| Humillados
bajo la poderosa mano
de Dios |
| Por
el pastor Orlando García |
Jesús
se despojó a sí mismo. La
Biblia dice que tomó "forma
de siervo"
El apóstol Pablo se denomina
a sí mismo "esclavo
de Jesucristo"
Hoy en día, muchos se
autotitulan "apóstoles"
y "profetas", pero
nosotros debemos identificarnos
solamente con El y con su
cruz.
La
vida cristiana, un proceso
de humillación constante
Vamos
a abrir nuestras Biblias en
Filipenses capítulo dos. Esta
es una palabra que Dios me
puso desde la mañana, y no
pude sacarla de mi corazón.
Así que esto es palabra que
el Señor nos envía. Filipenses
dos lleva por título Humillación
y exaltación de Cristo, y
dice: “...Por tanto, si
hay alguna consolación en
Cristo, si algún consuelo
de amor, si alguna comunión
del Espíritu, si algún afecto
entrañable, si alguna misericordia,
completad mi gozo, sintiendo
lo mismo, teniendo el mismo
amor, unánimes, sintiendo
una misma cosa. Nada hagáis
por contienda o por vanagloria;
antes bien con humildad, estimando
cada uno a los demás como
superiores a él mismo; no
mirando cada uno por lo suyo
propio, sino cada cual también
por lo de los otros. Haya,
pues, en vosotros este sentir
que hubo también en Cristo
Jesús, el cual, siendo en
forma de Dios, no estimó el
ser igual a Dios como cosa
a que aferrarse, sino que
se despojó a sí mismo, tomando
forma de siervo, hecho semejante
a los hombres; y estando en
la condición de hombre, se
humilló a sí mismo, haciéndose
obediente hasta la muerte,
y muerte de cruz. Por lo cual
Dios también lo exaltó hasta
lo sumo, y le dio un nombre
que es sobre todo nombre,
para que en el nombre de Jesús
se doble toda rodilla de los
que están en los cielos, y
en la tierra, y debajo de
la tierra; y toda lengua confiese
que Jesucristo es el Señor,
para gloria de Dios Padre...”
(1)
Este
es un capítulo impresionante.
El apóstol Pablo está destacando
el sentir que generó el Espíritu
Santo no solo en Jesús, sino
también en él mismo y en los
otros apóstoles. Como dijo
Pedro: “..Humillaos, pues,
bajo la poderosa mano de Dios,
para que él os exalte cuando
fuere tiempo..” (2) Así
que, hay un proceso de Dios
en nuestras vidas. Ese proceso
nos lleva a someternos a su
voluntad. ¿Sabe que esto es
difícil? pero nos lleva a
considerarnos unos a otros,
por eso, dice el apóstol:
"..sintiendo una misma
cosa. Nada hagáis por contienda
o por vanagloria; antes bien
con humildad, estimando cada
uno a los demás como superiores
a él mismo.."
Mire,
creo que si hay algo difícil
para nosotros es poder estimar
a otro hermano como superior
a nosotros mismos. ¡Cuesta
mucho trabajo! Generalmente
tenemos una tendencia a pensar
que valemos más de la cuenta,
pero ¡Cuidado hermanos! Porque
Dios no quiere que nos subestimemos,
pero sí anhela que nos mantengamos
en El y en su proceso en nuestras
vidas, que es de humillación
constante. Es un proceso
de quebrantamiento hasta las
últimas consecuencias. Dios
quizo quebrantarlo a Jesús
(Isaías 53) y lo quebrantó,
a pesar de que no hizo maldad,
a pesar de que no hubo engaño
en su boca, igual Dios quizo
quebrantarlo y lo sujetó a
padecimiento, pero no lo hizo
en vano, porque había un propósito
eterno en ese quebrantamiento.
Por eso declara el profeta:
"..Verá el fruto de
la aflicción de su alma, y
quedará satisfecho; por su
conocimiento justificará mi
siervo justo a muchos, y llevará
las iniquidades de ellos.."
