Noticias
Libro de Visitas
Radio MCYM
Cómo llegar
 
 
". . Somos la expresión de Jesús"
Compartimos el testimonio de Cellia Gallia, quién nos contó de su trabajo misionero en Brasil, de su experiencia en el Amazonas con los aborígenes caboclos y mastanaguas y de su visión misionera por el norte de Africa.
Celia y su amiguita Vanessa García

Celia Gallia celinha_gallia@hotmail.com es otra santiagueña, de los tantos que –en este último tiempo- han salido con llamado misionero a las naciones de América y el mundo. Realizó su formación espiritual y ministerial junto a los pastores Ester y Samuel Laborde, como discípula a tiempo completo en la iglesia de La Banda. (Una iglesia misionera como pocas). Durante esos años, atendió anexos, escuelas bíblicas y evangelizó en diferentes barrios de dicha ciudad.

Por otra parte, durante tres años predicó el evangelio en la Penitenciaría de Santiago del Estero, y por espacio de dos años llevó adelante la misión evangélica en el pueblo de Arraga, de esa Provincia. En el año 1996, y luego de ocho años de discipulado, llegó el momento de partir rumbo a Brasil, la tierra de su llamamiento, donde predicó incesantemente el evangelio y colaboró durante siete años con diferentes iglesias del Movimiento. En 2004, cumplió su sueño de llegar al Amazonas, experiencia que nos compartió en una reunión de la iglesia de Banfield, la cual documentamos a continuación, y que ha sido redactada en primera persona.

Testimonio de Cellia Gallia:

Un llamamiento a Brasil

Para mi es un privilegio hablar de Jesús, ante ustedes, en la calle, en otros países, donde fuera que Dios me permita. Es un privilegio hablar de este Señor que me amó, y que me ama como nadie. Es un privilegio saber que Dios ha pensado en mi, y que me llamó para servirle, y yo le dije: "..Heme aquí Señor, quiero estar en tu viña trabajando.." Dios me permitió hacer el discipulado y puso un llamado muy fuerte en mi corazón por otras naciones, especialmente Brasil. Tenía en mi corazón, y oraba al Señor, "..creo que es tu sueño Señor, yo voy a llegar a Brasil.." y Dios me lo concedió. Estuve sirviendo al Señor siete años en Brasil. Fueron años preciosos donde crecí espiritualmente, donde Dios me siguió enseñando, y especialmente este último año, porque estuve en un lugar que tenía en mi corazón. Dios me abrió las puertas en el Amazonas.

El Amazonas es un lugar muy necesitado, es un "océano verde". Y yo estaba en un lugar que se llama Humaitá, a la orilla de uno de los afluentes del Amazonas. Sabe que el Amazonas corta todo el continente, es de océano a océano, y es un río que tiene muchísimos brazos, y a la orilla de esos brazos vive mucha gente, sin contar las tribus que están en la profundidad del Amazonas. Y para cumplir este sueño hice contacto con una organización que es interdenominacional, porque para poder llegar a esa gente que vive a la orilla del río, uno precisa un medio para poder movilizarse en el agua. Es la única forma de llegar. En Humaitá comienza la "traza amazónica", o sea que hay un camino que cruza el Amazonas, pero no siempre se lo puede transitar, especialmente cuando es el tiempo de lluvia. Los seis meses de invierno en el Amazonas son de mucho calor y lluvia, y los caminos se vuelven intransitables, entonces, el agua es lo mejor.

Llevando el evangelio a los "caboclos"

Sabe que me sentía como el apóstol Pablo cuando cruzaba el mar en sus viajes misioneros. Ahora yo estaba en un barco con motor, un poco más moderno, pero estaba muy emocionada, por sentir de alguna manera lo que sentían esos hombres que atravesaban los mares para llegar a otras naciones con el mismo evangelio que yo estaba llevando. ¡Me sentía privilegiada! y podía sentirme un poco como ellos. Este ministerio tiene un barco hospital, de tres pisos, y toda la parte de abajo está acondicionada con un laboratorio, con salas para los médicos, para los odontólogos, etc. Y ese viaje iba lleno de profesionales que donan su tiempo para trabajar junto a los misioneros, porque hay muchísima necesidad sanitaria, y entre ellos viajó un mecánico dental. Así que los "caboclos", (porque así se llaman los que viven a las orillas de los ríos), llegaban sin dentaduras y salían todos con dentadura y sonrisa nueva.

