| La
semilla que da fruto |
| Por
el Pastor Roberto Sórensen |
Un
testimonio de bendición
Una hermana vino a mi en estos
días y me dijo: "..Pastor,
estoy preocupada, tengo un
negocio del cual tenía
mis dudas que fuese la voluntad
del Señor que lo tenga
o no, y le pedí que
si no era de su voluntad que
se funda.." - bueno,
pensé: no sería
nada raro que un negocio se
funda en este tiempo de tanta
depresión - pero lo
raro es que la hermana me
dije que "..cada día
anda mejor, y el cambio fundamental
lo noté (la hermana
es bastante nueva en el camino
del Señor) desde que
empecé a dar mis diezmos
y primicias. Estamos recibiendo
una bendición tras
otra en mi hogar y el negocio
está prosperando.."
"..Va
a tener que cambiar de señal
para saber si el negocio es
voluntad del Señor
o no.." -tuve que decirle
a mi hermana- "..Pues
mientras usted le de a Dios
lo que corresponde, el negocio
no puede hacer otra cosa que
prosperar.."
¡Cuántos
testimonios como éste
habrá! ¡Cuántos
miles! Cuántos millones
en el mundo habrá que
han experimentado la bendición
y prosperidad que viene cuando
uno es fiel al Señor.
Por otra parte, cuántos
creyentes habrá que
andan entristecidos. Sus negocios
no funcionan. No alcanzan
la bendición material.
Siempre andan "raspando
en fondo del tarro",
porque no se han animado a
creer ni a practicar las leyes
de la prosperidad. Ojalá
que cuando termines de leer
estas páginas, haya
nacido la fe en tu corazón,
y la determinación
de poner en práctica
las leyes que Dios ha puesto
a nuestra disposición.
Las bendiciones del
Señor
Qué bueno es aprender
a considerar todo lo que El
nos da. La salud, la vida,
la familia, el tiempo. Estas
son bendiciones del Señor.
También es bueno considerar
que el sueldo que recibimos
es bendición del Señor,
lo ganamos con las fuerzas,
la vida y la salud que El
nos ha dado. Mi negocio es
del Señor, mis oficios
o talentos son del Señor.
Un día yo me entregué
al Señor con todo lo
que era, tenía o sabía.
Por eso todo lo que soy o
tengo es del Señor.
Y cuando aprendo a ver las
cosas de esta forma no voy
a tener problema en devolverle
al Señor el diez por
ciento de lo mucho que me
ha dado.
Es como una semilla que se
siembra en la tierra. No es
semilla tirada, es semilla
sembrada. Pasarán días
o meses quizás, pero
cosecharé en abundancia.
Esta es una ley universal
de Dios. Es necesario un paso
de fe, una demostración
a Dios, un paso de desprendimiento,
diciéndole al Señor:
"..Creo en tus promesas
y en tus palabras, pronto
veré la cosecha.."
Abraham fue un hombre rico,
y también fue amigo
de Dios, pero esta confianza
no le hizo sentirse excluido
de su responsabilidad. No
sabemos dónde aprendió
la ley de la prosperidad,
pero la practicó. Dio
a Melquisedec rey de Salem,
sacerdote del Dios Altísimo,
los diezmos de todo lo que
había ganado. (Génesis
14:20) Y no faltó bendición
en su casa.
¿A quién
darlo?
El diezmo no debemos dárselo
a cualquiera, Moisés
lo enseña claramente.
El diezmo es para el ministerio
de la casa de Jehová
(Números 18:21). Debe
ser llevado y entregado al
ministerio de la Iglesia.
Tu se lo entregas al Señor
y ellos lo reciben de parte
del Señor. No debes
disponer del destino de los
diezmos. Tu lo das al Señor
y de El recibirás la
recompensa. Los ministros
son responsables delante del
Señor del uso correcto
que le den a esta provisión.
Pablo
nos habla de esta participación
con el ministerio, y aún
de la ley de la siembra y
la cosecha en Gálatas
6: 6 y 7, "..El que es
enseñado en la palabra,
haga partícipe de toda
cosa buena al que lo instruye.
y no os engañéis;
Dios no puede ser burlado:
pues todo lo que el hombre
sembrare, eso también
segará.." Muchos
no reciben bendición
porque no dan el diezmo a
quien corresponde. Les cuesta
reconocer un ministerio sobre
ellos. Usan el diezmo a su
criterio, para construcción,
para los pobres, o para distintos
gastos en la obra o relacionados
a la obra. Otros dicen: "..Yo
no doy los diezmos pero colaboro
con esto o aquello..".
No es lo mismo. Usted está
usando su criterio en el uso
de algo que no le pertenece,
y no hay bendición
sobre ello. Usted puede administrar
el noventa por ciento que
Dios le ha dado, puede dar
destino a sus ofrendas, pero
el diezmo debe darlo a su
pastor. El es responsable
delante de Dios de darle el
uso correcto.