(3)
Gracias
al Señor, hay un proceso de
humillación y un proceso
de exaltación. Nosotros, por
lo general anhelamos la exaltación.
¡Queremos que nos aplaudan!
¡Que nos brinden todos los
reconocimientos! y yo quiero
decirle que todo eso llega
si sabemos descender. Es como
construir un edificio. Cuanto
más alto es el edificio, más
abajo deben llegar sus cimientos.
Los cimientos de una vida
victoriosa en el Señor son
los cimientos de la humildad,
sin embargo, nos cuesta entender
esto, y hasta tenemos la tendencia
de enojarnos con el Señor,
con la Iglesia, con su palabra.
¿Porqué? porque nos estimamos
demasiado. Pensamos: "..no
merezco que me pase esto,
no merezco tener esta etapa
en mi vida.." pero
debes saber esto: Esas etapas
de lucha y batalla son para
quebrantar nuestro ego, para
que luego de ese descenso,
Dios nos levante a una vida
gloriosa de victoria.
El
hombre de Dios, un siervo
inútil y un esclavo de Jesucristo
El
apóstol dice: quiero que haya
en vosotros el sentir que
hubo en Cristo Jesús. ¡Tenemos
que aprender de Jesús! porque
la Biblia dice que siendo
en forma de Dios no estimó
el ser igual a Dios como cosa
a qué aferrarse. ¡A cuántas
cosas nos aferramos para intentar
hacer valer nuestros supuestos
"derechos"! Pensamos
que tenemos muchos derechos
en Dios, pero, ¿Cuál es el
título que le dio Jesús a
aquellos que hicieran todo
lo que él les mandó? ¿Cuál
es...? SIERVOS INUTILES.
¡Muy bien! ¡Estamos bien informados!
Y... ¡Cuánto me falta a mí
para hacer todo lo que Dios
ha dicho! ¿A ti te falta algo?
El Señor nos ayude, porque
estamos en la escuela de Dios.
Estamos
en la escuela de Dios. La
misma que pasó Jesús en el
camino del calvario. Y aunque
tenía plenos derechos para
reclamarle a Dios muchas cosas,
en medio de sus luchas y sufrimientos,
no lo hizo, sino que se humilló
a si mismo. Cuántas veces
queremos hacer valer nuestros
derechos diciendo al Señor
"..¿Porqué tanto sufrimiento?
¿Porqué tengo esta batalla?.."
Hermanos, eso es el proceso
de Dios que nos lleva a humillarnos,
pero después de esa humillación,
si la aceptamos, vendrá la
victoria, y esa victoria nos
llevará a una nueva etapa
en la vida. Demos gracias
a Dios, y digamos ¡Amén!
Así
pasó con Jesús, quién "..se
despojó a si mismo.."
y vivir una vida en Dios es
despojarnos de nuestro tiempo,
de nuestras pretensiones,
de nuestras ambiciones personales,
de nuestros derechos. Esto
no se predica mucho, pero
Jesús dijo bien claro: “..Y
el que no lleva su cruz y
viene en pos de mi, no puede
ser mi discípulo..” (4)
Señor, ayúdanos cada día a
tomar la cruz, y decir:"..me
identifico contigo..sé que
vivo un camino de muerte.."
y en este camino de la cruz,
nuestra carnalidad va muriendo,
nuestros anhelos van muriendo,
nuestras pretensiones van
muriendo. Jesús se despojó
a sí mismo. No se a usted,
pero a mi me cuesta trabajo.
La Biblia dice que Jesús tomó
"..forma de siervo.."
el apóstol Pablo se denomina
a sí mismo "..esclavo
de Jesucristo.."
Hoy en día, muchos se autotitulan
"apóstoles" y "profetas",
pero nosotros debemos identificarnos
solamente con El y con su
cruz.