Los "caboclos" son mestizos. Son indígenas cruzados con blancos, y viven a la orilla de los brazos del Amazonas en forma muy precaria. Se alimentan con pescado y harina de una raíz como la batata que se llama mandioca, y que también venden. Yo veía toda esa necesidad, y pensaba que estaba viajando solo por un río, pero había muchos más, y en todos los lugares gente, y decía: "..¡Cuánta necesidad Señor! ¡Cuánta necesidad que se levanten obreros!.." Podía escuchar la voz de Jesús, pidiendo "..¡Oren al Señor de la mies!.." para que muchos puedan decir: SI al llamamiento, decir SI SEÑOR, ESTOY AQUÍ PARA SERVIRTE, decir: SI SEÑOR, CUMPLE TU PROPOSITO EN MI. Es tan precioso estar en la voluntad de Dios. Por eso le digo que me siento privilegiada que Dios me permita ser su voz, porque nosotros somos su expresión aquí en la tierra.

Esos viajes los hacíamos de varios días, recorriendo comunidad por comunidad, y trabajábamos no solo en la parte espiritual, (teníamos reuniones con ellos), sino también en la parte social. Se llevaba ropa, los médicos trabajaban muchísimo, y las misioneras hacíamos una encuesta para poder ayudar a los médicos a saber la necesidad que había. También se hacían viajes por muchos días para llegar a comunidades más lejanas. Yo viajaba los fines de semana desde Humaitá, hasta una comunidad cercana, (a una hora de viaje en barco), en un barquito chiquito que se llamaba "Sembrador". Viajaba con un pastor "caboclo", porque ya han sido formados muchos nativos del lugar, que se han convertido, hoy son pastores y son ellos los que llevan la palabra. Muchos ya levantaron sus iglesias.

Somos la expresión de Jesús

Recuerdo que en uno de esos viajes lloré mucho y mi corazón fue quebrantado porque no podíamos subir a una de las comunidades que se llama "El Bahiano". Había llovido mucho, y teníamos que subir un barranco para llegar donde ellos estaban, y no se podía porque era tiempo de lluvia y estaba muy resbaloso. ¿Sabe que pasó? ¡Vinieron ellos! A la noche, en medio de la oscuridad, llegaban todos en sus barquitos, en sus canoas, los chiquitos, los padres, las madres. ¡Cómo alababan al Señor! ¡Con que alegría! Nosotros, los del barco, nos teníamos que sacar el sombrero ante ellos, porque no tienen nada, son totalmente carentes, pero lo tienen a Jesús, y han tenido un verdadero encuentro con El, que nos inspiraba. Nosotros tenemos todo y a veces somos tan perezosos para reunirnos, para ofrecer culto a nuestro Dios, que es tan grande y tan bueno. Pero ellos atravesaban la noche y el peligro del río porque hay muchos yacarés. De día usted no los ve, pero de noche se ven un montón de ojitos alrededor del barco. Ellos enfrentaban el peligro, no les importaba con tal de llegar, de reunirse con sus hermanos, y de escuchar una palabra de Dios. ¡Eso era tremendamente inspirador! Ese día mi corazón se quebró, y pude decir: "..Gracias Señor, porque podemos ser tu expresión.."

Cuando Jesús estaba en un cuerpo como nosotros, el llegaba con sus pies a la necesidad, imponía sus manos ante la necesidad, decía la palabra ante la necesidad, oía y atendía a los necesitados cuando gritaban desesperados: "..Jesús ¡ten misericordia de mí!.." ¿Se acuerda? Con ese cuerpo, él se trasladaba y hacía la obra de Dios en la tierra. Pero cuando se fue, mandó su Espíritu Santo, y ahora su cuerpo somos nosotros. El no tiene otra forma de expresarse aquí en la tierra que no sea a través de nosotros. Somos sus ojos, sus pies, sus manos, y somos el cuerpo que Dios usa y quiere usar como nunca en esta tierra. El quiere usar a su cuerpo para seguir haciendo sus obras. Ese es un gran privilegio. ¡No lo desperdicie! Dios ha usado hombres y mujeres, y los ha llamado específicamente para ir a otras naciones, pero toda la iglesia es misionera. Todos tenemos un propósito en Dios. Todos tenemos una misión que es predicar el evangelio a toda criatura. Y Dios quiere usarlos. Cuando en una oportunidad viajaba en "El Sembrador" a la comunidad "Paraíso", me acuerdo que me sentía realmente una expresión de Jesús. Yo pensaba, "..Jesús, vos también subías a pequeños barquitos, para hablar este evangelio glorioso que transforma, y hoy me das la oportunidad de llegar a estas personas y expresarles tu amor. Vos te estás expresando a través mío.."