Podríamos
recorrer las Escrituras viendo
menciones de esta ley de prosperidad.
Vemos en Malaquías
a un Dios enojado con su pueblo,
tratándolos de ladrones,
porque habían negado
los diezmos a su casa, y aún
asegurando tremendas bendiciones
si lo hacían (Malaquías
3: 8 al 12). Pero lo importante
hermanos, es dar, no por temor
a condenación, ni por
interés, sino entendiendo
que esto es como el amor.
Damos amor, recibimos amor.
Le doy a Dios como demostración
de una vida consagrada y sin
ataduras materiales que me
inhiban. Le doy a Dios como
una demostración de
fe y El no tardará
en volcar todo tipo de bendiciones
sobre nuestras vidas, familias,
empleos y negocios.
Problemas
en darlo
Como pastor he observado que
hay hermanos que tienen pequeños
negocios, sin una buena contabilidad,
o hermanos que trabajan por
cuenta propia, y que les ha
sido muchas veces dificultoso
cumplir con su diezmo, y me
han expresado así:
"..Nunca puedo llegar
a juntar el dinero para el
diezmo.." Claro, estos
hermanos generalmente han
gastado diariamente el dinero
que van ganando. Por eso es
que nunca logran "juntar"
el dinero para el diezmo.
A esos hermanos les digo:
el diezmo no hay que "juntarlo"
sino hay que "apartarlo"
(Génesis 28:22). No
espere tener la cantidad que
usted considera que es el
diezmo correspondiente a lo
que ha percibido en el mes,
porque nunca lo hará.
Cada día, o cada vez
que recibe dinero, separe
de lo que usted considere
que es ganancia, el diez por
ciento. Póngalo en
un sobre aparte o alcancía
o "chanchito" y
no deje pasar el fin de semana
sin llevarlo a la iglesia,
así evitará
el ser tentado.
Hay
una tremenda bendición
en la constancia y fidelidad
en esta ley de prosperidad.
No es que hoy y mañana
sea celoso en dar y hable
a los demás y después
se olvidó del asunto.
Así andará de
frustración en derrota.
Es como todas las cuestiones
referentes a la salvación,
no es que hoy sea santo y
mañana me revuelque
en el pecado, porque la santidad
de hoy de nada me servirá.
Tampoco si hoy le doy a Dios,
pero mañana le robo
podré esperar bendición.
El
enemigo que quiere vernos
pobres y necesitados, y aún
alejados de la perfecta voluntad
de Dios, tratará por
todos los medios de separarnos
de esta bendición.
Quiere enseñarnos en
el camino de la mezquindad,
mostrándonos muchos
lugares donde haría
falta ese dinero. ¡Cuidado
con esas palabras! Nos alejan
de la bendición de
Dios.
Recuerdo
una historia que mi padre
me contó. El viajaba
por Chiloé, zona papera
y los hermanos del campo se
quejaban porque la papa les
salía muy chiquita.
¡Qué feas son
las papas chiquitas! El les
preguntó qué
semilla sembraban, y ellos
respondieron: -Usamos de semilla
las papas más chiquitas,
que no sirven para comer.
"..Bueno, allí
esta la clave.." -les
dijo mi papá- "..Si
usan las papas más
chiquitas, las que no sirven
para comer, las papas van
a salir cada vez más
chicas. Cambien de mentalidad
, siembren abundante, siembren
lo mejor, y el campo les devolverá
con creces lo que han sembrado.."
Esta
ley se aplica a lo espiritual
también. Caín
y Abel trajeron ofrenda. No
dice la Biblia que Caín
trajera lo mejor, lo escogido
o abundante. Pero de Abel
sí, lo escogido y gordo,
lo mejor de las ovejas ofreció
a Dios. ¿El resultado?
Dios miró con agrado
la ofrenda de Abel, pero no
la de Caín. Hermanos
el secreto es dar con alegría.
Es sembrar generosamente.
Es dar lo mejor al Señor,
entendiendo que El es nuestro
Rey y se merece lo mejor.
¡Siembre abundantemente
y el cielo le devolverá
con creces! Mi padre tenía
un dicho que yo he comprobado
en mi persona. "..Dios
paga bien, El no queda en
deuda con nadie.."
Concluyo
este pensamiento con el pasaje
de 2º Corintios 9:6 y
7, "..Por esto digo:
El que siembra escasamente,
también segará
escasamente; y el que siembra
generosamente, generosamente
también segará.
Cada uno de cómo propuso
en su corazón: no con
tristeza, ni por necesidad,
porque Dios ama al dador alegre.."
Por el Pastor Roberto Sórensen
Tomado
de la Revista "Hoy"