¿No
se fue del culto todavía,
no? Vamos a quedarnos por
un rato, porque en esto va
a venir la bendición. Por
lo cual Dios le exaltó hasta
lo sumo, y le dio un Nombre
que es sobre todo nombre,
porque descendió hasta lo
más bajo de la tierra y llegó
al mismo infierno para libertar
a los espíritus encarcelados,
pero desde ese lugar le exaltó
Dios, y desde ese lugar Dios
le exaltó hasta lo sumo. ¿Sabe
que es hasta lo sumo? ¡Es
la exaltación máxima! ¡No
hay más! Es la cúspide de
la exaltación. De esta manera
Dios exaltó a Jesús y le dio
un nombre que es sobre todo
nombre, Jesucristo el Señor,
bendito sea el nombre del
Señor.
La
humillación del gran general
Pudiera
seguir hablando sobre este
pasaje, pero lo que Dios me
puso hoy es un pasaje que
muchas veces he predicado,
aunque recibí una luz diferente
hoy. Vamos al segundo libro
de Reyes, capítulo cinco.
Dios me permitió descubrir
que aquí hay tres personas
que son humilladas bajo la
poderosa mano de Dios. Yo
nunca lo escuché predicar
así, pero Dios me lo permitió
ver bajo la luz del Espíritu
Santo. Leemos: "..Naamán,
general del ejército del rey
de Siria, era varón grande
delante de su Señor, y lo
tenía en alta estima, porque
por medio de él había dado
Jehová salvación a Siria.
Era este hombre valeroso en
extremo, pero leproso.."
(5)
Mire,
ya desde el comienzo se ve
la humillación, Naamán pertenecía
al ejército del rey de Siria,
y dice la Biblia que era un
grande delante de su señor,
y que el rey lo estimaba mucho.
Aquí hay una palabra con respecto
a Naamán que a lo mejor no
le damos mucha importancia,
pero que tiene un valor muy
grande: "..porque
por medio de él había dado
Jehová salvación a Siria.."
¿Cómo puede ser esto? No pertenecía
al pueblo de Israel, pero
Dios lo había usado. De alguna
manera la gracia de Dios estaba
sobre Naamán. Entonces podemos
preguntarnos, si Dios estaba
con él, ¿Porqué estaba leproso?
Yo entiendo que era una circunstancia
que Dios estaba enviando sobre
Naamán para que entendiera
su necesidad y conociera realmente
el poder de Dios.
Esa
humillación en su carne le
llevaba a estar tremendamente
necesitado. Era valeroso,
tenía capacidades y talento,
tenía las cualidades de un
grande y aún Dios había dado
salvación a Siria por medio
de él, pero era leproso, y
estaba en gran manera humillado,
porque un leproso no podía
salir mas a la guerra. A pesar
de todas las condecoraciones
que podía tener Naamán, de
las medallas que tendría como
gran general, no podía salir
más a la guerra. Y quizás
ud se pregunte ¿Cómo puede
ser que a un hombre que Dios
había usado para traer salvación
a una toda una nación, ahora
el mismo Dios permita que
caiga en una enfermedad tan
vergonzosa? Pero, ¿Sabe una
cosa? Había un propósito de
Dios en todo esto, y usted
pensará ¿Cómo lo sabe? Vamos
a San Lucas capítulo cuatro:
“...Y muchos leprosos había
en Israel en tiempo del profeta
Eliseo; pero ninguno de ellos
fue limpiado, sino Naamán
el sirio...” (6). Estas
son palabras de Jesús, ilustrando
a Israel no sólo de la fe
de Naamán, (un gentil) sino
también del propósito soberano
de Dios en esa lepra, para
que él primeramente y luego
el rey de Siria conocieran
el poder de Dios, que está
mas allá de todos los prejuicios
humanos. Hermano, habrá cosas
que te humillan y te quebrantan,
pero cuando Dios te saque
de eso, su nombre va a ser
exaltado y vas a tener una
nueva revelación del poder
del Señor. ¡Qué desesperación
para Naamán! Ahora, el gran
general estaba condicionado,
ya no podía ser el que salía
a la guerra fuerte y valiente,
¡Estaba leproso! ¡Estaba humillado
a pesar de ser tan valeroso!
