isaías, pero
la Biblia dice que con dos
alas cubrían su rostro, y
con otras dos cubrían sus
pies y esto es indicio que
los serafines mostraban que
estaban humildes en la presencia
del Señor. Ellos cubrían sus
rostros para no ser vistos.
Seguramente sus rostros serían
hermosísimos, pero los cubrían.
Sabe hermano, a nosotros nos
gusta mostrar nuestras capacidades
y cualidades, pero los serafines
tapaban sus rostros para no
ser vistos, y tapaban sus
pies para que también su andar
esté cubierto. Solo hacían
lo que tenían que hacer, alababan
a Dios.
Este
es un cuadro de humildad,
y el Espíritu Santo me estuvo
mostrando este cuadro de humildad
porque a estos serafines tan
hermosos el mismo Isaías no
les pudo contemplar el rostro.
Seguro que hubiera quedado
impactado. Pero como los serafines
estaban para exaltar a Dios
cubrían su rostro. ¡Cuánto
tenemos que aprender sobre
la humildad! Cuántas veces
nosotros queremos mostrarnos,
porque pensamos que tenemos
cualidades y condiciones,
nos creemos muy grandes y
pensamos que no nos consideran
o que el pastor no nos tiene
en cuenta. Yo te digo: "..cubrí
tu rostro un poquito, cubrí
tus pies, mantente en alabanza
y adoración a Dios porque
a su tiempo El va a derramar
su gloria.."
La
humildad y la gracia de Dios
La
segunda cosa que el vio fue
esa humildad de los ángeles.
La tercera, otra humillación,
usted se preguntará ¿cuál
será?, dice el versículo 5
de Isaías 6: “...Entonces
dije: ¡Ay de mí! que soy muerto;
porque siendo hombre inmundo
de labios, y habitando en
medio de pueblo que tiene
labios inmundos, han visto
mis ojos al Rey, Jehová de
los ejércitos...”
Mire,
cuando Isaías tuvo la visión
no entró en soberbia. De pronto
nosotros, tenemos una manifestación
linda del Señor, y en vez
de humillarnos, tenemos la
tendencia a agrandarnos. Pero
Isaías dijo: "..Ay
de mí, Ay de mí, que me voy
a morir...porque soy inmundo
de labios.." No es
que era tan inmundo, pero
viendo tanta gloria se consideró
sucio y pecador, y yo quiero
decirle que cuando estemos
contemplando la gloria del
Señor, no nos vamos a ver
muy dignos. Si usted se siente
muy digno ¡Tenga cuidado!
porque solo la sangre de Jesucristo
nos dignifica. Cuando Isaías
vio la visión se humilló y
se quebrantó. ¡Qué bueno es
humillarse! Yo me pregunto:
¿Con qué actitud estamos en
la casa de Dios? ¿Cómo venimos
a cada culto? ¿Venimos solo
a ver qué pasa, o qué se predica?
¿Venimos a mirar hacia nuestro
alrededor sin contemplar al
Señor?
Isaías
dijo: "..han visto
mis ojos al Rey..",
¿Por qué no cambiamos de actitud
para venir a la Iglesia? si
pudiéramos decir en la sencillez:
"..Señor, hoy vengo
a tu presencia, déjame experimentar
esa gracia, déjame contemplarte
un poquito Señor, aunque no
pueda ver algo tan gigantesco
como Isaías, quiero sentir
tu presencia.." Si
usted y yo pudiéramos tener
esa actitud, Dios no va a
fallar, pero si de pronto
venimos con una actitud de
enojo, de queja, y con una
guerra interior dentro de
nosotros, no vamos a recibir
nada, pero oremos para que
toda guerra interior sea aplastada
y que podamos ser libres para
contemplar la hermosura de
Jehová.
Creo
con todo mi corazón que cada
vez que entramos en la casa
de Dios deberíamos entrar
por sus atrios con la actitud
que nos enseña el Salmo 100:
“...con acción de gracias...”
(13) y con una
actitud humilde, porque
no podemos estar en su presencia
con una actitud de suficiencia,
Isaías clamó
¡AY
DE MI!, y nosotros: ¿Qué tendremos
que decir? ¡SEÑOR, LAVAME
EN TU SANGRE! Cuando Isaías
exclamó "..¡Ay de
mí!.." un serafín
tomó unas brazas del altar,
y con esa brasa tocó su boca.
Yo necesito ese toque día
por día, culto tras culto,
y ese es el espíritu adecuado
para recibir el toque del
Señor. ¿Me está entendiendo
en esta noche hermano?. Si
queremos recibir, tenemos
que llorar en su presencia.
Lloremos en la presencia de
Dios porque Dios se glorifica
en medio de las lágrimas,
“...Bienaventurados los que
lloran, porque ellos recibirán
consolación...” (14) Qué
bueno es poder quebrantarnos
en la presencia del Señor.