Sabe que eso es parte del sueño de Dios. Todo lo que he vivido y a los lugares donde Dios me ha permitido llegar, es parte de su sueño. Dios tiene todavía mucho más, porque el Señor dice: "..hasta lo último de la tierra.." Yo le he dicho: "..hasta lo último de la tierra Señor, no te pongo límites, quiero seguir siendo tu expresión.." Hay tanta gente que necesita, y Dios quiere que soñemos, y que pensemos en grande, porque nuestro Dios es un soñador, nuestro Dios es Grande, y si nosotros no le ponemos límites, vamos a ver la mano de Dios de una forma espectacular, grandiosa, porque nuestro Dios es tremendo.

Llevando el evangelio a los mastanaguas

Volví del Amazonas muy bendecida, y no solo estuve en Humaitá. Dios me permitió estar con un grupo de misioneros de J.U.C.U.M, que están en Rondonia y que además de trabajar con los caboclos, trabajan con los indígenas. Y Dios me ha permitido, por una invitación del director de J.U.C.U.M, estar una semana con ellos, y ver el trabajo que realizan con los indios. Llegan directamente a las tribus, y hacen un trabajo muy bueno. Estos días recibí un e-mail de una de las indígenas que trabajan con los indios Mastanaguas, (una tribu que está entre Brasil y Perú), y me contó que en su último viaje les entregaron traducido el libro de Marcos a la lengua Mastanagua. Los traductores de la Biblia son de origen americano, y viajan a las tribus sólo para estudiar el idioma y así poder traducir la Biblia a la lengua nativa, enfrentando los mismos peligros que cualquier misionero, porque trabajar con los indígenas todavía no es fácil. Ha ocurrido en algunos casos que algunos misioneros fueron perseguidos hasta con amenazas de muerte.

La visión misionera para el norte de Africa

Entonces, el trabajo en Amazonas es riquísimo y con mucha necesidad, y se que en algún momento voy a volver. Tengo un proyecto en ese lugar pero todavía no es el tiempo, no tengo la estructura. Pero se que el Señor, algún día me va permitir volver. Regresé a Argentina con la idea de volver pronto a Amazonas, vine por un tiempo, y comencé los trámites de mi ciudadanía europea, pensando llegar en algún momento a España, aunque mi llamamiento no es España sino Africa, pero España es la puerta para llegar allí. Yo pensaba que esto sería más adelante, pero el Señor literalmente me cerró las puertas de Amazonas, y me hizo entender que es el tiempo de Europa y Africa. Mi deseo es trabajar con los pueblos no alcanzados del norte de Africa. Se que Dios me dará la forma y el momento de llegar a ese lugar, así que me encomiendo a sus oraciones. Para mi es muy importante. Una de las cosas que más valoro es la oración del pueblo de Dios. Se que muchas veces he tenido fuerzas, y he podido enfrentar muchas cosas porque alguien ha levantado mis brazos. Así que agradezco a todos los que oran por los misioneros, porque es muy importante. Las misiones se hacen con los pies de los que van, pero también con las rodillas de los que quedan. Entonces, peleamos juntos en esta, nadie es independiente, yo necesito de ustedes mis hermanos.

Es tan lindo que el Señor permita esta oportunidad para que me conozcan, y sepan que hay alguien que es parte de ustedes que esta allá afuera peleando la buena batalla y ustedes van a estar en la retaguardia, levantando mis brazos. Hermanos, es un privilegio servir al Señor. Yo no lo cambiaría por nada, y no porque no haya pasado momentos difíciles. He pasado momentos muy difíciles, y lo que me ayudó en esos momentos es la adoración. Muchas veces no he entendido lo que estaba pasando, pero le he dicho, "..Padre, no entiendo, pero te adoro, porque se que eres rey, y todavía sigues reinando.." y el Señor siempre ha movido su mano a mi favor; y siempre ha producido lo que ha querido a través de esa circunstancia. Hoy no sería lo que soy, si no hubiera transitado ese camino, y pasado por las cosas que he pasado. Así que, no reniegue por los momentos difíciles. Diga, "..Gracias, Señor ¿Que querrás hacer con esto en mi vida?.." Sin duda, el va a formar cosas nuevas, y aunque el diablo se levantó para destruirme, lo único que consiguió es que me apoye más en los brazos eternos de Dios, y reciba su fortaleza, y crezca un poco más, y lo pise un poco más, porque está vencido en el nombre de Jesús. ¡Amén! Entonces, oren por mí, y agradezco a los hermanos que han permitido esta oportunidad de compartir lo que Dios ha hecho en mi vida, con mi vida y a través de mi vida, creyendo que Dios hará mucho más todavía, porque lo mejor está por venir. Dios les bendiga.

Nota de la redacción: En este tiempo, Cellia está haciendo los trámites para viajar a Europa, y de allí, partir al norte de Africa, a cumplir con su llamamiento.

Lidia y Daniel García mcym@sigueme.net