Hay
problemas en nuestra vida
que se levantan, que nos condicionan
y que nos hacen pensar que
no vamos a salir de eso, que
no vamos a poder servir mejor
al Señor, problemas que nos
tienen por tiempo luchados
y batallados, pero los ojos
de Dios están sobre sus hijos,
y a su tiempo, si confías
en el Señor, verás la bandera
de victoria que El levantará.
¡Qué condiciones había en
Naamán! Pero ahora estaba
humillado, la lepra había
tocado su cuerpo. Estimado
hermano, vamos a creer que
lo que hoy te condiciona mañana
el Señor lo puede limpiar.
¡Levanta tus manos! Al diablo
no le gusta que lo hagas porque
es una señal de victoria,
porque estás mostrando esperanza
y confianza, que nuevas son
sus misericordias cada mañana,
que grande es su fidelidad.
Vuelvo a repetir, hay cosas
que nos quebrantan, y que
casi destruyen nuestro entusiasmo,
pero son permitidas por Dios.
¿Para qué? Para que aprendamos
en carne propia esta Palabra:
“Humillaos, pues, bajo la
poderosa mano de Dios, para
que él os exalte cuando fuere
tiempo”
La
humillación de la muchacha
israelita
Ahora,
vamos a ver la humillación
de una jovencita, por eso
le digo que es todo nuevo.
Leemos en 2do de Reyes capítulo
cinco: “...Y de Siria habían
salido bandas armadas, y habían
llevado cautiva de la tierra
de Israel a una muchacha,
la cual servía a la mujer
de Naamán. Esta dijo a su
señora: Si rogase mi señor
al profeta que está en Samaria,
él lo sanaría de su lepra.
Entrando Naamán a su señor,
le relató diciendo: Así y
así ha dicho una muchacha
que es de la tierra de Israel...”
(7) Esta jovencita
fue secuestrada, pero no para
pedir dinero por su rescate,
sino que se la llevaron como
esclava. Fué arrancada de
su tierra, de su familia,
de su hogar, de sus seres
queridos. De pronto pasó un
carro de guerra, lleno de
soldados, la separaron de
su familia y la llevaron muy
lejos diciéndole "..ahora
vas a ser una esclava.."
Seguro que hubo quebranto
y lágrimas en esta chica.
No se fue sonriendo ni festejando,
y aunque en el mejor de los
casos la trataran bien, ella
estaba humillada. ¿Cómo
estaríamos nosotros en su
lugar?
Escuche
hermano, ¿Cuál es nuestra
actitud frente a la prueba
y la humillación que muchas
veces Dios permite? Esta joven
podría haber dicho: "..bueno,
yo me olvido de todo, me olvido
de Dios, de su ley, de su
Palabra. Me olvido de todo
porque Dios está permitiendo
que viva cautiva en este lugar.."
Sin embargo, no había amargura
en su corazón. Por eso, Dios
usó a esta joven para testimonio
a Naamán y a toda Siria del
gran poder de Dios. Si no
hubiera estado allí aún con
lágrimas y quebranto, Dios
no la hubiera usado para su
gloria, porque a pesar de
estar humillada no se enojó
contra Dios ni cerró su boca.
Hermano, anímate en tus luchas
a levantar tus manos y a confesar
que Dios tiene poder. "..Dios
tiene a un profeta en Israel,
y él le puede sanar de su
lepra.." le dijo
a su señora. ¡Estaba esclava
y humillada y sin embargo
seguía proclamando que Dios
tiene poder! Era jovencita
pero seguramente habían llegado
a sus oídos las maravillas
que Dios obraba a través de
Eliseo. Esta joven no resistió
la voluntad de Dios. Porque
por cómo se dieron los hechos
puedo decir que estaba en
ese lugar por voluntad de
Dios. Esta muchacha, aún sin
entender muchas cosas, aún
con sus luchas y batallas,
se humilló bajo la poderosa
mano de Dios y testificó a
esa familia ¡Dios tiene poder!