Quizás
Isaías pensó que esa brasa
lo iba a quemar vivo, pero
ese era un fuego celestial,
fuego que va a quemar para
bien, que va a quemar impurezas,
que va a quemar lo que no
sirve. Cuando el ángel le
dice "..y es quitada
tu culpa, y limpio tu pecado.."
es todo una figura. Se la
voy a explicar sencillamente.
En ese altar, era quemado
el resto de la víctima. En
ese fuego había habido derramamiento
de sangre y el fuego la consumía
y subía como holocausto y
olor suave a la Presencia
de Dios.
Todo
simboliza la obra de Cristo
en la cruz. Jesús murió en
la cruz, pasó todo ese fuego
de la prueba, y con un solo
sacrificio nos hizo perfectos
para siempre y ahora podemos
disfrutar de la presencia
de Dios. Piense un poquito
ahora, cuando Isaías se humilló
y se quebrantó vino ese toque
de Dios, vino esa brasa del
altar que tocó sus labios.
Cuántas veces queremos un
toque de Dios, pero nos falta
decir: "..Señor ten
misericordia, lávame en tu
sangre salvadora, límpiame
de toda mi maldad.., yo no
sirvo, yo me equivoco, pero
tu eres Rey.."
Nosotros
no decimos "..Ay de
mi.." Nos sentimos
muy buenitos, muy excelentes,
casi necesitamos que nos rindan
honra y pleitesía, pero el
único que merece honra y gloria
es Dios. ¿Sigues queriendo
ese toque? Qué lindo es que
reunión tras reunión, antes
de llegar a la casa del Señor
vayamos preparando nuestro
espíritu, diciendo: "..háblame
Señor, perdóname, lávame,
límpiame, ayúdame.."
Si estás con ese espíritu
adecuado te digo en el nombre
de Jesús que no va a terminar
el culto sin que tengas un
toque del Señor, ya sea en
los cánticos o en la palabra
vas a tener ese toque del
Señor.
Esto
es humildad también. Y la
Biblia dice que Dios: "..da
gracia a los humildes..",
así dice al apóstol Pedro,
aunque la primera parte del
versículo es fuerte porque
dice: "..Dios resiste
a los soberbios.."
(15) Claro, si miramos hacia
el mundo, el mundo tiene soberbia.
Es cierto, la carne no se
humilla ante Dios, pero muchas
veces somos nosotros los que
venimos a la iglesia los que
estamos cargados de soberbia.
Isaías no era un hombre que
se hallaba lejos de las cosas
de Dios, sin embargo, necesitaba
un encuentro nuevo con Dios,
y los que venimos a la casa
de Dios tenemos la tremenda
necesidad de un encuentro
con Dios. Anímese a orar reunión
tras reunión, "..háblame
Señor.." y yo le
aseguro que la oración romperá
los lazos y las ataduras del
infierno y vamos a sentir
la gloria del Señor.
La
humildad y el ministerio
Y
dice "..Después oí
la voz del Señor.."
Escuche hermano. Nadie podrá
oír la voz del Señor si no
tiene ese encuentro con el
Señor. Señor ayúdanos, cúantas
veces decimos: ¡Señor quiero
que tu me hables, que tu me
bendigas, quiero oír tu voz...!!!
Pero, ¿Cómo vamos a oírla
si no nos quebrantamos en
su presencia? Todo es un proceso
de humillación en la vida
de Isaías. Por eso, al final
de su ministerio entiende
el corazón de Dios: "..miraré
a aquel que es pobre y humilde
de espíritu.." Y
lo mas tremendo de todo es
que Dios lo envía a un ministerio.
Tuvo el llamamiento, tuvo
vocación, tuvo un ministerio,
porque entró en ese camino.
Y cuando Dios lo envía al
ministerio, no fue un ministerio
aplaudido sino que, leamos
en el verso 9: “...Y dijo:
Anda, y dí a este pueblo:
Oíd bien, y no entendáis;
ved por cierto, más no comprendáis.
Engruesa el corazón de este
pueblo, y agrava sus oídos,
y ciega sus ojos, para que
no vea con sus ojos, ni oiga
con sus oídos, ni su corazón
entienda, ni se convierta,
y haya para él sanidad. Y
yo dije:¿Hasta cuando, Señor?
Y respondió el: Hasta que
las ciudades estén asoladas
y sin morador, y no haya hombre
en las casas, y la tierra
esté hecha un desierto; hasta
que Jehová haya echado lejos
a los hombres, y multiplicado
los lugares abandonados en
medio de la tierra. Y si quedare
aún en ella la décima parte,
ésta volverá a ser destruida;
pero como el roble y la encina,
que al ser cortados aún queda
el tronco, así será el tronco,
la simiente santa...” (16).
Mire,
Dios lo envía al ministerio
y muchos años después, Isaías
dice: "..¿Quién ha
creído a nuestro anuncio?.."
parece que hasta su ministerio
había sido humillado, porque
Israel no escuchaba, por más
que el predicaba y profetizaba,
no sucedía absolutamente nada.
