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La Multiforme Gracia de Dios

Pastor Roberto Sórensen

Hace varios meses que me golpean con fuerza las palabras del apóstol Pedro en su primer epístola: Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. 1P. 4:10

Podríamos ver cuatro definiciones fundamentales en estas palabras:

- Todos hemos sido dotados de algún don.

- Es para ministrarlo, compartirlo, ejercerlo.

- Somos simples administradores, no somos dueños.

- La gracia de Dios se manifiesta de muchas formas.   

Quiero centrarme el la última expresión: La multiforme gracia de Dios. 

Dios es especialista en no repetir las cosas. Nosotros somos repetitivos, si algo funciona lo repetimos, así funcionan las fábricas, se hacen las cosas en serie, todas iguales. También tendemos a encariñarnos con un modelo y hasta pensar que ninguno puede ser tan bueno como el nuestro.

Dios no obra así. Dios es inédito. El pastor Samuel Sórensen solía decir: Dios hace las cosas y tira el molde. La diversidad de Dios la vemos en toda la creación: No hay dos personas iguales. Un mismo padre y una misma madre tienen diez hijos, y serán todos diferentes. De alguna forma los genes se combinan para lograr personas diferentes. Se dice que no hay dos copos de nieve iguales. No hay huellas digitales iguales.

Cuando el apóstol Pedro nos habla de la multiforme gracia de Dios, nos está diciendo que Dios  va a hacer que Su Gracia se manifieste de múltiples formas, quiere decir que tenemos que estar preparados para ver a Dios actuar, obrar y aun manifestarse de maneras que ni pensamos y a veces ni entendemos. El pastor Celcio Contreras solía decir que muchos avivamientos eran rechazados por la gente que había vivido el avivamiento precedente, porque las personas o la manera en que se manifestaba, no era la “forma” que ellos conocían.

A veces nuestro problema es con las personas, porque Dios le da sus dones y ministerios a personas, que pueden ser de mucha bendición al cuerpo de Cristo, pero precisamente esa persona no nos simpatiza, o no piensa exactamente como nosotros, o el énfasis de su ministerio difiere del mío, por lo tanto lo rechazo.

Ahora, que bueno es entender y aceptar la diversidad. Saber que con la diversidad nos enriquecemos. Los que por años hemos frecuentado las convenciones y disfrutado de muchos y diversos ministerios, algunos de la “familia” y otros “amigos de la familia”, ¡Cuanta bendición hemos recibido de cada uno de ellos! Como alguien dijo: “Somos el resultado del aporte de muchos ministerios”. Cada uno aportó, conforme a la gracia que le había sido dada, lo mejor de si, y fuimos edificados. Como dijera el apóstol Pedro al paralítico: Lo que tengo te doy.

Esta familia conoció esta verdad desde sus comienzos. En la carta constitutiva ya está destacado como parte de la visión: “Ser participe de todos los ministerios y dones buscando su operación bíblica”, esto marcó con fuego los primeros años. Nuestros padres fueron abiertos al mover de Dios y al aporte que hombres de Dios podían hacer a esta familia que nacía. También fueron abiertos en compartir con otros la fe y la visión.

Es cierto que no siempre se puede estar de acuerdo en todo. Los apóstoles Pedro y Pablo no estaban muy de acuerdo en algunas cosas. Pablo lo criticó a Pedro por hacerles demasiado caso a los judíos y Pedro le dijo que sus escritos eran difíciles de entender, pero a pesar de sus diferencias, cada uno hizo un aporte invalorable en la construcción de la iglesia. La aceptación de un ministerio no es porque me simpatiza la persona, porque nos llevamos bien, o porque estamos de perfecto acuerdo en todo, sino por lo de Dios que tiene esa persona y que debo aprovechar. Pablo dijo: Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros. 2Co.4:7

Mi gran oración para este tiempo es que pudiera haber una revalorización de los ministerios y dones que hay entre nosotros. Que pudiera valorar lo que Dios me ha dado, pero a la vez valorar lo que Dios le dio a mi consiervo. Que aunque sus dones sean diferentes a mi gusto, no los discrimine, sino por el contrario, los pueda ver como un maravilloso aporte al conjunto. Que no tengamos que elegir: este si, aquel no. Que no haya descalificaciones absurdas de compañeros que están dando su vida por esta causa, caminando en santidad y muchos de ellos con hermosos resultados en sus ministerios que los respaldan.

Que Dios nos dé el equilibrio justo para saber cuanto abrirnos a los ministerios que él ha dado a su cuerpo, la iglesia, en este tiempo. Y la madurez necesaria para recibir  la ministración, la gracia, la unción, la fe, etc. sin movernos ni un ápice de la visión y fundamentos que nos ha dado como familia. Y aun a ser capaces de compartir con otros estas riquezas, como nuestros padres nos enseñaron. Firmes donde estamos plantados, pero abiertos al cuerpo de Cristo.

Dios ha llamado a esta familia a ser una bendición. Somos hijos de una simiente de fe y consagración, de pasión por los perdidos. Nuestros padres pertenecieron a una estirpe heroica que ofrendó sus vidas sin reservas, con humildad y coraje para ver esta patria y mundo convertidos. Se dieron la diestra de compañía para marchar juntos este camino de fe, pero sin crear “distingos en el cuerpo del Señor”. Seamos dignos herederos de una visión tan noble. Que nuestras mezquindades no nos traicionen, y que podamos correr con paciencia la carrera que tenemos delante, unidos en él y enriqueciéndonos con su multiforme gracia.

Roberto Sorensen

14 de Septiembre de 2007

 


 
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