Yo le hago una pregunta: ¿Lo
hacemos nosotros?
Escuche
bien, que ni sus luchas ni
batallas en la vida, traigan
dureza en su corazón, más
bien "..humillaos,
pues, bajo la poderosa mano
de Dios, para que El os exalte
cuando fuere tiempo.."
Yo veo claramente la humillación
de esta chica, pero sin embargo,
ante la lepra de Naamán, con
ánimo resuelto y con profunda
convicción le dijo a la esposa:
"..Si rogase mi señor
al profeta que está en Samaria,
él lo sanaría de su lepra.."
¿Se animaría usted en
tales circunstancias, a decir
JESUS TIENE PODER?
Yo creo que había una profunda
fe en el corazón de esta chica.
La Biblia no menciona su nombre,
pero su acto de fe se va a
predicar hasta el día que
Cristo venga. ¿Porqué? Porque
aceptó el proceso de Dios,
porque aceptó la humillación
a la que Dios la sometió.
Sus padres lejos, sus hermanos
lejos. Todos muy lejanos,
pero en su corazón aceptó
el proceso de Dios, se humilló
bajo la poderosa mano de Dios
y Dios la exaltó. ¡Amén! ¿No
siente que Dios le está hablando?
Naamán humillado, la muchacha
israelita humillada. Todo
un proceso de humillación
bajo la poderosa mano de Dios,
que iba a concluir en un glorioso
testimonio, en una gloriosa
obra de Dios.
La
humillación del rey de Israel
Avanzando
un poco más en el pasaje,
leemos desde el versículo
cinco: “...Y le dijo el
rey de Siria: Anda, vé, y
yo enviaré cartas al rey de
Israel. Salió, pues, él, llevando
consigo diez talentos de plata,
y seis mil piezas de oro,
y diez mudas de vestidos.
Tomó también cartas para el
rey de Israel, que decían
así: Cuendo lleguen a ti estas
cartas, sabe por ellas que
yo envío a ti mi siervo Naamán,
para que lo sanes de su lepra.
Luego que el rey de Israel
leyó las cartas, rasgó sus
vestidos, y dijo: ¿Soy yo
Dios, que mate y dé vida,
para que éste envíe a mí a
que sane un hombre de su lepra?
Considerad ahora, y ved cómo
busca ocasión contra mí...”
Observe ahora la humillación
del rey “...Cuando Eliseo
el varón de Dios oyó que el
rey de Israel había rasgado
sus vestidos, envió a decir
al rey: ¿Porqué has rasgado
tus vestidos? Venga ahora
a mí, y sabrá que hay profeta
en Israel...” Sabe que
estas vestiduras que el rey
rompió eran carísimas. Cada
vez que se rompían esas vestiduras,
era en señal de humillación,
quiere decir que: ¡El mismísimo
rey se estaba humillando!
Entonces,
cuando llegó Naamán con todo
el cortejo, y con la carta
del rey de Siria, ¡El rey
de Israel quedó como enloquecido!
Y aquí hermanos, vemos la
incapacidad humana. El hombre
no puede hacer lo que Dios
tiene que hacer. Era un rey,
era el más alto rango en Israel.
Como hoy lo sería un gobernante.
Hay cosas en las que nos podrán
ayudar, pero hay cosas en
las que no podrán hacer nada
porque esa ayuda viene de
parte del Señor, y decimos
¡Gracias Dios! porque esto
permite la humillación. "..¿Soy
yo Dios?.." Se preguntaba,
y andaba por ese palacio rompiendo
sus vestidos, gimiendo desesperadamente,
pensando que se venía una
guerra por delante, y preguntándose:
"..¿Porqué me pasa
esto?.." pero le
pasaba eso porque allí comenzaba
un glorioso proceso de Dios.