El pueblo no se humillaba,
no se quebrantaba. Hermano,
¡Que no nos pase esto a nosotros!
Muchos años después el profeta
se pregunta "..¿Quién
ha creído a nuestro anuncio?,
¿y sobre quién se ha manifestado
el brazo de Jehová?.."pero
luego se reanima y exclama
con unción profética sobre
alguien que venía ¡Era el
Mesías!
"..Subirá cual
renuevo delante de él,
y como raíz de tierra
seca....varón de dolores,
experimentado en quebranto..fue
menospreciado, y no lo estimamos...y
por su llaga fuimos nosotros
curados..." (17)
¡Es Jesucristo que se
iba a manifestar a nuestras
vidas! Solo la revelación
de la venida de Jesucristo
podría haber animado a alguien
que parecía un predicador
frustrado, un pastor frustrado,
alguien que aparentemente
había fracasado aún teniendo
la unción, y que le estaba
predicando a un pueblo ciego
y sordo espiritualmente. Aún
así, Isaías tenía la orden
de seguir hasta las últimas
consecuencias, porque Dios
le dijo claramente: "..Hasta
que la ciudades estén asoladas
y sin morador, y no haya hombre
en las casas, y la tierra
esté hecha un desierto.."
Qué importante es tener en
cuenta que si un pueblo o
una persona rechaza el mensaje
solo tiene que esperar el
juicio.
Hoy
estamos bajo la gracia y al
que rechaza la gracia no le
queda otra expectativa que
hervor de fuego, pero nosotros
decimos "..Señor,
quiero oír tu voz.."
¡Qué hermoso es cuando podemos
ver niños, jóvenes y hermanos
mayores quebrantados! Mantente
en humildad y en humillación,
porque aunque tu vida quedare
como el tronco solo, allí
va a rebrotar nuevamente,
porque su gracia nunca se
termina. A veces parece que
a nuestra vida le queda muy
poco, que se está terminando
sin aquellas cosas que anhelamos,
pero en esta noche te digo
que tu vida no se esta terminando
nada porque queda un tiempo
hermoso de parte de Dios en
el que El se exaltará en tu
vida y ministerio. Como dice
Pedro, "..Humillaos,
pues, bajo la poderosa mano
de Dios, para que el os exalte
cuando fuere tiempo.."
Salomón oró y dijo: "..Si
se humillare mi pueblo, sobre
el cual mi nombre es invocado,
y oraren, y buscaren mi rostro,
y se convirtieren de sus malos
caminos; entonces yo oiré
desde los cielos, y perdonaré
sus pecados, y sanaré su tierra.."
(18)
¿Cuántos
quieren que Dios los oiga?
¡Cuánto necesitamos entender
que debemos mantenernos humildes
y mansos en su presencia!
Gracias a Dios por la lección
de Isaías. Gracias a Dios
por la humillación que el
vio en los ángeles, en su
propia vida y en el ministerio
que Dios le dio. Todo esto
vino de parte de Dios para
llevarlo a glorias mayores.
Si quieres para tu vida y
tu ministerio etapas de gloria
y de triunfo entonces acepta
el proceso de Dios. ¡Bienaventurado
el que lo acepta! Alza tus
manos al santuario y dale
gracias porque hoy puedes
entender esto. "..Gracias
Señor, porque tú habitas con
el corazón quebrantado y humilde,
gracias por la lección terrible
de Uzías, gracias por la lección
de los serafines, gracias
por la lección de Isaías y
de su ministerio, que fue
enviado a predicar pero tuvo
que vivir año tras año humillado
hasta que las ciudades quedaran
asoladas y sin morador, pero
tu has prometido que aunque
quedara el tronco solamente,
harías rebrotar ramas nuevas.
A veces parece que quedamos
muy solos en la vida, pero
aún así queremos mantenernos
sencillos y humildes en tu
presencia. La lección más
grande me la das tu Señor,
que fuiste manso y humilde
de corazón, Señor, tu has
dicho que ibas a hacer vivir
el espíritu de los humildes
y a vivificar el corazón de
los quebrantados, Señor, levanto
mis manos al cielo, vivifícame
en tu presencia. Amén.."
Por
el pastor Orlando García
Referencias
bíblicas: (1) Proverbios 15:33. (2) Isaías 57:15. (3) Isaías 66: 1 y 2. (4)
1ro de Reyes 8:27. (5) Salmo
27: 4 y 5. (6) Apocalipsis
3:20. (7) Filipenses 2:8 y
9. (8) Isaías 6:1 al 8. (9)
Mateo 6:12. (10) 1ra de Pedro
5:6. (11) Proverbios 16:19.
(12) Mateo 11:29. (13) Salmo
100:4. (14) Mateo 5:4. (15)
1ra de Pedro 5:5. (16) Isaías
6: 9 al 13. (17) Isaías 53:1
al 5. (18) 2do de Crónicas
7:14.