Cuando
Eliseo oyó que el rey había
roto sus vestidos, se dio
cuenta que estaba desesperado,
porque Siria era un imperio
y podía, de alguna manera,
aplastar a Israel. Entonces
dice la Biblia que Eliseo
le mandó a decir: "..Venga
ahora a mí, y sabrá que hay
profeta en Israel.."
¡Gloria a Dios! Todavía podemos
venir a Cristo, podemos venir
a la Iglesia, y todavía podemos
ver el poder de Dios. Eliseo
estaba dispuesto a mostrarle
al rey de Siria, y al rey
de Israel que todavía el poder
de Dios estaba intacto. Y
hermano querido, en medio
de la humillación, en medio
del quebranto, en medio de
las dificultades, el poder
de Dios no ha sucumbido. ¡Está
intacto para salvar, para
sanar, para renovarnos! ¿Cuántos
creen esto? Mire cuántos procesos
de humillación. La humillación
de Naamán, la humillación
de la muchacha, la humillación
del rey. Por algo dice el
Proverbio: "..Mejor
es humillar el espíritu con
los humildes, Que repartir
despojos con los soberbios.."
(8)
Cuando
Dios nos hace "bajar
del carro"
Avanzamos
un poco: “Y vino Naamán
con sus caballos y con su
carro, y se paró a las puertas
de la casa de Eliseo. Entonces
Eliseo le envió un mensajero,
diciendo: Vé y lávate siete
veces en el jordán, y tu carne
se te restaurará y serás limpio.
Y Naamán se fue enojado, diciendo:
(9) (Y observe qué orgullo
tenía, que aunque estaba leproso,
se paró con sus caballitos
y su carro en la puerta de
la casa de Eliseo, quería
ser sano pero no quería humillarse)
"..He aquí yo decía
para mi.." (Eso es
lo que nos pasa cuando estamos
en soberbia, queremos que
las cosas se hagan como a
nosotros nos parece) "..saldrá
él luego, y estando en pié
invocará el nombre de Jehová
su Dios, y alzará su mano
y tocará el lugar, y sanará
la lepra.." (10)
Así que Naamán estaba
terriblemente necesitado pero
todavía tenía una posición
altiva. No estaba dispuesto
a “bajarse del carro”
¡Cuántas
veces, y a pesar de nuestra
necesidad, estamos montados
en nuestra soberbia, en nuestra
arrogancia, y en nuestras
propias justificaciones! Cuando
escuchó la palabra del profeta,
Naamán se fue enojado, ¿Conoce
a algunos creyentes que se
enojan? Naamán había sido
usado por Dios. pero ahora
se fue enojado. En su corazón
había soberbia, arrogancia
y orgullo. Estaba leproso
pero no quería "bajarse
del carro". Escuche hermano,
porque esto viene de parte
de Dios, y es profético, muchas
veces no recibimos una bendición
de Dios porque venimos a él
con una actitud negativa,
pero su Palabra dice que al
corazón quebrantado y humilde
Dios no lo despreciará. Hasta
a veces nos cuesta recibir
un mensaje, y decimos para
nosotros mismos, "..esto
le vendría bien al hermano
tal o cual.." pero
cada palabra la tenemos que
recibir en nuestro corazón
y decir ¡Amén Señor! Te bendigo
y te alabo.
Entonces
el pensó, "..yo decía
para mí.." Así piensa
el corazón altivo y arrogante,
pero Dios da gracia a los
humildes y resiste a los soberbios.
El "gran general"
Naamán no quería descender,
estaba leproso pero no quería
humillarse. A veces nosotros
nos sentimos tan grandes que
no queremos descender aceptando
los procesos de Dios, como
el que sometió a Naamán, como
el que sometió a la jovencita,
y como el que sometió al rey
a una desesperación angustiante.
Y
así seguía pensando Naamán,
en su soberbia: “Abana
y Farfar, ríos de Damasco,
¿no son mejores que todas
las aguas de Israel? Si me
lavare en ellos, ¿no seré
también limpio? Y se volvió,
y se fue enojado. Mas sus
criados se le acercaron y
le hablaron diciendo: Padre
mío, si el profeta te mandara
alguna gran cosa, ¿no la harías?
¿Cuánto más, diciéndote: Lávate,
y serás limpio? El entonces
descendió, y se zambulló siete
veces en el Jordán, conforme
a la palabra del varón de
Dios; y su carne se volvió
como la carne de un niño,
y quedó limpio. Y volvió al
varón de Dios, él y toda su
compañía, y se puso delante
de él, y dijo: He aquí ahora
conozco que no hay Dios en
toda la tierra, sino en Israel.
Te ruego que recibas algún
presente de tu siervo. Mas
él dijo: Vive Jehová, en cuya
presencia estoy, que no lo
aceptaré. Y le instaba que
aceptara alguna cosa, pero
él no quiso. Entonces Naamán
dijo: Te ruego que, pues,
¿de esta tierra no se dará
a tu siervo la carga de un
par de mulas? Porque de aquí
en adelante tu siervo no sacrificará
holocausto ni ofrecerá sacrificio
a otros dioses, sino a Jehová...”
(11)
¡Gloria
a Dios! El proceso de humillación
llevó a Naamán a bajarse del
carro y a zambullirse siete
veces en el río Jordán. Siete
es número de perfección en
la Biblia, y la obra de Dios
en nuestras vidas siempre
es perfecta, pero debemos
aceptar los procesos por los
cuales Dios nos lleva para
cumplir su obra, porque lo
que menos esperaba oir Naamán
era eso. "..¿Siete
veces en el Jordán? ¿Siete
veces me tengo que humillar?
¡Nooo! ¡Ni loco!.."
Hubiéramos dicho alguno de
nosotros, pero ¿Sabe una cosa?
A veces lo que no queremos
escuchar en una predicación
es lo que Dios quiere que
estemos oyendo, porque no
es que tenemos que escuchar
lo que queremos, debemos escuchar
lo que Dios quiere que escuchemos.
Así pasó con Naamán, él dijo
"..Yo decía para mi..",
pero Dios tiene otros pensamientos,
aunque al principio no los
entendamos demasiado: “Porque
yo sé los pensamientos que
tengo acerca de vosotros,
dice Jehová, pensamientos
de paz, y no de mal, para
daros el fin que esperáis...”
(12)
Así
que, Naamán se fue enojado,
(y con su lepra a cuestas),
pero los criados, que en este
caso demostraron tener mas
entendimiento que él, le dijeron:
Padre mío, si el profeta
te mandara alguna gran cosa,
¿no la harías? ¿Cuánto más,
diciéndote: Lávate, y serás
limpio.." Así es
de sencilla la salvación,
se acepta a Cristo recibiendo
su palabra. El Jordán se caracterizaba
por ser un río muy sucio,
muy barroso, y el Abana y
el Farfar (ríos de Damasco)
eran cristalinos, pero no
pertenecían a la tierra donde
Dios había puesto sus pies
que era Israel. El barro del
río Jordán representaba humillación.
¿Como dice el coro? "..Soy
barro nada mas Señor.."
El se tenía que humillar y
zambullirse siete veces en
el Jordán, ¡Qué tremendo debe
haber sido! Tuvo que bajarse
del carro, y no solo eso,
tuvo que sacarse la ropa,
se tuvo que despojar del "apellido",
de las jinetas, del traje
militar, de las condecoraciones,
de las medallas, de las espadas,
de los honores, del reconocimiento,
de la historia y jerarquía
de un "gran guerrero",
debió despojarse de todo eso
para recibir la bendición
de Dios. Yo le pregunto, ¿Acaso
Jesús no se despojó de mucho
más que eso para cumplir la
voluntad de Dios?
Para
recibir las grandes bendiciones
del Señor debemos despojarnos.
Y no es una vez, tenemos que
despojarnos siempre. Naamán
debió hacerlo siete veces.
Por momentos parece que no
pasa nada. En su primer zambullida
Naamán salió leproso y encima
lleno de barro, se zambulló
la segunda vez, y salió más
lleno de lepra y de barro,
y la tercera, la cuarta, la
quinta y la sexta, pero a
la séptima vez (luego de cumplir
el mandato del profeta y la
voluntad de Dios), salió con
la piel limpia como la de
un niño. ¡Gracias Señor porque
tú quieres limpiarnos! ¡Dale
gloria a Dios! Esta lección
nos habla de perseverar, de
esperar en El.
Mire
una vez más el cuadro, Naamán
estaba humillado con su lepra,
pero no era suficiente para
el, ahora tenía que seguir
el consejo del profeta y humillarse
aún mas, y hay un río en el
que podemos zambullirnos día
por día, es el río del que
habla Ezequiel cuando dice:
“...Y toda alma viviente
que nadare por dondequiera
que entraren estos dos ríos,
vivirá; y habrá muchísimos
peces por haber entrado allá
estas aguas, y recibirán sanidad;
y vivirá todo lo que entrare
en este río...” (13) Este
río hoy esta a tu disposición,
ese río fluye cuando hablas
en lenguas, cuando adoras
a Dios, cuando alzas tus brazos
al cielo, en el quebranto
que te lleva a llorar en la
presencia de Dios, Jesús lo
dijo: “...Bienaventurados
los que lloran, porque ellos
recibirán consolación...”
(14) ¿Estás envuelto en problemas
que traen lágrimas y quebrantamiento?
A su tiempo Dios secará esas
lágrimas: “...Destruirá
a la muerte para siempre;
y enjugará Jehová el Señor
toda lágrima de todos los
rostros; y quitará la afrenta
de su pueblo de toda la tierra;
porque Jehová lo ha dicho...”
(15) Dios no secará esas lágrimas
que se derraman por nuestra
incredulidad o por nuestros
errores, pero si hay lágrimas
que derramas en medio de luchas
y quebrantamientos, confiando
en el Señor, Dios a su tiempo
recordará el valor que esas
lágrimas tienen. Saluda al
Rey de Reyes, siente la unción
de Dios y dale gracias por
su Santo Espíritu, porque
la presencia de Dios está
aquí.
Podría
seguir predicando pero no
lo hago más. Cuántos le dicen:
"..Señor, quiero aceptar
tu proceso..", lo
tuvo que aceptar Naamán, la
jovencita, el rey de Israel,
pero los tres fueron exaltados
luego. El rey de Israel debe
haber dicho "..¡Qué
profeta tenemos!.."
aquella jovencita cuando le
llegó la noticia debe haber
sentido una inmensa alegría,
"..¡Dios sanó a mi
señor Naamán!.."
Hermano en esta noche comienza
a saludar la victoria, porque
si nos humillamos y aceptamos
lo procesos de Dios, podemos
estar seguros que él nos dará
la salida. Amén.
Pastor Orlando García
Referencias
bíblicas:
(1) Filipenses 2:1 al 11.
(2) 1ra de Pedro 5: 6. (3)
Isaías 53:11.
(4)
Lucas 14: 27. (5) 2do de Reyes
5:1. (6) San Lucas 4:27. (7)
2do de Reyes 5:2 al 7.
(8)
Proverbios 16:19. (9) 2do
de Reyes 5: 9 y10. (10) 2do
de Reyes 5:11.
(11)
2do de Reyes 5:12 al 17. (12)
Jeremías 29:11. (13) Ezequiel
47:9. (14) Mateo 5:4.
(15)
Isaías 25:8